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Guillermo Deloya Cobián
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Augurium

 

 

Mi estimado Mario Alberto, no es un adiós de la columna sino un hasta luego.
Un fuerte Abrazo.

 

Inicio con una despedida temporal para la columna Urbanidades. La reflexión

sobre la cotidianeidad política y social es de suyo una oportunidad para
mantenerse bien informado en torno de los acontecimientos y las reflexiones
que éstos conllevan; pero realizar esa reflexión en un medio de comunicación
importante como es este caso, resulta una oportunidad mayúscula. Agradezco a
los pocos o muchos lectores que esta columna periódica haya podido acumular,
pero también reconozco a los directivos de Diario Cambio y
laquintacolumna.com, la oportunidad que me dieron para sostener este
ejercicio y mantenerme en forma por varios años. Debo decir que la
comprensión de mis lectores fue siempre un aliento y que la libertad de
expresión  una divisa de los editores; lectores y editores resultaron dos
pilares de este esfuerzo. A Mario Alberto, reconocimiento y admiración sin
miramientos es lo único que merece, gracias buen amigo.
 
Me ocuparé en tareas que, como todo en el sector público, serán
transitorias, pero que a la larga podrían resultar igualmente formativas. En
el  corto plazo he considerado que podrían ser excluyentes o generar
conflictos de interés profesional. Decido por la responsabilidad, el respeto
y la mesura.
 
He tenido oportunidad de reciclarme varias veces en la vida: desde ejercer
la profesión en el mundo litigante, pasando por la gestión jurídica de
instituciones públicas financieras y de la judicatura nacional, hasta
competir por un espacio en la investigación y en la docencia del mundo
académico, donde logré escalar los grados que otorgan las instituciones de
educación superior. El mundo de la escritura me permitió publicar un libro y
en esta tribuna escribir algunas decenas de artículos. Las circunstancias y
la buena estrella me han permitido ejercer a plenitud los oficios de
litigante, académico y escribano. De manera absoluta afirmo que, en esta
última ocupación es en donde mayores satisfacciones he recibido. Gracias a
los colegas de medios de comunicación.
 
Dice el lugar común que los cambios siempre son buenos, aunque otros dichos
con insistencia puedan con frecuencia apuntar lo contrario por lo sinuoso
del momento. Lo generalmente aceptable es que un cambio significa retos, y
desde luego expectativas, yo diría que son oportunidades para renovarse o
para reciclarse. Dejo ahora este importante medio de comunicación, y eso es
quitarse la oportunidad de una reflexión pública sobre temas de interés
general, porque tengo ante mí la invitación para trabajar cerca de las
decisiones del gobierno del estado, en un puesto de alta responsabilidad.
 
Después de poco más de una década regreso formalmente al estado del cual
nunca me aparté, a la Puebla que mi padre me enseñara a identificar como la
tierra de mis amores. Estoy decidido a concentrarme en ese encargo, ser
eficiente y corresponder a esta  oportunidad que significa la ocasión para
servir a mis paisanos poblanos y para conocer más y mejor mi estado.
Participar en el gobierno es una oportunidad de desarrollo profesional, pero
también lo es porque significa la posibilidad de reencontrarme con valores
que tienen que ver con la identidad propia y la  cultura, así como con la
posibilidad de contribuir a desatar potencialidades y localizar
oportunidades para continuar el desarrollo de nuestro estado.
 
Ocupar cualquier espacio en la administración pública, es una
responsabilidad seria para quien lo asume, o por lo menos esa ha sido la
convicción a lo largo de mi carrera en el sector  público. Si la oportunidad
se presenta en mi estado, creo indispensable someterme al rigor del trabajo
y a circunscribirme al compromiso que esto entraña. Dejo para otra
oportunidad mi interés en colaborar con los medios, porque mantengo mi
convicción de que éstos son un factor cada vez más importante en las
sociedades contemporáneas y en su relación con los gobiernos.
 
Hemos visto en la actualidad cómo la opinión pública se ha vuelto un factor
decisivo del pensamiento en la sociedad. Sé cuánto esfuerzo implica el
ejercicio de soledad que es sentarse ante la computadora para transmitir en
líneas las reflexiones que muchos adoptarán como eje de pensamiento y como
factor de generación de crítica y criterio. En la perspectiva del sector
público, Puebla transita en un eje de opinión pública que va desde la
crítica ácida hasta el apego incondicional. Este ir y venir, considero que a
fin de cuentas es lo que enriquece el intercambio entre sociedad y gobierno,
entre ciudadanos y gobernantes.
 
Muchas han sido las voces que han llamado a la renovación y a la frescura en
el sector público. En ese ánimo arribo a mi estado para tratar de dar
constancia que políticos de tres décadas de edad tienen la armadura
suficiente para defender con decoro la delicada labor que implica el servir
a la ciudadanía desde el frente del gobierno.
 
Llego a Puebla para servir a mi estado, para dejar mi esfuerzo a favor de
quienes identifico como semejantes, a favor de quienes me debo y para
quienes no seré más que un trabajador a su servicio.
 
Más que una despedida lapidaria y concluyente, es un hasta pronto. Agradezco
la generosidad de los lectores y el respeto de los editores; a todos mi
reconocimiento. Pido, de paso por la ocasión, su tolerancia para poder
utilizar una expresión latina de despedida, “augurium” (de donde deriva agur o
abur),  porque quiero usarla en su acepción más española y agradecer con
ella también a mis amigos y a todos mis seres queridos por sus sinceros
buenos augurios.

 

 

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