Tan sólo un mes
Come fútbol. Bebe fútbol. Vive fútbol. Así será nuestra vida para después del 8 de junio. El espectro político, las campañas y sus actores se difuminarán para darle paso a un balón y 22 hombres que se juegan el orgullo nacional. Un interregno de tiempo perdido. Pero con una paradoja: al mismo tiempo que observamos los partidos, el reloj del país seguirá avanzando sin detenerse, y el 2 de julio elegiremos Presidente, diputados y senadores. Ahí nos alcanzará el tiempo recobrado. Y al final de la enajenación, el fantasma de la incertidumbre, la inestabilidad y de la judicialización del proceso electoral pueden recibirnos a la fría realidad.
Para abandonarse a la falsa ilusión del disfrute futbolero, la mayoría de los mexicanos decidirán antes del 8 de junio los candidatos por los habrán de votar. Los estudios calculan que para la última semana de junio, el 80 por ciento del electorado ya tendrá definido su voto. Para el restante 20 por ciento, los candidatos y sus partidos tendrán que moverse al espacio virtual de la cancha: candidato que no se anuncie en el Mundial, dejará de existir. Así de simple. Las televisoras nuevamente se harán de contratos millonarios y entre partido y partido, en la pantalla aparecerán Madrazo, Calderón y López Obrador. Y por supuesto que ellos mismos, los candidatos, querrán capitalizar los posibles éxitos del equipo nacional: felicitaciones y entrevistas con el equipo y los goleadores. ¿Y en caso de derrotas? Sólo quedará la orfandad.
Un mes para la elección. Tan sólo treinta días nos quedan. El suplicio ya lo hemos soportado por cuatro meses y medio. Hay poco para recordar. Ningún planteamiento positivo y cero discusiones de los problemas reales y urgentes del país. Si fuera película, la campaña podría titularse “difamaciones, mentiras y videos”. La guerra sucia de spots ha sido el único episodio medianamente rescatable, aunque es triste que un candidato, ante la imposibilidad de convencer por el ser mejor, decida mostrar que el otro es peor. Vaya fiasco. “Un peligro para México”. A esta altura, los tres aspirantes lo son.
Somos el país de la coyuntura: apenas alcanzamos a avanzar el día a día. Los árboles nos impiden ver el bosque. Por eso las encuestas tienen tanto éxito entre nosotros. Los únicos momentos de verdadera expectativa es la aparición de los modernos oráculos. Cada mes, esperamos la verdad revelada que aparece en Milenio, El Universal, Reforma y Consulta Mitofsky. Que si AMLO bajó, Felipe subió y Roberto se hundió.
Un mes para la elección y los sondeos nos indican lo mismo que desde el año pasado. Sin sorpresas. El resultado será cerrado. Cerradísimo. La disputa será entre López Obrador y Calderón. La final será de fotografía. Por una nariz. Madrazo le apuesta todavía al músculo de la estructura. Es su clavo ardiente y su esperanza. Todo indica que será derrotado, aunque no descenderá del escenario: legitimará al ganador de la contienda y cobrará una amplia factura. El PRI, por su cobertura nacional, mantendrá bancadas importantes en el Congreso y seguirá siendo una fuerza política básica para alcanzar consensos en el futuro.
Un mes para la elección y nadie se siente capaz de predecir quién ganará. Ni siquiera nos atrevemos a especular sobre lo que ocurrirá la misma noche de la jornada electoral. ¿Quién dará el resultado? ¿El patético y cuestionado Luis Carlos Ugalde? ¿Qué pasará si la diferencia es menor al uno o dos por ciento? ¿Quién se irá a dormir tranquilo esa noche? ¿Y como actuará Vicente Fox? ¿Cómo estadista o como jefe de la campaña calderonista? ¿Rozará las alturas de Zedillo? ¿Aceptará el triunfo de López Obrador, después de vomitarlo durante años? Por cierto ¿y si pierde Amlo? ¿Descalificará a todos a diestra y siniestra? ¿Nos levantaremos el tres de julio con una marcha? ¿Con un escenario de inestabilidad económica? ¿Quién será capaz de frenar la lucha por el poder y poner un alto a las ambiciones desmedidas? Parece que no queda nadie con autoridad moral suficiente. La guerra sucia barrió con la credibilidad de todos.
Un mes para la elección, pero una semana para evadirnos en el mundo de los Ronaldinhos, Messis y Ballacks. Para hundirnos en el sopor de los Márquez, los Fonseca y los Borgetti. Entre la elección y la evasión se alza el momento decisivo: el debate del 6 de junio, para el que los candidatos ya velan armas. De lo que ocurra ahí, así como de su repercusión en los medios de comunicación, el resto de los mexicanos indecisos tomará hará su elección. Aunque la pregunta central del 2 dejulio será la misma que la de hace tres años: ¿vale la pena arriesgarse por López Obrador? Como dirían los clásicos, de eso se trata esta elección, así como hace seis años la pregunta central fue si valía la pena arriesgarse por el cambio. Y después del debate, a disfrutar del Mundial. Que vayan enfriando las cervezas.
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