Óscar De Lassé en Puebla
Así como lo oye. Él, junto con una gran oficina de inteligencia que ya montó en Puebla, trabajará como asesor de Enrique Doger Guerrero.
Óscar de Lassé es un genio en la inteligencia y contrainteligencia en México. Durante mucho tiempo vendió sus servicios a Manuel Bartlett.
Así que algunos lo llamaban “El terrible” por sus oficios.
Otros, casi todos, le temen.
Es interesante saber que los marinistas intentaron contratarlo, pero por alguna extraña razón De Lassé no quiso involucrarse con ellos y venderle sus servicios al mandatario estatal, pues aunque no trabajaron juntos, cuando Marín era secretario de Gobernación, De Lassé trabajó directamente con Bartlett, y por obvias razones estuvieron en contacto De Lassé y Marín.
El Gobierno del estado prefirió quedarse con Alfonso González “El Gussy” y con sus policías chiapanecos quienes han intentado espiar la administración municipal.
Hay que decir, a favor de De Lassé, que éste no es un espía o un orejita, como acostumbra el Gobierno del estado, sino uno de esos personajes que sabe para qué sirve el tema de la Inteligencia y la Seguridad Nacional.
Los excesos de Pérez Salazar
El Gobierno del estado mandó avisar a sus trabajadores de primer y segundo nivel que no habrá bono de fin de año, y todo gracias a Gerardo Pérez Salazar —eso también lo mandó avisar— porque el secretario de Finanzas gastó millones y millones de pesos en la remodelación de sus oficinas ubicadas en el segundo piso del recinto que alberga esa dependencia.
Un primer reporte señala que el gasto de la remodelación es de casi seis y medio millones de pesos. No obstante, un segundo reporte establece que ya son casi ocho y medio millones de pesos lo que ha gastado en su recibidor y su oficina privada.
Es de llamar la atención la incongruencia y el doble lenguaje que utiliza el funcionario estatal, pues si bien él se queja de los recortes presupuestales de la federación y defiende la economía estatal, es ridículo que embellezca su oficina.
Ésos son gastos superfluos que demuestran su doble lenguaje, al grado de llegar a las mentiras.
El año pasado a los trabajadores del Gobierno no se les dio nada de dinero, y ellos se molestaron con la administración estatal porque desde los tiempos de Guillermo Jiménez Morales el famoso bono de fin de año llegaba sin excusa ni pretexto. Piña Olaya lo entregó de manera discrecional. Manuel Bartlett en ese tema, comentan, fue espléndido, y Melquiades Morales lo entregó a todos, durante los primeros cuatro años de su administración. El último año entregó un bono de retiro sólo a unos cuantos, pero también fue espléndido, pues hubo quien recibió hasta 600 mil pesos.
Mario Marín en su primer año no lo entregó y, en cambio, mandó de regalos arcones bastante, bastante paupérrimos; es decir, no pasó de una despensa, unas botellas de Bacardí y un brandy Magno. Uno de esos arcones que se compran en cualquier Wall-Mart para salir del paso, y que bien sirven para conquistar a cualquier líder seccional del PRI.
Ahora, gracias a la remodelación de las oficinas de Pérez Salazar, no habrá bono de fin de año.
Incluso comentan que el gobernador ya regañó a Pérez Salazar por remodelar su oficina con recursos del erario, y que el propio gobernador mandó a detener la obra.
¿Ya pa’ qué?, preguntará al unísono el respetable, pues ya casi está terminado el palacete de Pérez Salazar.
¿En qué se pudo invertir ese dinero en lugar de las oficinas del funcionario? Esa pregunta no es difícil de responder porque en Puebla hay muchas carencias. Sólo la entidad sigue en el séptimo lugar de marginación a nivel nacional, y los municipios de Camocuautla, Chichiquila y Eloxochitlán continúan en los primeros lugares de pobreza en el país.
Pérez Salazar lo único que sabe de pobreza es la de sus nanas y de sus criadas, el único campo que conoce es el de golf y la única tierra que ubica es la de sus uñas.
Si es cierto que el gobernador Mario Marín dijo en su discurso al llegar al poder que combatiría la corrupción y los dispendios de sus funcionarios, sería bueno que hiciera algo respecto a lo que ocurre en esa dependencia. Si no, esa frase sería una de las tantas mentiras del gobernador. Pero mientras son peras y son manzanas, Pérez Salazar seguirá disfrutando de sus oficinas remodeladas y todo con gasto al erario, y seguirá quejándose de que no hay dinero para pagarles a los maestros, para las nóminas, para los aguinaldos; que habrá recorte de personal y demás.
Javier Lozano, cómplice de un fraude transexenal
El jueves pasado en Casa Lam, Miguel Badillo, director de la revista Contralínea, presentó su libro ISOSA fraude transexenal a la nación editado por Grijalbo. A dicha presentación acudieron Humberto Musacchio y Miguel Ángel Granados Chapa. Se trae esto a colación porque en el libro se presenta al poblano Javier Lozano Alarcón —próximo secretario del Trabajo— como cómplice en el tema del fraude cometido por la empresa Integradora de Servicios Operativos S.A. (ISOSA), la cual con el Fideicomiso Aduanas 1 desfalcó a la nación con 30 mil millones de pesos.
El propio Granados Chapa en la presentación del libro lo calificó como cómplice.
Pero para ser claros ahí va un poco la historia de por qué Alarcón es cómplice de este desfalco del que se han beneficiado, principalmente, Vicente Fox y los jóvenes Bibriesca Sahagún.
Dos fideicomisos: Aduanas 1 y Aduanas 2 recibieron más de 10 mil millones de pesos, a través del impuesto Derecho de Trámite Aduanero (DTA), el cual sirvió como caja chica del régimen foxista. Esta operación fue planeada por Francisco Gil Díaz, actual secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), y protegida por el subsecretario de Ingresos de esa dependencia, Ismael Gómez Gordillo, desde 1993.
Para llevar a cabo este fraude, relata Badillo en su página 59, en 1994 Javier Lozano Alarcón, director general de Normatividad de Adquisiciones, Obras Públicas y Gastos, fue el encargado de hacer el análisis de si se podía o no llevar a cabo la creación del fideicomiso con el que triangulaban el impuesto, y originalmente Lozano Alarcón establece que dicho Fideicomiso es violatorio a la normatividad.
Aquí una parte del texto del libro de Badillo:
“Sorprendido por el Oficio (...), (Ismael) Gómez Gordillo se reúne con Pedro Aspe y le muestra el documento:
—¡No! Pero ya habíamos quedado. Llámales para que corrijan —dice el secretario de Hacienda, Pedro Aspe, a lo que el subsecretario responde.
—Ya no me hacen caso, diles tú.
—Además —dice Gómez Gordillo a su jefe Pedro Aspe—, yo coincido con Javier Lozano, él tiene toda la razón técnica y jurídicamente suscribo el oficio de este muchacho a quien conozco porque fue mi alumno”.
Posteriormente Gómez Gordillo se reúne con Lozano Alarcón y le dice que tiene razón en su análisis, pero si él quiere que le finquen responsabilidades penales que se sostenga.
Gómez Gordillo le dijo:
“No cambies tu opinión. Nada más te pido que te pongas a estudiar rápido cómo vas a salvar tu responsabilidad y la responsabilidad de (Carlos) Ruiz Sacristán (...) porque en tu oficio tenemos responsabilidades todos, empezando por ti, porque aquí estás reconociendo que lo conoces desde hace un año y eso se llama encubrimiento, y como estamos hablando de cuestiones penales, el señor Gil Díaz es un delincuente y nosotros somos sus cómplices por aceptar ser sus copartícipes.
Espantado el joven abogado Javier Lozano dice nervioso:
—No, no me diga eso Ismael.
—Pues sí te digo, porque ése es el riesgo
—Entonces qué hago.
—Escribe un nuevo oficio en donde digas que el fideicomiso Aduanas 1 no es una entidad para estatal”.
Y a partir del 5 de agosto de 1994, Lozano Alarcón cumplió esa orden de tal suerte que dicha fiduciaria no es auditable y ya se ha cometido un fraude de 30 mil millones de pesos.
Por ello, atinadamente, Granados Chapa lo llamó cómplice de un delito.
Pues ése es el próximo secretario del Trabajo, que si bien es un hombre inteligente, también tiene cola que le pisen.
Miguel Badillo en Puebla
Por cierto, en diciembre Miguel Badillo viene a Puebla a presentar su libro
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