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La quinta columna
de Mario Alberto Mejía
quintacolumna2005@gmail.com

 


 


Una Campañita Contra Paco Fraile. Una campaña arrancó anteayer en contra del diputado panista Francisco Fraile García.
Y es que curiosamente fue acusado en varios medios de comunicación locales de haberse comportado violentamente durante la trifulca ocurrida el martes pasado en San Lázaro.
No podía ser de otra manera.
Y es que Paco es visto por los priistas como un hombre peligroso para sus intereses.
Ahí están los videos que si algo evidencian es que Paco, como una buena parte de los diputados, se echó una pestañita —con cobija de rigor— en una de las curules del Congreso federal.
Nada más.
Y nada menos.
Pero eso está muy lejos, demasiado, de las versiones en el sentido de que recurrió a la violencia una vez que se desataron los golpes.
Hay que decirlo: Paco es un hombre pacífico que no tiene como norma meterse al callejón de los madrazos.
Eso sí: en su momento el ex senador llamó a llegar acuerdos cn los perredistas “sin odio y sin violencia”.
Y más: encargado como estaba del flanco izquierdo de la tribuna —los madrazos se dieron en la parte derecha—, Paco Fraile no cayó ni en empujones ni en nada.
Por favor: no más mentiras.

 


La Justicia en Puebla (Salú, Compadre). La justicia poblana atraviesa por la más oscura de sus noches.
Su descrédito y desprestigio son del conocimiento de la opinión pública nacional.
Sumergida en el pantano de la ignominia, algunos de sus protagonistas tratan inútilmente de lavarse la cara.
Las declaraciones de Enrique Ruiz Delgadillo (la cuerda se revienta por lo más delgadillo) y la catártica misiva de Rosa Celia Pérez se inscriben dentro de infructuosos esfuerzos por tratar de salir de un marasmo en el que está completamente hundidos.
La justicia poblana hoy está bajo sospecha.
Hoy sabemos que las acciones de la justicia obedecen a intereses supraministeriales y suprajudiciales.
Que las acciones de la justicia están supeditadas a intereses inconfesables.
Que las acciones de la justicia son solo el patético vehículo de los poderosos para satisfacer venganzas personales.
Que las acciones de la justicia en nada son gratuitas, porque todas tienen un precio.
Pero así como las acciones de la justicia poblana tienen un costo que pagar, también están las omisiones.
Omisiones que dejan impunes los más execrables crímenes.
Omisiones que obedecen también a oscuros e infames intereses.
Omisiones que revelan que en la justicia poblana todo se puede comprar.
Hasta aquí estas reflexiones y lloriqueos dignos de Caridad Bravo Adams, Encarnita Sánchez o Laura de América.
Vayamos a los hechos.
Lo que el lector leerá a continuación tiene que ver con la historia de una infame y terrible omisión de la justicia poblana.
Se trata del caso de un abominable crimen cometido en Tehuacán hace diez años.
Y que desde el primer momento, hasta tan solo hace unos días, ha sido encubierto por las autoridades de la Procuraduría de Justicia del estado.
Los autores materiales e intelectuales de estos terribles hechos caminan impunes por las calles de esa ciudad.
Y en diez años nunca han sido citados siquiera a declarar.
Hay que decirlo: el centro de esta escabrosa historia es un abogado tehuacanero llamado Víctor Hugo Alavez Contreras.

 


Asesinato. Corría el año de 1996.
Fue en el bufete del abogado Víctor Hugo Alavez Conteras en donde se vio por última vez con vida a la prestamista Elvira Tobón.
Alavez tenía su despacho en el edificio de la calle Uno Norte esquina con 2 oriente de Tehuacan, a tan sólo dos cuadras del Hotel México.
Entonces estaba asociado con el litigante Humberto Navarro Amigón.
De las investigaciones que entonces realizó la policía judicial se sabe que Víctor Hugo Alavez había pedido un fuerte préstamo a la señora Tobón y que nunca pagó, por lo que frecuentemente recibía en sus oficinas a doña Elvira, quien acudía a cobrarle el dinero y los intereses de rigor.
Una vez, Elvira Tobón llegó a buscarlo, pero ya no siguió con vida.
Por esos años, Alavez era amigo de la señora Leticia Canaan, quien lucía a plenitud sus cuarenta años de edad y que a su vez era madre de un joven conocido por su carácter extremadamente violento llamado Francisco Calderón Canaan.
Unas cuantas semanas después de la misteriosa desaparición de la señora Elvira Tobón, un joven pasante de la licenciatura en Derecho, Roberto Alba Pérez, fue secuestrado a las afueras de la terminal del ADO de Tehuacán.
Roberto Alba Coello, padre del cuasi abogado, era propietario de un taxi que a veces manejaba su hijo.
De acuerdo a descripciones de testigos presenciales, un sujeto estuvo esperando por horas el taxi de Roberto Alba Pérez.
Con base en los testimonios de otros taxistas, que describieron al sujeto, fue como la Procuraduría de Justicia elaboró un “retrato hablado”.
Esas mismas voces dejaron en claro que pese a que había otras unidades el sospechoso sólo abordó la del pasante.
Esa tarde de diciembre de 1996, Roberto Alba Pérez fue secuestrado y nunca más volvió a ser visto por nadie.
Ah.
Se me olvidaba.
Roberto Alba Pérez trabajaba en el bufete jurídico de Alavez Contreras.

 


Dos Crímenes. El secuestro de Roberto Alba Pérez conmocionó en su momento a Tehuacán.
(Sus familiares aún conservan las grabaciones de las llamadas que durante semanas sostuvieron con los plagiarios). 
Cuentan que uno de esos diálogos era más que elocuente.
Y es que uno de los secuestradores le dijo al afligido padre:
“—Mira, ya te metiste en problemas…
“—¿Por qué?
“—Tu hijo vive… pero ahora ve a recogerlo muerto…”
Y colgó.
Fue la última llamada que se sostuvo con los secuestradores.
El cuerpo de Roberto Alba Pérez nunca apareció.

 


Retrato Hablado. Cinco años después, en enero de 2001, en la entrada de la CAPU, un grupo de la policía judicial del estado, al mando del comandante Andrés Clemente Romero, detuvo a Francisco Calderón Canaan.
Por instrucciones de José Othón Bailleres Carriles, entonces director de Servicios Periciales, se ordenó un interrogatorio a Calderón Canaan, quien luego de las evidencias confesó ser el asesino de la señora Elvira Tobón
Es decir: aquella prestamista a la que Víctor Hugo Alavez nunca le pagó una fuerte cantidad de dinero fue asesinada por el hijo de Leticia Canaan… la amiga del propio Alavez.
Pero aquí no terminan las coincidencias.
Luego de la aprehensión y el formal encarcelamiento de Calderón Canaan, la familia Alba Pérez sacó de sus archivos el “retrato hablado” del hombre robusto que secuestró a Roberto.
Y entonces surgieron otras enormes coincidencias: el grueso rostro, la misma abultada nariz, la corpulencia, el tipo de cabello, las profundas comisuras a los lados de la nariz…
Todo, en fin, tenía que ver con Calderón Canaan.
Se hace obligado, pues, recordar que tanto Elvira Tobón como Roberto Alba Pérez fueron privados de su libertad y asesinados en los alrededores de Tehuacán.
Y que estos hechos ocurrieron con unas semanas de diferencia.
Y que el mismo sujeto que confesó haber asesinado a Elvira Tobón coincide plenamente con el “retrato hablado” del secuestrador de Roberto Alba Pérez.
Y que tanto Elvira Tobón como Roberto Alba Pérez tenían algún tipo de relación con el abogado.

 


La Cama Vacía. En el mes de febrero de 2001, Alejandro Rodríguez, entonces reportero de Televisión Azteca Puebla, recogió toda la historia.
El hoy director de Contralínea le preguntó entonces a Roberto Alba Coello:
“…Y en las noches, cuando usted llega a su casa y ve la recamara vacía de su hijo, ¿qué piensa?... ¿Qué le dice a Dios en esos momentos…?”
El hombre rompió en llanto y le dijo:
“Lo único que pido es justicia”.
El reportaje de Azteca Puebla reabrió el caso del secuestro.
Se difundió en red nacional a través del desaparecido informativo “Metrópolis”.
Víctor Pérez Dorantes, titular de la hoy desaparecida Dirección de Investigación y Persecución de Secuestros, sacó del archivo muerto la averiguación previa con el objeto de esclarecer de una vez por todas el terrible crimen.
Pero entonces, Víctor Hugo Alavez Contreras recurrió a una más de sus artimañas.
Les pidió a los miembros de un Colegio de Abogados de Tehuacán su apoyo, y un grupo de más de diez litigantes de aquella ciudad se reunió en privado con Carlos Arredondo Contreras, procurador de justicia en esos años.
Ahí Alavez juró y perjuró ser ajeno a los hechos, y de alguna “extraña forma” hizo que Carlos Arredondo le ordenara a Pérez Dorantes que le diera el “carpetazo” definitivo al secuestro de Roberto Alba Pérez.
Y la averiguación previa volvió al archivo muerto.
Como jueza que fue, la procuradora Blanca Laura Villeda sabe perfectamente lo que es la prueba circunstancial.
Ampliamente contemplada en el nuevo Derecho Procesal Penal, y con una abundante jurisprudencia, la prueba circunstancial es “la concatenación lógico jurídica de todos los elementos conocidos y de la que se desprende un hecho sustancial”.
En esta lógica, todos los elementos señalan a Víctor Hugo Alavez.
¿Y qué cree el lector?
Nunca, jamás, ha sido llamado a declarar.
Si en su momento Carlos Arredondo Contreras le dio “carpetazo” al secuestro y la desaparición de Roberto Alba Pérez, hoy el protector y benefactor de Víctor Hugo Alavez Contreras es el inefable José Manuel Cano, “El Many”, funcionario cercanísimo a la Procuradora Villeda y el hombre que mueve los hilos dentro del edificio del boulevard 5 de mayo y la 31.
Alavez no suelta los hilos de la justicia poblana.
A través del manejo que hace de estos hilos de poder supra ministerial siempre termina por controlar a alguien cercano al centro de las decisiones.
Y es que el delito de secuestro no prescribe.
Esta es otra de las infames omisiones de la justicia poblana.

 


El Caso Wallace. Hace unos días en Tehuacán se reunió un grupo de amigos de la familia Alba Pérez.
Ahí se acordó que cada uno de los presentes aportara, por persona, una cantidad económica para arrendar un espectacular en una esquina muy cercana a Casa Aguayo.
Dicho espectacular, al estilo del caso Wallace, dirá:
“Señor Gobernador Mario Marín Torres /
hace diez años Roberto Alba Pérez fue secuestrado y desaparecido. /
Sus victimarios caminan impunes por las calles de Tehuacán. /
¿Dónde está la justicia poblana? /
Atentamente. Amigos de Roberto Alba Pérez”.
¿Servirá de algo?
Yo francamente no lo creo.
Y es que en Puebla nunca pasa nada.
Y cuando ocurre jamás toca al poder.
 

 

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