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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

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El México que nos espera II

 

Cruzando el umbral

 

Por la tarde de ayer un rumor funesto comenzó a recorrer el país. Si a las cero horas de hoy, después de la ceremonia privada y sin valor jurídico en la que Felipe Calderón recibirá el poder de Vicente Fox –toma de protesta fáctica-, no existe ningún acuerdo para alcanzar un protocolo sin raspaduras, el diputado panista Jorge Zermeño ordenará el desalojo de la tribuna de San Lázaro por algún cuerpo policíaco. Aunque la acción de la fuerza represiva irá dirigida en contra del perredismo, en los hechos representará un Golpe contra del Poder Legislativo. Así, Calderón inaugurará su gobierno recurriendo a la razón última del poder público: el monopolio legítimo al uso de la fuerza. ¿Y después de eso? ¿Qué resta?

 

Aunque la noche de ayer todavía se acumulaban especulaciones sobre lo que ocurrirá la mañana de hoy, algo es seguro. Felipe Calderón tomará protesta como Presidente al costo que sea. Así se requiera la represión a los diputados perredistas. Así tenga que intervenir el Estado Mayor Presidencial. Aunque se provoque una refriega violenta entre los representantes de la nación. A sangre y fuego, Calderón será Presidente. Y es que él, junto con la derecha y los poderes fácticos que triunfaron en julio, ya hicieron todo, absolutamente todo, para llegar al poder. En el último momento para cruzar el umbral no se detendrán ni se arredrarán. Ya hicieron la guerra sucia a la oposición; ya violentaron la ley electoral y corrompieron a las instituciones del IFE y el Tribunal Electoral. El último costo es reprimir al Poder Legislativo. Y lo asumirán.

 

No hay contradicción. Es más, casi es lógico que el Presidente electo más débil en la historia moderna del país –casi incluyendo todo el siglo XX- recurra a la fuerza para tomar protesta constitucional. Felipe Calderón es prácticamente un rehén de los poderes fácticos que lo hicieron llegar al poder. El primer captor es el área ultra de su propio partido, que lo obligó a modificar los nombramientos del gabinete social para incluir a sus talibanes. Ya lo dijo Manuel Espino en una declaración escandalosa para Proceso: si Calderón trata de meter el dedo en el partido, le cortan la mano. Son ellos los primeros que quieren manitarlo. Y que decir de los organismos financieros internaciones, que incluso le impusieron al Secretario de Hacienda.

 

Después vienen los poderes fácticos, entre ellos Televisa y los organismos empresariales, estrategas exitosos de la campaña de odio contra López Obrador. Le siguen los empresarios que financiaron su multimillonaria campaña. Luego Elba Esther Gordillo y su sindicato mafioso de maestros, que le permitieron operar los detallitos sospechosos de la elección. Y por último, el priísmo que con ojos codiciosos se prepara a hacer fracasar todos sus intentos por tener éxito. La tendencia muestra que, en efecto, será un Presidente pelele.

 

Sin embargo, el siglo XX registra un caso de debilidad originaria similar, pero que en el ejercicio del poder logro desatarse de la fuerza que lo cercaba. Me refiero a Lázaro Cárdenas, a quien la prensa de los años treinta llamaba el pelele de Plutarco Elías Calles. Sin embargo, después de cruzar el umbral, utilizando la fuerza de la institución presidencial, se deshizo de las ataduras del maximato y constituyó su propia figura. Incluso terminó enviando a Elías Calles al exilió y canceló definitivamente los maximatos.

 

Después de cruzar el umbral, Calderón podría seguir el mismo camino. Dejar de ser el pelele una vez que haya tomado las riendas del poder. Someter al partido, a los intereses fácticos y regular a los empresarios codiciosos. Sería la imagen idílica de su Presidencia.

 

Pero Calderón cuenta con otras dos amenazas. La debilidad institucional de la Presidencia que le hereda Fox Y dos, la persecución incesante a la que lo someterán López Obrador y las fuerzas sociales que lo apoyan, quienes denunciarán todos sus errores, pifias e intentos de seguir aplicando políticas neoliberales. Y como no podrá contenerlos, el riesgo de ceder otra vez a la tentación de usar la fuerza podría ser la tónica del gobierno, cualquiera que sea el tiempo que dure.

 

Todo regresa al principio. U origen es destino. La estrategia del hoy marcará la del mañana. Si usar la fuerza para tomar protesta es el único camino –que en realidad es así- que desde la noche de ayer se puso en marcha, o si ésta se hace efectiva hoy, Felipe Calderón pasará a la historia como una de los grandes villanos nacionales.

 

De algo no hay duda: Calderón cruzará hoy el umbral del poder. Así iniciará una nueva historia, que deje atrás el foxiato, pero que se fundó en el gobierno fracasado de Vicente Fox.

 

 

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