MORELIA LA ETERNA.
1.- Se llega como lo hice yo por vía terrestre. De Puebla al D.F. dos horas. Y de la central de autobuses del norte a la ciudad de Morelia váyase leyendo o gozando del paisaje unas seis horas mas. Total de Puebla a Morelia ocho horas.
2.- En llegando toma usted un taxi perteneciente al complejo, con la certeza que no será Usted asaltado por el precio fijado de antemano. Son las tres de la mañana y el taxi recorrerá el tramo de la ciudad para llegar a su hotel unos veinte minutos, con total seguridad, atravesando colonias modestas con muy buenas calles y avenidas.
3.- Si puede alojarse en el centro moreliano, hágalo y siéntase en Puebla: portales, iglesias, cafés, restaurantes al aire libre, hotelería desde cinco estrellas hasta dos anti-estrellas. Ahí encontrará en su deambular turismo de lujo, visitantes de clase media y batallones juveniles con mochilas descomunales sobre sus hombros, provenientes de EEUU, y Centro Europa.
Los batallones vienen provistos de cámaras profesionales, buscando los alimentos y el hospedaje más baratos del mercado. Los utilizarán simplemente para recuperar fuerzas mediante el sueño el día de ahora. Mañana recorrerán el territorio michoacano buscando las esencias de su cultura en sus diversas manifestaciones: cantos, danzas, artesanías, arquitectura, guisos y bebidas.
4.- Los morelianos, mexicanos de información universal desde la época colonial, atienden con gentileza a los mochileros: les sugieren donde comer, donde hospedarse y como llegar a diversos puntos del estado.
Como cualquier sociedad organizada entienden que si en este momento no gastan como el turista estrella, mañana cuando sean profesionistas, propietarios de empresas, o líderes gerenciales volverán con sus familias o amores en turno a visitar lo que sus ojos juveniles imprimieron en la memoria de su computadora cerebral.
5.- Desafortunadamente en muchas ciudades coloniales con inventarios de lujo de arte precolombino, colonial, de la época de la independencia y de la República, las ideas parroquiales de los propietarios de hoteles y restaurantes, impiden la promoción hacia los jóvenes del mercado potencial turístico y emplazan sus baterías publicitarias-que no propagandísticas- hacia nichos de mercado donde existe desde hace un siglo una competencia despiadada y ahora globalizada.
6.- El Centro Histórico está magníficamente conservado. No hay edificios ruinosos. Su presencia arquitectónica y de ingeniería debidamente restaurada realzada por las nuevas iluminaciones agiganta su monumentalidad. Estar, ver, y gozar el espacio en la nocturnidad maravilla a cualquier viajero.
7.- En mi opinión las franquicias transnacionales convertidas en venta de alimentos, algunos de mala calidad, no deberían ser admitidas en el Centro Histórico, pero existen y con éxito comercial, sin derrumbar a todos los dignísimos comercios propiedad del capitalismo local.
8.- Hacer una compra en cualquiera de sus dos centros de productos artesanales, enaltece a cualquier turista. Sitios creados ex-profeso le permiten al vendedor trabajar con comodidad y con dignidad: altura en los techos, diseño funcional, pasillos limpios y mercadería bien presentada. El mercado de artesanías de Florencia no reúne estas cualidades, mucho menos otros centros de los estados centrales mexicanos.
9.- En la mesa que nos tocó trabajar sobre los ayuntamientos de este milenio, hicimos constar como la poblanidad evoluciona al ritmo que el resto del país. Desterramos cualquier crítica adversa y construimos todos los presentes algunas ideas dignas de ser aplicadas. Ningún mexicano sobra para construir el Nuevo México. Todos somos necesarios e indispensables para diseñar y edificar la nueva política social. En cuanto a la política partidaria electoral, que hablen y que decidan sobre ella las cúpulas y los cuadros medios de los partidos en elecciones.
*El autor es Vocal Ejecutivo del Centro Estatal de Desarrollo Municipal.
Correo electrónico: cesarmusalem@puebla.com
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