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“Un día en la feria del Pueblo, digo, de Puebla”

 

Con los últimos rayos de sol, y para dar la bienvenida al ocaso, los voladores de Papantla inician el vuelo, como verdaderas aves desafiando la altura a la que se encuentran y al viento. Empiezan a descender al ritmo del tambor y la kena. Se escucha una flauta de la que emana música ancestral, la música de los dioses, que nos transporta a una época inmemorable, donde los mortales convivían de cerca con los dioses, donde el cielo y la tierra eran uno sólo y mientras cuatro hombres ave descienden, uno más baila hacía los cuatro puntos cardinales, sobre el eje que establece el equilibrio de la vida, por el cual se dan las estaciones del año, según la historia del Tajín.


Para una comerciante de Corea del Norte, es un intercambio cultural enriquecedor, pues a través de eventos como este, diversas culturas pueden convivir e intercambiar ideas, modos de producción, técnicas para elaborar artículos, pero sobretodo ayuda a fortaleces los lazos de amistad y comerciales entre diferentes países, pues los intercambios se logran gracias a los consulados y embajadas que hacen su mejor esfuerzo por ayudar a sus paisanos.


Esta es la tercera ocasión que nuestra amiga coreana participa en la feria de Puebla. Para ella, cada año es muy especial, y aunque sea la misma fiesta, siempre se lleva un aprendizaje nuevo: “los poblanos cada vez que vengo me tratan bien, me brindan una gran hospitalidad”. Además dijo que ya tiene buenos clientes, que cada año piden que regrese, pues la extrañarán, y también piden más y más artículos. Esta mujer ha encontrado en las personas de Puebla excelentes amigos.


Ella es artesana, elabora cuadros con dos tipos de técnicas y materiales; algunos son hechos con concha nácar y pintados al óleo, para que resalten sus colores: trituran la concha nácar, sobre un  lienzo, arman el dibujo con los pedazos de la concha y después lo retoca con la pintura de óleo.


La otra técnica es bordado de cuadros: tardan de un mes a mes y medio en terminar de bordar un cuadro de 1 metro por 70 centímetros. El hilo que utilizan es de seda, y en lugar de bordar sobre un lienzo, lo hace sobre seda, lo que complica más el trabajo, pues es muy delicada y frágil.


Los paisajes que comúnmente bordan son verdaderos, se encuentran en Corea del Norte, y siempre están en busca de nuevas vistas para plasmarlas en sus cuadros.


Pero esta comerciante coreana también reconoce la calidad de las artesanías mexicanas, para ella son muy complejas las técnicas oaxaqueñas, pues todo lo hacen a mano, sin ayuda de ningún tipo de maquina, dando como resultado unos artículos bellísimos. Todo ello lo puede apreciar gracias a los intercambios culturales entre ambos países.


En otro punto de la Feria se encuentra un puesto de Egipto, donde el mayor rasgo distintivo, son las decoraciones con alusión a los antiguos dioses de esta civilización como: Ra, Isis, Nefertiti, Toth, la diosa Maat, así como los faraones más importantes como: Tutankamon, Cleopatra, Zoser, Ramsés, por mencionar algunos.


Además, hay múltiples locales de artesanos poblanos provenientes de la capital del estado, así como de su interior. Ellos muestran los diferentes productos que se elaboran en sus regiones, algunos ya cuentan con empresas pequeñas, pero lo suficientemente eficientes y de calidad como para estar a la vanguardia. Entre estos artículos podemos encontrar licores de diferentes frutas, ropa elaborada con tela de manta, muy fresca y resistente, artículos de madera, decoraciones de vidrio, productos de mimbre, entre otros.    


Algunos visitantes de la Feria afirman que ésta se ha invadido de publicidad, al mismo tiempo que la globalización ha cubierto este espacio, pues les dan mayor facilidades y oportunidades a los productores artesanales de otros países que a los poblanos, a pesar de esto, es una oportunidad para que nuestros artesanos comparen la calidad de sus productos con los extranjeros, y puedan demostrar que están al nivel o más allá de los productores nacionales e internacionales.


Sin embargo, coinciden en que no hay nada novedoso en la Feria, es lo mismo de cada año, no hay nada sobresaliente, y están de acuerdo en que la Feria de  Puebla está a nivel de las más importantes de México.
Independientemente de que la Feria esté o no a la altura de las mejores del país, y sí los artesanos poblanos reciben el suficiente apoyo para demostrar que sus productos son tan buenos como los coreanos, los visitantes recomiendan los bares y antros que están dentro de la Feria, pues dicen que no hay mejor lugar para divertirse y olvidarse de las preocupaciones.

 

 

Notas relacionadas:

 

- “Un día en la feria del Pueblo, digo, de Puebla”

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- Recinto expositor endeudará hasta por 10 años al estado

 

 



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