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Alfonso Diez

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* Quién es el antidemocrático


* Menos diputados en la Cámara


* Los colores del PRI

 

Finalmente los legisladores del PRD entendieron su función, hacer política.


Ni Javier González Garza, coordinador de los diputados del PRD en la Cámara de Diputados, ni Carlos Navarrete Ruiz, coordinador del PRD en el Senado, ganarían nada apoyando manifestaciones en la vía pública o siendo partícipes en actos violentos contra el gobierno constituido.


Al contrario, les conviene dejar atrás la fama de partido violento y antidemocrático (a pesar de ostentarse como “de la Revolución Democrática”), porque en eso se convierte un partido que reconoce las elecciones solamente cuando gana y las rechaza cuando pierde, en antidemocrático.


Lo mismo sucedió con los que están al frente del PRD y con la mayoría de los legisladores del mismo partido, parece ser que finalmente entendieron que fueron electos para hacer política enarbolando su bandera, pero no para hacer berrinche tras berrinche porque las cosas no salen como les conviene en lo personal. Hay que negociar con altura de miras, no desde la mezquindad de los intereses personales.


Pero esto ha agudizado el enfrentamiento del PRD con López Obrador, quien el lunes 3 de diciembre, en una página de Internet con un encabezado que dice: “Gobierno Legítimo de México” y firmado por “Andrés Manuel López Obrador, Presidente” se dirige a los coordinadores parlamentarios, González Garza y Navarrete Ruiz para manifestarles su enojo por los que considera actos de simulación contrarios a sus deseos (del propio AMLO), si aprueban el nuevo Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE).


Les dice López Obrador que “la iniciativa de reforma que se intenta aprobar”, “impide la formación de coaliciones” y que esto “es una maniobra antidemocrática”; cuando es precisamente al revés, la postura que manifiesta el ex candidato a la Presidencia de la República es antidemocrática, veamos porqué.


Actualmente, se requiere que los partidos obtengan al menos el 2% de la votación para seguir existiendo; pero forman coaliciones para apoyar a un candidato y determinan, antes de llevarse a cabo las elecciones, qué porcentaje de votos corresponderá a cada uno de los que forman la coalición; de esta manera, un partido que tal vez no obtendría ese 2% asegura su existencia exigiendo un 8% ó 9% por apoyar a determinado candidato.


Pero de esta manera la voluntad popular resulta torcida y se resuelve en un “contrato” cuantos representantes tendrá cada partido en el congreso, sin importar cómo votó la población.


Así sucedió en las elecciones de julio de 2006: el Partido Verde, Convergencia y el del Trabajo tal vez habrían desaparecido de no haber hecho coalición, con el PRI el primero, y con el PRD, los otros dos.


¿Por qué quiere entonces AMLO que no se apruebe el nuevo código?


La respuesta ya la dio Porfirio Muñoz Ledo: “El Frente Amplio Progresista se acabaría”, y lanzó además una amenaza: “el movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador, al ver minadas sus posibilidades por la vía electoral se radicalizaría”.


Pero con el nuevo código se verá realmente cuantos votos tuvo cada partido y tendrán la representación que merecen en el congreso, además de los fondos públicos respectivos, así que queda claro que a López Obrador no le importa ir en contra de la voluntad popular con tal de satisfacer sus intereses personales, esa es la realidad.


Menos diputados en la Cámara


Hicieron falta dos enmiendas verdaderamente importantes en el nuevo COFIPE, reducir la cantidad de diputados en la Cámara respectiva y eliminar los colores de la bandera en el logotipo del PRI, ¿por qué?:


Más de 500 diputados en el congreso es una carga muy pesada para la nación. Cuando el PRI era el único partido que obtenía los votos necesarios para llegar a un puesto de representación popular, legal o ilegalmente, decidió otorgar a los partidos que obtuvieran un mínimo de votación del 2% una cantidad de diputados correspondiente, aunque de manera individual hubieran perdido la elección, de esta manera se aseguraba que hubiera otros partidos en el congreso, aunque su cantidad fuera mínima, y se evitaba que hubiera un solo partido en el poder.


Esto fue en el sexenio de Adolfo López Mateos (1958-64), hace casi 50 años, se llamó a tales diputados “de Representación Proporcional”.


Pero la situación actual es totalmente diferente. El partido al frente del gobierno federal ya no es el PRI y en el congreso las fuerzas están equilibradas conforme a la decisión popular, se respeta el voto y ya no hay necesidad de regalar curules a los que no las obtengan en las elecciones.


Debe, simplemente, eliminarse la figura de “Diputado de Representación Proporcional” y dejar el congreso “limitado” a 200 ó 300 diputados.


Desafortunadamente los partidos en el poder no quieren limitar sus prebendas, ingresos, canonjías y alguno tal vez hasta “se cure en salud” por si la situación política cambia, como todo parece indicar que sucederá, y ni siquiera discuten la posibilidad de hacer tal cambio.


Evidentemente, no será desde el congreso como se logre.


Los colores del PRI


El PRI ha obtenido siempre la mayor parte de sus votos de las poblaciones alejadas y esto, independientemente de la posibilidad del fraude por falta de representantes de otros partidos, se debe a que la población menos informada, más ignorante, cruza simplemente el logotipo con los colores de la bandera de México, verde, blanco y colorado, que fue lo que le enseñaron en la escuela primaria, o lo que ha estado escuchando en la radio y la televisión toda su vida; es lo único con lo que se siente identificado, no le importa si gana Juan, o Pedro, o Masiosare, en consecuencia vota por los colores de la bandera.


Esto le ha dado el PRI una gran cantidad de votos en cada elección, como es fácil inferir, y en ocasiones ha sido determinante para ganar una elección muy disputada: la ganó por los colores de su logotipo, no porque hubiera sido el más popular.


Los colores del PAN son azul y blanco, los colores del PRD amarillo y negro, los del PRI son los de la bandera, aunque esté prohibido por la constitución.


El PRI, obviamente, no quiere cambiar los colores de su logotipo, pero debe ser obligado a hacerlo por la mayoría de los otros partidos, si no quieren seguir perdiendo elecciones siendo los más populares.
Abran los ojos, este es el momento, no mañana, o aténganse a las consecuencias.

 

 

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