Le venden espejitos al marinismo
Jorge Arroyo García tiene una virtud apreciada en la clase política local: puede pasarse meses y años viviendo del presupuesto público sin que nadie se entere qué hace o cuál es el beneficio que le produce a Puebla. Aunque parece broma, actualmente cobra- que no trabaja- como subsecretario de Planeación en la Secretaría de Finanzas. En dónde despacha o cuál es su encargo específico es algo que se desconoce.
Tampoco los resultados que ha producido. Apenas se sabe que vive bajo el amparo de Roberto Marín Torres. Políticos como Arroyo brincan de administración en administración gracias a un instinto de supervivencia que se activa en tiempos electorales. Así el flamante subsecretario comienza a despertar de su letargo para venderles espejitos a la administración marinista con la propuesta de relanzar el Plan Estatal de Desarrollo (¿alguna vez fue lanzado?).
Pareciera que el marinismo volverá a naufragar en su aspiración de relanzar por enésima vez su proyecto de gobierno, pues aunque sus intenciones sean las mejores, en su intento de resucitar a la administración estatal que se encuentra en estado vegetativo desde el 14 febrero de 2006 recurren a Jorge Arroyo García, quién en días recientes se sacó de la manga su remedio al ostracismo y estancamiento que vive en el gobierno: la actualización del Plan Estatal de Desarrollo.
Para quién no tiene memoria, como le apuesta el subsecretario Arroyo, pareciera ser una excelente idea. Sin embargo, existe un pequeño detalle que nadie le ha aclarado al gobernador: que la solución que se anuncia con bombo y platillo fue aplicada por el ex gobernador Melquíades Morales Flores, el mismo a quién ha vilipendiado Jorge Arroyo en público y en privado, fiel a su costumbre apóstata, según quienes lo conocen.
El “maestro Arroyo”, como lo llaman sus más avesados discípulos lidera a una generación de economistas acomodaticios, muchos de ellos enquistados en las Secretarías de Desarrollo Social, Educación Pública, Finanzas y en organismos como Carreteras de Cuota y Colegio de Bachilleres, sin mencionar a su vástago, orgullo de su nepotismo y encumbrado como Director en esta administración; todo este clan es bien reconocido por su pasión hacia la buena vida que les dispensa el presupuesto público.
Catalogado en la Secretaría de Finanzas de la administración melquiadista como burócrata incompetente y pirata de cuanto proyecto se le atraviesa, ha tenido que recurrir a quienes en elaboraron la actualización del Plan Estatal de Desarrollo en el sexenio melquiadista, para que hagan un refrito detal documento y así justifique la posición que muy oportunamente le gestionó Roberto Marín.
Como se recordará, a mitad de sexenio Melquíades lanzó una actualización de Plan Estatal de Desarrollo a partir de los datos del censo INEGI 2000. El cerebro del relanzamiento fue Fernando Manzanilla, antes de dejar la administración, y el operador fue Antonio Calderón, entonces Director de Estadística. Su éxito fue moderado, aunque sirvió para corregir algunas desviaciones de la administración marinista.
Dicen que segundas partes nunca han sido mejores, pero el estilo es lo que menos le importa al “Maestro Arroyo”, y digo que no son precisamente las formas las que le distinguen al subsecretario, pues en septiembre del año pasado convocó a una rueda de prensa para declarar que “en la administración marinista se hacían mal las cosas, no existía planeación y que tardaríamos 25 años en comenzar a ver resultados en materia de desarrollo”.
Así cínicamente, Arroyo reconoció que la administración marinista no tenía menor idea de lo que era la planeación (CAMBIO 25710706), que el gobierno no tenía ni metas ni indicadores y el “navegaba como los balseros de Nayarit, sin rumbo”. Por supuesto, desde Gobernación le jalaron las orejas y desde entonces no había asomado cabeza, hasta este fin de semana en el salió a promover su absurdo relanzamiento del Plan Estatal de Desarrollo.
Flaco favor le hará al Gobernador Marín en la dura tarea de recuperar la dignidad, legitimidad y credibilidad que se ha perdido a partir del Lydiagate, pues nadie en su sano juicio le puede creer a Jorge Arroyo la imagen de funcionario innovador, honesto y hasta altruista como el mismo se promueve en sus inserciones pagadas en los periódicos a modo de la administración estatal.
Sin duda contraproducente habrá resultado haberle abierto la puerta a quién en sus tiempos de delegado del ISSSTE fue inhabilitado por la SECODAM por desvío de recursos y peculado, afirman testigos de los hechos que el “Maestro Arroyo” hasta con las cortinas, candiles y alfombras de su oficina cargó, es más, personajes de esa época revelan que tuvieron que ir hasta su domicilio a pedirle la camioneta del ISSSTE que “se le había olvidado entregar”.
De pensar que cuando el marinismo llegue a su ocaso, se repetirá la tradición apóstata del Arroyismo y se culpará al Secretario de Finanzas, al de Desarrollo Social, al de Gobernación o al mismo Gobernador de lo que se hizo mal o lo que se dejó de hacer. Allá ellos si le hacen caso al refrito organizado por Jorge Arroyo.
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