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Asegura Jauli que cruzará el estrecho de Magallanes

El director del Instituto Poblano del Deporte  rompe la promesa que

le hizo al gobernador de no volver a nadar

 

 

Salomón Jauli confesó que rompe su promesa al gobernador de no volver a nadar, y en febrero del año que entra intentará cruzar el estrecho de Magallanes, dedicado a su amigo José Ramón Fernández.


Salomón Jauli es un icono del deporte poblano con sus grandes hazañas al cruzar aguas turbulentas como el estrecho de Bering, el de Gibraltar, nadar en aguas bajo cero como en la Antártida, el canal de la Mancha, cruzar las aguas difíciles de Escocia a Irlanda, entre otras. En entrevista para Cambio, nos cuenta algunas de sus anécdotas en el agua, como aquélla en la que se topó con un tiburón cruzando de España a África.

 

Karla Espinoza (KE): ¿Qué significado tiene el deporte?
Salomón Jauli (SJ): El deporte es tan importante como el amor. Es tan importante el amor porque nos da ilusión, alegría, confianza. Por el deporte puedo tener amor y lograr estar sano, y sano puedo soñar. Si yo sueño con grandes cosas, a cualquier edad, las puedo lograr.
KE: Además producen lo mismo. Dicen que el amor y el deporte producen endorfinas.
SJ: Así es. Las endorfinas son para mí la fuerza de levantarme, me relajan, me ayudan a pensar, a comprender un poco más a mis semejantes. Las endorfinas me ayudan a ver las cosas de otra forma. ¿Sabes qué me ayuda muchísimo también? Leer.
KE: ¿Qué lee?
SJ: Leo mucho a Buda. Soy admirador de él. Todos los días lo leo, y me da mucha fuerza.
KE: ¿Eres un hombre de metas y objetivos?
SJ: No te sabría decir quién es Salomón Jauli. A veces soy muy niño, me gusta soñar. Siempre me ha gustado pensar en grande, como cuando crucé el canal de la Mancha o el estrecho de Bering, o cuando me propuse nadar de Escocia a Irlanda, hasta tuve que vender mi casa, mis coches y llevarme a mi familia a Canadá tres años para prepararme, porque si no me iba a entrenar allá no iba a poder cruzarlo. Fue una aventura impresionante, mi esposa y mis hijos siempre me han apoyado.
KE: ¿Su faceta de maratonista?
SJ: Soy el papá de los maratones, José Ramón Fernández me ayudó. Mi sueño era que toda la gente dejara de fumar, ése era mi objetivo. Hice el maratón cuando era un simple empleado de un banco, como una campaña de promoción para el Banco en 1980. Fue uno de los más grandes maratones del país. Soy maratonista antes que nadador. Soy maratonista, pero de esos que llegan al último, pero que llegan. Corrí todas las carreras que pueda imaginar, ¿qué aprendí? A terminar lo que quiero, a que puedo lograr lo que quiero, el chiste es ir por las cosas. Aprendí a no tener miedo. A aventarme al mar, a recordar a mi padre quien siempre está conmigo, y quien me va a cuidar y nada me va a pasar. Tuve que entrenar en lo peor para enfrentar un reto largo. Acostumbré a mi mente para llegar, para llegar (…) Cuando fui nadador, soñé con cruzar el canal de la Mancha, ser el primer mexicano. Lo logré, pero también fracasé. La primera vez que lo intenté no pude. Me dio mucho miedo el mar. Cuando estuve en Inglaterra, llegué con seis mil kilómetros nadados para cruzar 50. Pero cuando me paré en el mar, no pude. Me mató, me destruyó el miedo. Siempre entrené en alberca, pero no en el mar. Y cambié de entrenamiento, y cambié de entrenador, y me dijo que nunca me iba a volver a bañar con agua caliente…
KE: ¡Qué horrible! ¡Ay no!
SJ: Nadaba a las cuatro y media de la mañana en la alberca de la unidad deportiva de la Volkswagen, ahí me veías todos los días nadando con el agua a cuatro o cinco grados. Y ya cuando llegué a intentarlo de nuevo, tenía otra mentalidad. Y lo crucé, y eso nadie me lo quita.
KE: ¿Cuánto tiempo duró?
SJ: 15 horas sin parar.
KE: ¿Ahorita, a qué le tiene miedo Salomón Jauli?
SJ: A que se enfermen mis hijos, es lo que más me da miedo. Yo ya estoy preparadísimo para irme. Amo la vida, pero ha de ser una aventura impresionarte morirte según Buda, es una filosofía muy profunda.
KE: La primera vez que trabajó en Gobierno fue con Bartlett…
SJ: Manuel Bartlett es mi maestro.
KE: ¿Qué le enseñó?
SJ: A trabajar muchísimo. Era demasiado trabajador. ¿Y sabes qué? Era todo lo contrario de lo que decía la gente. Era el hombre más sensible que te puedas imaginar.
KE: Me llama la atención que cuando organizaste el primer maratón, trabajabas en un banco, ¿qué estudiaste?
SJ: Administración de empresas en la Autónoma de Puebla. Me fui a Volkswagen, y luego el banco me invitó a trabajar.
KE: Le cambió de tema. ¿Qué le hizo a su cuerpo para acostumbrarlo a bañarse con agua fría todos los días?
SJ: Ya no me puedo bañar con agua caliente. Hoy el agua helada me relaja, es un hábito. La vida de hábitos. Antes tenía el hábito de comprarme unos Doritos con chipotle todos los días que pasaba por el Oxxo, pero se te tiene que quitar.
KE: ¿Y el frío ya no lo siente?
SJ: No tanto. Hace tres años crucé la Antártida, y me ponían en tinas con hielo, y luego si les pones agua helada a los hielos es un dolor de huesos.
KE: ¿Quién pagaba sus viajes?
SJ: Todos me los patrocinaron. Volkswagen, el señor Bada siempre me patrocinó todos mis viajes. El gobernador Mario Marín, cuando era presidente municipal, también me patrocinó cuando me fui a cruzar el lago Ness.
KE: Cuando nada ¿en qué piensa?
SJ: En muchas cosas. Por decir, cuando entro al agua es el momento más difícil. El frío y el miedo te empiezan a calar y la mente te comienza a traicionar. Pero luego, me empiezo a motivar, y pienso que Dios me dio la oportunidad de hacer lo que estoy haciendo, que soy un nadador y que son experiencias que nunca voy a olvidar. Cuando estés viejo te vas a sostener de tus recuerdos.
KE: ¿Alguna vez estuvo en riesgo o al borde de la muerte?
SJ: Sí, una vez creo haber estado así, en Gibraltar. En un entrenamiento para cruzar de España a África, como a tres kilómetros me encontré con un tiburón. Iba con un alemán, nadábamos juntos. No sé por qué sentí la sensación de detenerme, y el alemán también sintió lo mismo. Entonces, cuando vi al tiburón, vi la aleta que dio dos vueltas despacio.
KE: ¿Lo tuvo a cuántos metros?
SJ: Unos nueve o diez metros. Dio dos vueltas rodeándonos, y me puse como un palo, todo el cuerpo se me comenzó a entumir de miedo, y traté de doblarme como una pelota. Vi al alemán y vi que estaba igual que yo. Cerré los ojos y esperé la muerte. No sé cuanto tiempo pasó, y de pronto ya no había nada, se había ido. Me acuerdo que de ahí a la playa nadamos como si hubiéramos roto récord olímpico. No te imaginas cómo nadamos. Nunca en la vida había nadado tan rápido, si hubiera estado en una olimpiada la gano y rompo el récord. Iba nadando con una fuerza impresionante. Recuerdo que el alemán renunció, y que ya no iba a nadar, y le dije que yo tampoco, pero después mi esposa me convenció de que me diera una oportunidad, y lo volví a intentar, y fui le primer mexicano en cruzar el estrecho de Gibraltar.
KE: No lo puedo creer. ¿Y volverá récord a nadar?
SJ: Te lo voy a decir. Le rompí una promesa al gobernador Mario Marín, porque le dije que ya no iba a nadar. Y ya le dediqué a José Ramón Fernández mi próximo cruce: el estrecho de Magallanes. Lo voy a intentar, aunque sea el último, pero lo voy a hacer, con el agua a seis bajo cero. Necesito hacerlo. Y ahorita estoy estudiándolo, preparándome. (…) No sé si lo logre cruzarlo, pero de que me voy a aventar, me voy a aventar.
KE: ¿Me estoy llevando la exclusiva?
SJ: Sí. No lo quería decir.
KE: ¿Cuál es la rutina diaria de ejercicio, pásenos sus tips?
SJ: Me levanto a las cinco y media de la mañana, levanto a mis dos hijos y les tengo que pagar para que se levanten a esa hora y se vayan a hacer ejercicio. Son unos tipazos. Luego hago 500 abdominales, tengo un aparato para nadar, hago ejercicio en frío, luego me voy a correr al monte, regreso, un poquito de escaladora, y esto para agarrar condición. Este programa va a durar como un mes. Después sigue el programa de correr, nadar, bicicleta, remo, y otras cosas, y así el programa va creciendo.
KE: ¿Qué come?
SJ: No como carnes rojas. No fumo, no tomo, no tengo vida social, no tengo fiestas, no voy a ningún evento político de cualquier especie. No voy fiestas de noche, no me desvelo. Como salmón, muchas ensaladas, tengo una nutriólogo, el doctor Lechuga…
KE: ¿Qué? El colmo… ¡un nutriólogo que se apellide Lechuga!
SJ: ¿Y el segundo apellido sabe cuál es? Lechuga
KE: ¿Es Lechuga Lechuga?
SJ: Sí, y es una persona impresionante, una belleza de amigo. También me tomo cuatro litros de agua diarios.
KE: ¿Cuál es su lema de vida?
SJ: Te voy a decir: “Todo hombre y toda mujer debe decidir una vez en su vida si se lanza a triunfar arriesgándolo todo o se sienta a contemplar el paso de los triunfadores”. Eso es para todo, trabajo, deporte, para todo.
KE: ¿Cuántos años tiene?
SJ: Cumplí 59 el domingo. Me hicieron unos estudios médicos y dicen que tengo 45 años de edad.
KE: Es su segunda vez como director del Deporte Poblano ¿qué significa para ti?
SJ: Una oportunidad. Tengo gran suerte de que me hayan invitado, y yo lo acepté encantado. Es mi vida, es la oportunidad de pelear, de soñar. Nunca aceptaría un puesto de elección popular, nunca. No me interesa ser diputado ni ser presidente municipal. Que quede claro. Quiero dejar el deporte mejor de lo que estaba. Te doy mi palabra de hombre de que no aceptaría un puesto de elección popular. Y siempre seré priista.
KE: ¿Qué defecto tiene?
SJ: Soy muy sentido. Tengo muchos defectos.

 

Recuadros
“Cuando entro al agua es el momento más difícil”

“Dio dos vueltas rodeándonos, y me puse como un palo, todo el cuerpo se me comenzó a entumir de miedo, y traté de doblarme como una pelota. Vi al alemán y estaba igual que yo. Cerré los ojos y esperé la muerte. No sé cuanto tiempo pasó, y de pronto ya no había nada, se había ido”.

 

 

 



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