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Alfonso Diez


 

Los Últimos Comunistas Mexicanos

 

Los sucesos de los últimos años, los actos de corrupción, los videos, las aprehensiones, la manera de no saber perder las elecciones del 2006 y todas las que perdieron en 2007 nos obligan a replantearnos preguntas a las que no hemos dado respuesta desde hace años.


¿Qué pasa con la izquierda en México? ¿Hacia dónde va? ¿Esa es su forma de hacer política¿ ¿Así debe comportarse el grupo político que se autodenomina de izquierda? ¿Es verdaderamente de izquierda?
¿Qué sucedió? Recordemos el derrumbe del socialismo en la Unión Soviética, parece ser que ahí lo que falló fue el factor humano; en otras palabras, la debilidad que hace al ser humano proclive a la corrupción, la falta de motivaciones personales que lo impulsan a abandonar, descuidar o corromper sus tareas.

 

Pero, ¿ Cómo comenzó todo?

 

En 1917 triunfó la revolución de octubre en la Rusia zarista y se formó el primer Estado socialista en el mundo, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.


Dos años después, el 24 de noviembre de 1919, fue fundado el Partido Comunista Mexicano, con José Allen como secretario general y se puede decir que formalmente a partir de ese momento comenzaron a existir los comunistas en México.


Hubo siempre simpatizantes de la ideología comunista, pero fueron pocos los que formalizaron su membresía en el partido; evidentemente, el nombre de éste se tomó del que había triunfado en la Unión Soviética, que a su vez lo creó inspirándose en las doctrinas de Carlos Marx.


El comunismo, hay que hacer hincapié, como sistema social no existe ni ha existido en ninguna parte del mundo, ni siquiera en la Unión Soviética, que intentaba llegar a transformarse en comunista pero se quedó en socialista y ahora vuelve al capitalismo por el que nunca pasó. Su paso al socialismo directamente del feudalismo se entiende como un "salto dialéctico".


El Partido Comunista Mexicano tuvo su última sesión el 5 de noviembre de 1981. Murió unos días antes de cumplir 62 años de edad.


A lo largo de su controvertida historia sus miembros fueron víctimas de ataques, persecuciones, represiones, encarcelamientos y asesinatos; el comité central del partido expulsó y volvió a admitir en sus filas a muchos de sus miembros y contra viento y marea sobrevivió durante 62 años.


Algunas de sus decisiones son a la fecha inexplicables o atribuidas a la falta de preparación de sus miembros. Apoyaron en su momento la candidatura a la reelección de Álvaro Obregón y la de Manuel Ávila Camacho; rompieron con Sandino y cuando todavía estaba fresca la sangre derramada por Julio Antonio Mella, asesinado en una calle del Distrito Federal, condenaron el levantamiento de Escobar contra el gobierno e hicieron llamados a obreros y campesinos, formando destacamentos armados para combatir al levantado en armas.


Durante el desfile del primero de mayo de 1951, el Día del Trabajo, los miembros del Partido Comunista que marchaban junto al conglomerado de trabajadores fueron ametrallados por agentes policíacos del gobierno de Miguel Alemán; después, con su sede allanada, fueron encarcelados bajo el cargo de "Disolución Social".


De manera sorprendente, consideraron triunfador a Miguel Henríquez Guzmán en las elecciones para Presidente de la República del 6 de julio de 1951, en las que contendió contra Adolfo Ruiz Cortines y Vicente Lombardo Toledano, e hicieron un llamado a "la lucha y la unidad de las masas para hacer fracasar el fraude, la imposición y la represión del gobierno".


Su línea de lucha, de sufrimientos, casi esquizoide, masoquista, se desenvolvió en el mismo tono durante casi toda su existencia. El 3 de octubre de 1968, tras la matanza perpetrada en Tlatelolco por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz contra los estudiantes, la condena del Partido Comunista consistió en declarar que "El gobierno del presidente Díaz Ordaz ha dado uno de los pasos más francos en el camino hacia la dictadura policíaca y militar".


En 1976, cuando el Partido Acción Nacional decidió no presentar candidato a la Presidencia de la República contra José López Portillo y Pacheco, candidato del PRI, por considerar que no había garantías de que se respetaría el voto popular, el Partido Comunista decidió que sí las había y postuló en su XVII congreso nacional, en la ciudad de Cuernavaca, a Valentín Campa, que se convirtió en el único oponente de JLP en las elecciones; recibieron en consecuencia apoyo oficial y ayudaron a que López no se fuera sólo.


La relación con el gobierno perdió las características de enfrentamiento, al grado de que el 25 de julio de 1978, una delegación del Partido Comunista visitó al presidente López Portillo y emitieron una declaración conjunta pronunciándose por "la búsqueda permanente de fórmulas de negociación en el tratamiento de los problemas sindicales, laborales y políticos"...una búsqueda de fórmulas de negociación que en realidad no quería decir nada.


El día de la Virgen, 12 de diciembre de ese mismo año, Arturo Martínez Nateras renunció definitivamente al partido y en los siguientes meses se desencadenaron hechos que por lo menos se pueden calificar de curiosos: candidato a un puesto de elección popular para las elecciones de 1979, Arnoldo Martínez Verdugo de repente desapareció y comenzaron a aparecer supuestas cartas del Partido de los Pobres en las que éstos se autonombraban sus secuestradores y pedían como rescate el dinero de un secuestro anterior realizado precisamente por el Partido de los Pobres y que le habían dado a guardar al Partido Comunista Mexicano; pero este partido de verdad había utilizado en su beneficio tal dinero por lo que acabó reconociéndolo y se enfrascó en un pleito periodístico con Nateras. Nunca se supo si devolvió el dinero o no. Arnoldo reapareció al poco tiempo en circunstancias tan sospechosas que los sucesos fueron calificados de auto secuestro —él nunca negó tal señalamiento—.

 

Ese fue el principio del fin.

 

Desprestigiado y habiendo desaprovechado el impulso que le dio la candidatura de Campa, cuando fue el único candidato opositor al del PRI por la presidencia en 1976, el Partido Comunista Mexicano se encaminaba hacia la única salida para sobrevivir, gracias a que ya había obtenido su registro oficial: fusionarse con otros partidos de izquierda y cambiar de nombre.


La palabra comunista siempre fue mal vista por gran parte del pueblo mexicano; tan grande era la propaganda norteamericana. Los héroes de la niñez, para dar un ejemplo, eran los personajes principales de un "comic" que semana con semana se agotaba: "El Halcón Negro", que tenía como objetivo principal "acabar con el comunismo". Esa era también la tarea de otro ídolo de las historietas, Supermán, que inclusive en sus últimas películas dice que su misión es "luchar por la justicia, the american way".


Todos, actores, políticos y pueblo norteamericano pronuncian la palabra "comunista" como sinónimo de criminal; y el concepto permanece a través de gran parte de su literatura y de su cine.


Imposible luchar contra todo el dinero invertido en la propaganda de los Estados Unidos. Mejor cambiar de nombre.


El PCM sostuvo pláticas con otros partidos como el Mexicano de los Trabajadores, el PPM, PSR y MAUS para unificar las fuerzas de izquierda; el ingeniero Heberto Castillo, líder del PMT, puso como condición para aceptar la fusión ser nombrado candidato a la presidencia por el nuevo partido. El PCM aceptó en principio la condición y lo propuso, pero surgió la candidatura de Othón Salazar, que avalaron todos el 18 de octubre de 1981 y el ingeniero Castillo rechazó la fusión.


Así, el Comunista Mexicano se transformó el 5 de noviembre de 1981 en Socialista Unificado de México, después en Mexicano Socialista y finalmente en Partido de la Revolución Democrática, con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza.


Cárdenas fue tres veces candidato a la Presidencia de la República por el PRD y buscó serlo por cuarta ocasión.


La última lucha por conseguirlo fue la más difícil; contendió contra Andrés Manuel López Obrador, a quien las encuestas de opinión señalaban con más popularidad, a pesar de que durante el juicio político de desafuero, que perdió AMLO, quedó claro que sí había violado la ley. El congreso lo desaforó y Fox lo perdonó.


Ambos fueron formados en las filas del PRI, de la misma manera que muchos otros integrantes del PRD, pero el ingeniero Cárdenas sigue siendo considerado un hombre honesto, incorrupto, sincero; López Obrador perdió credibilidad, por decir lo menos y no podrían otorgársele los mismos tres calificativos que se le dan a Cárdenas aquí.


Su comportamiento tras las elecciones del 2006 dejó mucho qué desear, sus mentiras y señalamientos falsos quedaron claramente en evidencia.


Prueba de lo anterior es el hecho de que para la campaña por la gubernatura de Michoacán solamente se solicitó la presencia de Cárdenas junto a Leonel Godoy, candidato del PRD; la oposición de todos modos difundió imágenes de la cercanía de Godoy con AMLO, para desprestigiar al primero y el PRD solicitó que no se permitiera que se difundieran tales imágenes, por temor a que afectaran la campaña de Godoy.


Andrés Manuel fue nominado candidato del PRD para el 2006 por su popularidad, surge entonces la pregunta: ¿Basta la popularidad para nominar a un candidato? ¿Y todos los demás valores? ¿Y la mentira evidente? ¿Y los señalamientos falsos?


El PRD dista mucho de parecerse a lo que fue en sus mejores momentos el Partido Comunista Mexicano.
No sólo son los escándalos en los que se ha visto envuelto. El nivel de un alto porcentaje de integrantes y dirigentes deja mucho que desear.


Los últimos comunistas mexicanos murieron hace mucho tiempo. Mucho antes de que muriera el partido.

 

 

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