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Alfonso Diez


El Autor del Complot

 

 

Se desató otra vez la polémica en torno al desafuero de Andrés Manuel López Obrador durante el sexenio de Vicente Fox gracias a diversos acontecimientos, pero uno en particular desató la andanada de opiniones y análisis, la mayoría equivocadas.


El libro de Jorge Castañeda y Rubén Aguilar que recién apareció en librerías, La Diferencia, ha sido visto desde diversos enfoques, incluido el de la invención, por el periódico El Universal, que ya fue desmentido por la editorial que sacó a la venta el trabajo de los autores mencionados.


Vuelven a caer los analistas en el error en que incurrieron muchos cuando se dieron los acontecimientos que terminaron con el desafuero de López Obrador: condenar al policía que detuvo al criminal y no al revés, como veremos en seguida.


La realidad es que el ex jefe de gobierno y ahora ex candidato a la Presidencia de la República sí violó la ley descaradamente. Basta con ir a Santa Fe para observar todavía el camino construido rumbo al hospital ABC y “tapado” a medias por orden de AMLO para poder llevar a los medios de información y hacerles creer que nunca se había construido.


Los vecinos del lugar son testigos de que el camino sí se construyó completo y luego le echaron arena y piedras en la parte central. La idea era hacerse pasar por “blancas palomitas”, engañar a todos, a la justicia en particular y señalar al gobierno como autor de un complot. ¡Qué cinismo! Y lo peor es que lograron su objetivo: muchos fueron engañados.


Pero cualquier persona con tantito cerebro se dará cuenta que sí está construida la pavimentación de los primeros metros del camino, luego queda cubierta por arena y piedras (escarbándole un poco se ve tal pavimentación) y después la parte final en un largo trecho continúa con pavimentación construida exactamente igual a la del principio; esto se debe a que TODO el camino se había ya construido.


Nadie podría creer que la constructora respectiva construyó solamente el principio y el largo trecho del final dejando sin construir el centro del multimencionado camino


Y éste es precisamente el punto, AMLO violó la ley porque un juez le había ordenado que tal camino no fuera construido, fue juzgado y declarado culpable y después declarado en desafuero por el congreso de manera jurídicamente irrebatible en ambos casos.


Pero Fox lo perdonó por temor a la reacción popular. Sabía que de no hacerlo se expondría a marchas y bloqueos a los que con facilidad recurren el PRD y sus seguidores.


Y de haberlo dejado caer en la cárcel hubiera sido peor, lo habría convertido en un mártir… que no lo era. Creyó que  fomentaría y tendría que enfrentar una violencia creciente y que no había necesidad de hacerlo. Pero eso fue un error. Lo mismo que sucedió en San Salvador Atenco.


En lugar de tomar el toro por los cuernos y de una manera civilizada resolver los problemas con las armas de la ley en las manos, Fox y su secretario de Gobernación, Santiago Creel, optaron por ceder en todos los casos a la presión popular, ceder y perdonar; aunque eso significara ir en contra de la ley, torcerla, para beneficiar a los que la estaban violando.


Qué error tan grave. Ahora pagan las consecuencias. Perdieron credibilidad. No se trata de que se aplique la ley a la manera porfiriana del “mátalos en caliente”; simplemente, hay que aplicar la ley, se trate de quien se trate; no puede haber una ley para los pobres y otra para los poderosos.


Atenco y el desafuero marcaron el sexenio de Fox. Desde que se vio la manera ilegal en que solucionaron el problema de Atenco, Creel perdió la posibilidad de llegar a la presidencia.


Ahora hay mucho en juego. El congreso debe resolver reformas mirando al futuro… pero también al pasado. No debe cometer los errores de anteriores sexenios.


La polémica sobre el desafuero, finalmente, queda más que aclarada. Este fue el caso de un engaño en el que cayeron muchos que decidieron entregar su voto a favor del que los engañó. Y luego lo apoyaron cada vez que pronunciaba la palabra “compló”.


Pero tales complots nunca existieron en contra del que han apoyado; al contrario, siempre han sido organizados por éste.


Aquí caben dos dichos, uno es de Ortega y Gasset: “Las masas siempre se equivocan”; el otro es de Abraham Lincoln: “Se puede engañar una vez a muchas personas, se puede engañar muchas veces a una persona, pero nadie puede engañar todas las veces a todas las personas”.

 

 

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