Unas Últimas Palabras Para el Año que se Va, Para el Año que Viene, Para los Días que ya se Fueron y Para los Días (Luminosos) que Vendrán
Se acabó el año.
Un año horrible para muchos (la muerte es mala consejera).
Un año luminoso para otros.
El saldo es positivo, pero viene lo peor: el año que entra.
(Hay muchos mitos que circulan: que Carstens adelgazará el presupuesto, que ya encontraron al Burócrata más viejo del mundo, que nació la primera niña barbuda).
Lo cierto es que en estos días nos hemos ausentado de todo en espera de la pesadilla.
(El quintacolumnista pide paz: ya no inviten a más celebraciones navideñas).
Hay otros mundos que ver en los días que vienen.
Hay otras palabras que decir.
Hay otros sueños que imaginar.
Desde aquí, aunque sea por adelantado: Feliz Navidad, la Güera terminó.
Nos volveremos a leer el lunes 6 de enero de 2009.
Termino con un poema del poeta peruano Carlos Orellana:
La ciudad va a estallar, Flora,
en medio de este tráfico infernal: ángeles
incendiando los edificios, bromeando
con los semáforos, convirtiendo a los autobuses
en paquidermos holgazanes.
Alguien ha colocado bombas de tiempo
en los grandes almacenes.
Han asesinado al Cardenal.
Se ha sublevado la tropa.
La temperatura ha alcanzado los 35 grados.
Han cerrado el Parlamento.
Descubierto al hombre más viejo del mundo.
Los ángeles hacen sonar sus trompetas espantosamente
en la Vía Expresa.
Separaron a los siameses, Flora.
La inflación es otra bomba
de tiempo.
Ha renunciado el Primer Ministro.
El tigre de Bengala está prácticamente extinguido.
La ciudad va a estallar, Flora,
cierra los ojos, abrázame, no voltees
la cara por nada del mundo.
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