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Por las entrañas del poder
Jesús Ramos

 

 


 

 

 

Marín obligado a forzar la reconciliación de Montero y Zavala

 

 

Negar la existencia de dos grupos políticos antagónicos al interior del gobierno del estado: uno de Mario Montero y otro de Javier López Zavala, es una verdad difícil de ocultar.


Sin en cambio la situación obliga no solo a…


…Montero…


…y Zavala a replantear sus relaciones y dirimir sus diferencias, también al primer priista Mario Marín Torres a forzar la reconciliación de ambos grupos políticos si es que quieren salir con la menor cantidad de heridas, que sea posible, de la batalla que se avecina.


Observar el destape de Jesús Morales y arengar al pueblo con la frase ¡¡Ay vienen Los Morales!! no es un título de película, ni un corrido revolucionario, se interpreta como una…


…declaratoria bélica…


…un quebranto de la pipa de la paz…


…un grito de ataque al gobierno marinista…


…una lucha declarada por la tutela del poder político local.


Los motivos que desataron la tormenta pudieran ser muchos, y todos muy dignos de considerarse, aunque el más sensato estaría vinculado al empoderamiento absoluto de los marinistas en el gobierno, por no convidar de su éxito –o del pastel- al resto de los grupos tradicionales y a la era glaciar que viven incontables personajes identificados con el melquiadismo, pachequismo, piñaolayismo y bartlismo acostumbrados, todos, a vivir del presupuesto desde hace varias décadas.  


Resulta complicado afirmarlo, pero en poco o mucho la fractura de la exburbuja marinista debió incentivar y motivar para que:


-Chucho Morales con el respaldo de Melquíades.


-Enrique Doger Guerrero.


-Y Víctor Hugo Islas Hernández externaran sus deseos de perseguir la gobernatura del estado justo a la mitad del mandato de Marín. Para que se decidieran pues a gritar sus querencias a los cuatro vientos. Para avisar que ya es tiempo de iniciar la fiesta de relevo sexenal.


Y es que de haber conservado la solidez que caracterizaba a la extinta burbuja compuesta, en sus tiempos de gloria por Zavala, Montero, Javier García y Valentín Menéses, difícilmente les hubieran perdido el respeto y entonado el cántico de guerra.


El hubiera no existe –sostiene la mayoría- lo que importa es lo que…


…hay…


…existe…


…el presente…


…el enrarecido ambiente político…


…y sus consecuencias. Los marinistas no tienen mucho que pensar ni analizar:


-¿O curan sus heridas?


-¿O dirimen diferencias?


-¿O vuelven a reagruparse? O son blanco fácil de sus enemigos políticos que ya desafiaron no a Montero, ni Zavala, ni al Vale, ni a Javier García, sino al gobernador del estado.


Para los que observan los toros desde la barrera, ofrece interés seguir de cerca los pasos de la dupla: Chucho-Doger, ¿ver hasta dónde y cuánto apuestan para detentar el poder? ¿saber de lo que son capaces? ¿de lo que están hechos? y también de su creatividad.


Ignorar la situación sería grave para el marinismo, como igual lo sería si menosprecian al adversario o lo dejan actuar con libertad. La muestra más palpable de astucia y viveza política de Los Morales estuvo primero en la candidatura que Melquíades ganó a Bartlett y luego en la gruesa votación que obtuvieron para hacerse de Casa Puebla.


Acepten o no –los marinistas- Enrique Doger fue para el gobernador un auténtico dolor de cabeza, una piedra en el zapato, un juanete en el dedo gordo el tiempo que duró de alcalde. Tendrían pues que imaginar a ese juanete más la rebeldía y experiencia de Chucho Morales para crear un escenario de las hostilidades que se avecinan.
 

 

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