Marín y el Zipizape en la Casa Lamm (o el Retorno Misterioso de Televisión Azteca)
Los hechos: el gobernador Mario Marín Torres acudió a la Casa Lamm, en la ciudad de México, a inaugurar una semana dedicada al Estado de Puebla.
Durante el acto –al que acudieron profesionales del turismo y la cultura-, unos treinta jóvenes irrumpieron gritando las siguientes leyendas: ”¡Fuera, pederastas!” y “¡Todos somos Lydia!”.
El gobernador había terminado de leer un breve mensaje y se disponía a cortar el listón inaugural.
Según el reportero Mayolo López, de Reforma, un grupo de mujeres arremetió contra el gobernador y “Marín fue rápidamente resguardado por sus escoltas”.
Dice la crónica del reportero: “Las edecanes que sujetaban el listón inaugural no sabían qué hacer: el que iba a maniobrar las tijeras huyó en medio de insultos y denuestos, aparentemente impasible”.
Nuevas leyendas le gritaban conforme abandonaba la Casa Lamm: “’Eres un maldito, eres un maldito corrupto’, le espetó en la cara al Gobernador una mujer justo en el momento en que éste bajaba las escalerillas del escenario.
“La escandalera arreciaba: ‘corrupto pederasta’, ‘maldito pederasta’...
“Marín apuró el paso, rodeado por su gente, pero sin poder dejar de escuchar las consignas en su contra.
“Alcanzó la acera de Álvaro Obregón, buscó su camioneta y allí fue a dar: uno de sus escoltas lo empujó al interior del vehículo, que en un santiamén tomó la avenida para algarabía de los jóvenes: con el puño en alto, justo frente a las puertas de la Casa Lamm, dieron rienda suelta a su júbilo: ‘lo corrimos, lo corrimos...’.
“Para rematar, cerradas las puertas del centro de cultura, entonaron el Himno Nacional.
“Tras la embestida al Gobernador, pocos en el escenario se acordaban de la invitación que éste lanzó en su mensaje: ‘Puebla, amigas y amigos, es riqueza para descubrir. Puebla es belleza por admirar. Y Puebla es gusto, mucho gusto por saborear. Los invito a saborear a Puebla’.”
¿Qué pasó ahí?
Los activistas hicieron su trabajo y no sólo boicotearon un acto público: le echaron a perder su fiesta al gobernador.
No eran espontáneos ciudadnos que de pronto llegaron a la Casa Lamm y se indignaron por el recuerdo del caso Marín-Cacho.
No.
Eran activistas ligados a Lydia Cacho, una vez que portaban fotos de ella y coreaban consignas a su favor.
Por si fuera poco, la Casa Lamm se ha convertido en uno de los últimos refugios del perredismo.
O mejor dicho: del lópezobradorismo.
En efecto: por ahí han desfilado para participar en presentaciones de libros o de uno que otro happening el periodista Jaime Avilés –ex mono blanco del subcomandante Marcos y activista de López Obrador: su columna Desfiladero, de La Jornada, es la mejor muestra de la evolución del panfleto a columna periodística-, la actriz Jesusa Rodríguez, la cantante Regina Orozco y las periodistas Carmen Aristegui y… Lydia Cacho.
Quien organizó la semana de Puebla en el D.F. seguramente ignoraba a dónde estaba llevando al gobernador.
Y aunque hay versiones en el sentido de que tanto Mario Marín como sus asesores y escoltas estaban enterados de la mini manifestación que irrumpiría en el acto, lo cierto es que todo indica que los tomaron por sorpresa.
Todos sabemos que el caso Marín-Cacho es un cadáver en el ámbito jurídico.
La presión de los días aciagos quedó atrás.
El tema se perdió en los medios nacionales.
Y qué decir de los locales.
No obstante, y eso lo reconocen hasta algunos marinistas, el estigma está ahí y permanecerá en el imaginario colectivo durante un buen tiempo, aunque sin la virulencia exhibida por la treintena de activistas que irrumpió en la Casa Lamm.
Lejos están los días en que Mario Marín tenía que salir por la cocina en los actos públicos.
Ya no existe la tensión de aquellos tiempos.
No obstante, los activistas no dejarán de hostigarlo y cada vez que puedan se le enfrentarán a gritos y sombrerazos.
Y lo acusarán hasta de “pederasta”, algo que ni Lydia Cacho hizo.
Lo grave para el gobernador es que sus asesores ignoren esto y lo expongan a tamañas manifestaciones.
Otra cosa que llama la atención es el despliegue que le dio a la nota Televisión Azteca, prototipo del fascismo revolucionario.
Y es que en varios momentos del pasado reciente hemos visto cómo el espíritu golpista de Ricardo Salinas Pliego sale a flote cuando de defender sus intereses económicos se trata.
¿Ejemplos?
Algunos:
1) El caso Paco Stanley: los levantacejas de Azteca –encabezados por su patrón- acusaron públicamente al Gobierno del Distrito Federal –en tiempos de Cuauhtémoc Cárdenas- de ser los culpables del asesinato del cocainómano conductor de programas y estuvieron a punto de dar un golpe de estado mediático.
2) El caso de la Reforma Electoral: cada vez que pueden, los mismos levantacejas advierten que está en riesgo la libertad de expresión, sólo porque si la reforma prospera dejarán de llegar millones de dólares a los bolsillos de Salinas Pliego.
3) El caso de las reformas a la Ley de Radio y Televisión: los levantacejas se desgarraron las vestiduras y se enfrentaron al gobierno de Fox, a quien regularmente le lamían las botas.
Pues bien: Televisión Azteca recordó el caso Marín-Cacho después de que durante mucho tiempo lo olvidó y lo tiró al basurero de la historia.
¿Cómo olvidarlo?
En los días aciagos del conflicto, Televisión Azteca enmudeció y enlató un par de entrevistas que le había hecho a Lydia Cacho, una vez que el tema no podía tocarse en ninguno de sus canales.
Y vaya que guardaron silencio.
De pronto, los paladines de la libertad de expresión recordaron que Mario Marín es un gobernador maloso y enviaron a Puebla al reportero Federico Anaya para que entrevistara a los “enemigos” del gobernador.
¿El fin?
Exhibirlo a nivel nacional en los más diversos temas: el de la obra pública, el de la transparencia y el del autoritarismo.
Lo curioso es que una vez armado el sesudo reportaje, éste tuvo que esperar mejores tiempos.
¿El motivo?
El zipizape protagonizado por los activistas en la Casa Lamm.
Y vaya que las dudas matan:
¿Cómo fue que los levantacejas de Azteca recuperaron la memoria después de tantos meses de haberla perdido?
¿Cuál es la intención del reportaje que sobre el gobierno de Marín preparó el reportero Federico Anaya?
¿Qué intereses de Salinas Pliego estás detrás de esta mebestida?
La respuesta al parecer la dio el columnista Enrique Núñez, director de Intolerancia Diario, hace un par de días:
“Desde el pasado fin de semana, un grupo de reporteros de Televisión Azteca México se ha encargado de elaborar, por encargo, una serie de reportajes en contra del gobierno de Mario Marín para el noticiero estelar, conducido por Javier Alatorre, de esa empresa televisiva.
“Los temas a seguir estarán relacionados con la multitudinaria fiesta de cumpleaños del gobernador, el proyecto de “La célula”, la construcción del centro expositor, de la ley de transparencia y la concesión a OHL de la carretera.
“Independientemente de la ‘investigación periodística’ existe una razón fundamental para orquestar esta campaña mediática.
“El motivo, por absurdo que parezca, no es otro que el de la concesión de los derechos de televisión para la transmisión de los partidos del Puebla de la Franja, los cuales podrían ser otorgados a Grupo Imagen de Olegario Vázquez Raña.
“Son tan grandes ($$$$$) los intereses al respecto que el magnate de los medios Ricardo Salinas Pliego no tuvo empacho en ordenar la campaña en contra de Marín.
“Es algo similar a la campaña que orquestó en contra de la Cámara de Diputados y la de Senadores, por las disposiciones que limitaron a los medios electrónicos a promocionar la imagen de cualquier político, tirando así uno de los grandes negocios de estos gigantes mediáticos”.
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