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Alfonso Diez

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Uno va arrastrándose entre espinas

 

 

 

Nito Mores murió cuando dicen que la vida apenas comienza, a los cuarenta años de edad. La vida parecía sonreírle, adoraba a su esposa, Claudia, y a sus hijos. Cantaba con la orquesta de su padre, Mariano Mores, compositor del famoso tango “Uno”.


Vinieron a México en octubre de 1983, y fue la última vez que Marianito cantó porque llegando a Buenos Aires, donde residía la familia Mores, se puso cada vez más enfermo hasta que falleció de cáncer, el primero de mayo de 1984, tras una carrera artística de veinte años. Su debut como cantante fue el 11 de agosto de 1964.


Esta historia tiene que ver no solamente con el 25 aniversario de la última visita a México de Nito con su padre, sino con la música de “Uno” y cómo quedó en mis manos.


Mariano Mores era ya muy conocido en México y no era la única vez que se presentaba aquí. En esta ocasión solicitaron los servicios profesionales de una casa grabadora de audio que se encontraba en el centro de la Ciudad de México, por las calles de Balderas.


El ingeniero Camacho, director técnico de los estudios, sudamericano también, por cierto, era amigo mío y a los dos nos gustaba la música y cantar, además de que como yo había diseñado e instalado alrededor de veinte radiodifusoras con sus correspondientes estudios de grabación, había una gran identificación.


Mariano Mores, señalado como uno de los mejores pianistas del mundo, compuso la música de Uno alrededor de 1940 y le pidió a Discepolín, como le decían a Enrique Santos Discépolo, que le hiciera la letra. Éste ya había escrito otras bellísimas letras de tangos como Cambalache, Esta noche me emborracho y Yira, Yira.


Así que Mores le dio la partitura a Discepolín y se olvidó del asunto hasta tres años después, cuando su amigo le entregó una letra preciosa que fundida con esa música celestial ya forma parte del acervo discográfico de millones en todo el mundo.


El compositor hizo la música de películas como Senderos de fe, protagonizada por Amanda Ledesma, la actriz argentina que vino a México en 1944 a filmar junto a Jorge Negrete “Cuando quiere un mexicano”, que en Argentina se llamó “La gauchita y el charro”.


Compuso también la música de “La doctora quiere tango”, película interpretada por Mirtha Legrand, quien es conocida en México por filmes como Violación (La Patota, en Argentina, con José Cibrián) y “La Cigarra no es un bicho”, que realizó junto a Luis Sandrini.


El 18 de febrero pasado, cuando Mariano cumplió los noventa, recibió un gran homenaje del pueblo argentino.

 

El creador de “Adiós, pampa mía” nació en el barrio de San Telmo, en Buenos Aires y su verdadero nombre es Mariano Alberto Martínez, pero muchos años antes había formado el Trío Mores, junto a las hermanas Margot y Myrna Mores. Se casó con esta última (que en realidad se llama Guillermina Morales) y se le quedó el apellido.


Pero volvamos a la grabación de “Uno” en México, hace 25 años. Mariano quería hacer una pista musical de ese tango para su hijo, Nito, como si presintiera que ya no tenía mucho tiempo de vida.


Se grabó la primera parte, idéntica musicalmente a la segunda y pasó a edición a los estudios. Algo sucedió, Mariano y familia se fueron de México intempestivamente, pasaron los meses y nadie recogía la pista.

Habíamos visto por televisión a Nito cantando el tango acompañado por la orquesta de su padre, que dirigía evidentemente el mismo Mariano Mores.


En mayo del siguiente año (1984) nos enteramos de la trágica noticia, Marianito acababa de fallecer. Su papá estaba destrozado, tenía puestas sus esperanzas como sucesor en un hijo que lo abandonaba en la flor de la vida. Quedaban solos la esposa de Nito, Claudia y sus hijos.


Uno de ellos, Gabriel, es quien ahora canta los tangos que la orquesta de su abuelo toca, dirigida todavía por Mariano Mores con noventa años de edad a cuestas, pero como si fueran 25, los que han transcurrido desde que perdió a su adorado hijo y los mismos que ha invertido para ver crecer a otro Mores, que deberá tomar la estafeta al frente de la orquesta algún día.


El ingeniero Camacho hizo una copia de la cinta con la pista de “Uno” y me la regaló. Hace poco la digitalicé y la edité con el Pro Tools en la computadora para que pudiera cantarse el tango con la letra completa. Es así como soy dueño de esa joya musical que es la pista con la música original grabada por Mariano Mores y su orquesta.


Pero curiosamente, hace unos días, se la puse a un amigo coleccionista de tangos, muy conocedor, con un magnífico oído musical, y él me dijo que la había oído en la radio argentina con la voz de Nito. La misma pista. Eso significa que Mariano Mores de alguna manera recogió la pista en el estudio, tal vez alguna copia hecha por alguno de los directivos y se la llevó a Argentina, donde alcanzó a ver realizado su sueño de tener grabado el tango con la voz de su pequeño (los padres vemos siempre a nuestros hijos pequeños, no importa la edad que tengan).


Ese pequeño que ahora de alguna manera renace con el nieto, Gabriel Mores, la nueva voz de la orquesta de Mariano Mores.


Queda la letra de UNO como homenaje a los 90 años del maestro y a los 25 de la última visita que hizo a México con su hijo, ya fallecido:

 

Uno, busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias.


Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina.


Uno va arrastrándose entre espinas y en su afán de dar su amor, sufre y se destroza hasta entender, que uno se quedó sin corazón.


Precio del castigo que uno entrega por un beso que no llega o un amor que lo engañó. ¡Vacío ya de amar y de llorar tanta traición!

 

Si yo tuviera el corazón, el corazón que dí, si yo pudiera como ayer querer sin presentir.


Es posible que a tus ojos que me gritan tu cariño los cerrara con mis besos. sin pensar que eran como esos otros ojos, los perversos, los que hundieron mi vivir.


Si yo tuviera el corazón, el mismo que perdí, si olvidara a la que ayer lo destrozó y pudiera amarte, me abrazaría a tu ilusión, para llorar tu amor.

 

Pero, Dios te trajo a mi camino sin pensar que ya es muy tarde y no sabré cómo quererte.


Déjame que llore como aquel que sufre en vida la tortura de llorar su propia muerte.


Pura como sos, habrías salvado mi esperanza con tu amor. Uno está tan solo en su dolor, uno está tan ciego en su penar.


Pero un frío cruel que es peor que el odio, punto muerto de las almas, tumba horrenda de mi amor, maldijo para siempre y me robó toda ilusión.

 

Si yo tuviera el corazón, el corazón que dí, si yo pudiera como ayer querer sin presentir.


Es posible que a tus ojos que me gritan tu cariño los cerrara con mis besos. sin pensar que eran como esos otros ojos, los perversos, los que hundieron mi vivir.


Si yo tuviera el corazón, el mismo que perdí, si olvidara a la que ayer lo destrozó y pudiera amarte, me abrazaría a tu ilusión, para llorar tu amor.

 

 

 

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