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La Quintacolumna

de Mario Alberto Mejía

quintacolumna2005@gmail.com


 

 

 

 

 

 

Ardelio Vargas-García Luna (la Otra Guerra sin Cuartel)

 

 

 

Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública, es el genial creador de dos frankensteins: La Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y la estrategia para combatir a la delincuencia organizada (UF).
Si nos vamos a los hechos, ambas tareas tienen encima el peso de su propio fracaso. (Por supuesto: el de García Luna).
Tiene razón la periodista Lydia Cacho, quien escribió ayer en su columna de El Universal a propósito de la toma de instalaciones de la AFI que pergeñaron, la semana pasada, los efectivos de la Policía Federal Preventiva, subordinados de García Luna:
“Los argumentos de García Luna hoy contra la AFI son los mismos que utilizó en 2001 para desaparecer a la Policía Judicial Federal. La ineficacia, la corrupción y la falta de vinculación interinstitucional. La diferencia es que la AFI es su propia creación multimillonaria. (…) Una declaración constante de García Luna de 2001 a 2005 fue que la multimillonaria inversión para crear la AFI estaba protegida en un marco legal sólido; que en 5 años estaría desplegado en todo el país combatiendo al crimen del lado de la sociedad. Presumió el número de bandas de secuestradores atrapados en 2003... ¿Le suena?
“El 16 de febrero de 2005, García Luna declaró que la AFI era ‘una policía de exportación’. En septiembre de 2008 destruye a su criatura. Hay afis corruptos, es cierto, pero también los hay honestos, con licenciaturas en sicología, derecho y sociología, entrenados en España, Israel y Estados Unidos. Cientos de especialistas ‘de exportación’ van a ser destituidos de la AFI con el mismo rasero.”
Eso dice Lydia Cacho.
Y surgen las dudas: ¿quién es García Luna?
Este personaje oscuro nació en las entrañas del Cisen al lado del vicealmirante Wilfrido Robledo, hoy de capa caída, quien fue su jefe en esa época.
Eran los tiempos en que Alberto Amador Leal era secretario general del CISEN.
Por ahí andaba también, aunque en otra posición, Ardelio Vargas Fosado.
Hasta donde se sabe, que no es mucho, Ardelio y García Luna no se llevaban bien.
Menos aún cuando a inicios del sexenio de Felipe Calderón el ex presidente municipal de Xicotepec de Juárez fue nombrado jefe de toda la policía del país.
Es decir: fue convertido en el superpolicía de México, lo que no le gustó para nada al secretario de Seguridad Pública.
Pero el gusto le duró a Ardelio Vargas solamente cuatro meses.
Así consignó este hecho Arturo Rueda en su columna del 2 de abril de 2007:
“A mediados de diciembre, a su posición como comisionado de la Policía Federal Preventiva sumó el de director de la Agencia Federal de Investigaciones. En conjunto, AFI´s y PFP suman más de 40 mil efectivos.
“El Presidente Calderón le dio un poder absoluto para combatir a la delincuencia y al crimen organizado.
“(…) Solamente que el auténtico secretario, Genaro García Luna, se cansó de soportar sus desplantes y le pidió su cabeza al Presidente.
“Calderón la concedió.
“Al rescate de Ardelio entró su valedor eterno, Eduardo Medina Mora, quien lo designó al frente del Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia de la PGR”.
Dos días antes de la caída de Ardelio, Raymundo Riva Palacio adelantó varias fichas en su columna Estrictamente Personal:
“En el lugar menos esperado, el gabinete de seguridad, una serie de intrigas palaciegas está afectando la labor del secretario García Luna.
Genaro García Luna fue el último miembro del gabinete de seguridad en ser nombrado por el presidente Felipe Calderón, y el primero en rendir frutos. Un trabajo acumulado como director de la Agencia Federal de Investigación (AFI) le permitió arrancar la administración con un buen trecho avanzado, que se juntó con la necesidad del nuevo Presidente de dar claras señales que se encontraba al mando. En uno de sus primeros acuerdos, convenció a Calderón de que todas las policías federales pasaran bajo su mando único a fin de ir integrando una policía nacional, y que el Ejército y la Marina se involucraran en el combate al narcotráfico. Le compraron completamente la idea y el resultado fueron los operativos contra la delincuencia organizada en todo el país.
Calderón ha recibido elogios de todo el mundo por el trabajo realizado en ese campo durante el primer trimestre de su gobierno, pero García Luna está lejos de estar disfrutando las primeras mieles de sus éxitos. Al contrario, el secretario de Seguridad Pública federal se encuentra metido en una serie de luchas intestinas dentro de los estratos más altos de la burocracia y presiones desde Los Pinos, de las cuales no se sabe cómo vaya a salir.
García Luna superó sus primeras pugnas con el procurador general, Eduardo Medina Mora, en un decantamiento natural de funciones y responsabilidades. Pero el problema le estalló en casa. Como parte de su gran diseño de policía nacional, logró la aprobación presidencial para integrar a la AFI con la Policía Federal Preventiva (PFP), que dependía de la PGR, y puso al mando de ambas a Ardelio Vargas, un hombre muy experimentado en operaciones tácticas que trabajó con García Luna en el Cisen, en donde estuvo comisionado en Chiapas y en Oaxaca tras el levantamiento del EZLN, y que últimamente había sido jefe del Estado Mayor de la PFP.
Vargas, que durante años fue par de García Luna, comenzó a resentir desde el arranque de la administración calderonista no sólo la jerarquía de quien había sido su igual, sino que García Luna le colocara una serie de mandos mucho más jóvenes que él y a quienes no les reconocía capacidad superior. Conforme pasó el tiempo las tensiones se fueron incrementando y García Luna comenzó a recibir presiones de distintos lados por la inconformidad de su subalterno. El argumento del secretario, de acuerdo con personas que conocen del caso, era que su equipo estaba probado desde la AFI, y que si se deseaban resultados lo debían dejar trabajar. Hace un par de semanas, durante un acto oficial, el presidente Calderón lo respaldó públicamente.
“La situación no ha mejorado. Vargas quería ir con el presidente Calderón para quejarse personalmente de García Luna y exponer las razones de su caso, pero hasta donde se sabe, esa cita no se ha dado, ni se dará. El actual titular de la AFI y comisionado de la PFP ya presentó su renuncia, pero no se la han aceptado. Según personas que saben el desarrollo de estos acontecimientos, García Luna está buscando un reemplazo para Vargas, pero no se conocen, hasta este momento, las opciones que pueda estar manejando. Vargas será reubicado en otra función con otros jefes, y García Luna podrá seguir operando, tal y como lo deseaba, con el equipo de confianza, joven pero de resultados, que ha venido colaborando con él desde la AFI en el sexenio pasado. Este fuego se apagará, pero no es el único que tiene en su pradera”.
Hasta aquí la larga y necesaria cita.
Quedan varias claves en el camino.
Y varias rencillas en el hígado de García Luna.
Y es que, ya se ve, se ha conducido más bajo el influjo de la bilis que del cerebro.
O para decirlo claro: ha antepuesto sus odios personales al interés público.
Lo peor es que en manos de este personaje –salpicado de odios y fobias- se encuentra la seguridad pública nacional.
Y todavía nos preguntamos por qué ocurren hechos como el de Morelia.

 

 

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