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Alfonso Diez

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La mujer de sus sueños

 

 

Hace unos días, un individuo vio a una mujer rubia en un restorán de Helsinki y quedó flechado de inmediato, no pudo dejar de verla, la estuvo observando durante toda la cena y finalmente, cuando ella se levantó para retirarse, no tuvo el valor suficiente para acercarse a ella, presentarse, preguntarle su nombre, su teléfono, hacer algo que le permitiera poder verla en el futuro; simplemente se quedó paralizado en su lugar y cuando reaccionó ya era tarde: esa era la mujer de sus sueños y la dejó ir.


El caso es real, los periódicos dieron la noticia el pasado jueves 2 de abril porque un día antes, el individuo mencionado pagó un desplegado a toda plana en un periódico de la ciudad solicitando, a quien tuviera información, le diera los datos de la mujer rubia que él había visto cuando estaba cenando. Pagó 20 mil euros por el anuncio, alrededor de 26 mil quinientos dólares, cerca de 400 mil pesos para localizar a la mujer de sus sueños.


Parece algo increíble, pero no lo es. Toda proporción guardada, sucede con frecuencia que una persona se emociona con otra cuando la ve partir, o cuando la ve lejana y cuando la tiene al alcance de la mano se arrepiente. Un ejemplo es el de la que se emociona con el artista, lo idolatra, difícilmente se le va a acercar, pero si lo hace, cuando se da cuenta que se trata de un ser de carne y hueso se arrepiente y lo deja ir.


Es lo que sucede en la película il Sorpasso, filmada en 1962, con Vittorio Gassman y Jean Louis Trintignant (éste saltó a la fama con Un Hombre y Una Mujer): van los dos en el carro deportivo convertible de Gassman persiguiendo por la carretera a dos turistas alemanas que van en otro convertible, ellas se dan cuenta y cuando llegan a su destino le dice una a la otra: “vas a ver cómo ahora que nos hemos detenido se van a retirar” y eso pasa, le dice Gassman a su compañero: “sabes qué, mejor vámonos, ni están tan guapas” y se da la vuelta.


Es la obsesión por conquistar al sexo opuesto, pero cuando la posibilidad es real pierden el interés. Cuando en “Propuesta indecorosa” Robert Redford le paga al esposo de Demi Moore para que lo deje acostarse con ella, y finalmente ella acepta y se va a la cama con él, ha logrado su objetivo, pero éste obedece a otro arquetipo, es un ganador, consigue lo que se propone y no se da la vuelta hasta lograr su objetivo, por algo es multimillonario.


En “Un favor muy especial” retratan el cuadro fielmente: Rock Hudson es un abogado que gana cualquier juicio seduciendo a la juez, o a la abogada de la parte contraria, es codiciado por las mujeres y él se aprovecha. Charles Boyer se da cuenta del éxito de Rock con las mujeres y le pide “un favor muy especial”, quiere que conquiste a su hija, una psicóloga que rechaza a cuanto pretendiente se le acerca. El seductor acepta, pero la psicóloga descubre el trato entre su padre y el nuevo pretendiente y elabora un plan para destrozarlo, le hace creer que él la ha cambiado y como consecuencia ella se acuesta con quien se le pone enfrente, arma orgías de alcohol y sexo… (todo fingido) Y Rock se desmorona. Al final se casan, y el suegro le pide otro “favor muy especial” mientras observan tras la ventana del cunero a la mujercita que acaba de nacer, que le dé un nieto hombre; la cámara se eleva y se puede observar que los acompañan otras cuatro mujercitas, la que nació es la quinta, uno más sería el sexto “favor muy especial”.


La moraleja en el caso anterior es el “estira y afloja” que aplica la psicóloga con su pretendiente y con eso lo desmorona y lo conquista realmente.


En Casanova 70, Marcelo Mastroiani trataba de conquistar a las mujeres que ofrecían algún peligro y al final, la que lo conquista tiene la solución para conservarlo: todas las noches, para poder acostarse con ella, tiene que saltar por una ventana a una pequeña cornisa para alcanzar el balcón de la recámara conyugal. Cada noche un peligro para estar con su amada.


Pero volvamos al que vio a la mujer de sus sueños en Helsinki y pagó un desplegado periodístico de 400 mil pesos para localizarla. Parece sentirse muy seguro de sí, porque hay mucho parámetros a considerar: Si la encuentra, ¿Estará ella disponible? ¿Será él tan atractivo para ella como lo es ella para él? ¿No se arrepentirá él finalmente, como los de il Sorpasso? ¿Dado el dinero que invierte, cometerá la tontería de ofrecérselo a ella, como el de Propuesta indecorosa? Esto último acabaría con el cuadro romántico que tenemos ahora. Pero, ¿La encontrará?


¿Y cómo se explica la obsesión descrita, el afán de conquista por sobre todas las cosas? Es el amor del don Juan, que no es amor a ellas, sino a sí mismo. Es el amor narcisista, que ama en tanto lo amen. El amor verdadero no es narcisista, se le llama objetal: se ama por las cualidades del otro, no por los condicionamientos propios.


La novela de Zorrilla lo plasma perfectamente, pero al final cambia la personalidad del don Juan y hace una concesión que lo hace enamorarse; en consecuencia, ya no es el verdadero don Juan. El Burlador de Sevilla, de Tirso de Molina es el verdadero don Juan, sin concesiones.


Así que, habrá que esperar que el de Helsinki no siga este esquema: “te quiero, te deseo, pero si te tengo ya no te quiero”. El objeto del deseo queda devaluado cuando cede.


¿Descubrió en verdad a la mujer de sus sueños? ¿Qué disparó el deseo por encontrarla? ¿De qué parte de la personalidad del de Helsinki salió el esquema que le dibujó a la mujer soñada? No hay que buscar mucho, basta recordar lo que decía el psicoanalista Santiago Ramírez, a partir de Freud: “Infancia es destino, los primeros siete años de vida son el troquel temprano del que partirá la manera de actuar, de reaccionar del individuo; le imprimen su sello a los modelos de comportamiento posteriores”. “La conducta en forma reiterada, estereotipada y constante, se repite”.


¿Neurosis obsesiva? O cualquier otra cosa. Finalmente, estamos hablando del ser humano, ¿Qué tiene de raro que se comporte como tal?.

 

 

 

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