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Alfonso Diez

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Tras las huellas de Stephen Hawking


¿Qué fue primero, la materia o el espíritu?

 

 

 

Esta historia comienza en 1962. Stephen Hawking comenzó mal el día, era tal la debilidad que sentía en las manos que no se podía amarrar las agujetas de los zapatos; conforme pasaban los días fue perdiendo movilidad, llegó un momento en que ya no podía ni caminar. Le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad de las neuronas motoras, incurable y fatal. Los médicos le pronosticaron dos años de vida y a la fecha, 47 años después, sigue vivo.


Hace unos días fue internado en un hospital muy enfermo, pero sigue luchando. Confinado a una silla de ruedas, ni siquiera puede hablar ni escribir, pero es tal su deseo de vivir que cuando uno de sus biógrafos le preguntó si era dichoso, él le respondió: “Sí, lo soy, no puedo mover un solo músculo, pero conservo íntegra mi inteligencia y eso para mí es más que suficiente”.


Logra comunicarse gracias a un dispositivo conectado a una computadora que capta los movimientos de sus ojos, de esa manera ha escrito varios “Best Sellers”, incluida la famosa “Breve Historia del Tiempo”.


Tiene tal sensibilidad, tal capacidad de reflexión e intuición que, con esos atributos, sumados a sus conocimientos de física, ha logrado explicar muchos de los secretos del universo. Muchos lo llaman el sucesor de Newton y Einstein


Se le puede citar por muchos de sus planteamientos. Algunos son apasionantes, como el que se refiere a la creación, o no, del universo; dice Hawking que “siempre me molestó profundamente que las leyes de la física fracasasen intentando explicar los comienzos del universo, porque eso implicaba que podían fracasar en cualquier otra circunstancia. De ahí que desarrollé la Propuesta de Ausencia de Límites, que elimina la singularidad del principio”; es decir, su propuesta hace ver que el universo no tiene principio y en consecuencia no fue creado; por lo tanto, no hay ni hubo un Dios que lo creara.


No estaba peleado con la Iglesia. A propósito de una de sus exposiciones dijo que: “Me alegro de que entonces el Papa no se haya percatado de que en la conferencia que pronuncié se sugería la posibilidad de que el espacio-tiempo fuese finito pero sin límites, lo cual implica que no tuvo comienzo, que no hubo un momento de creación”.


Éste planteamiento nos lleva a una de las preguntas fundamentales de la filosofía que hemos solamente tocado de paso en otros “Personajes”: ¿Qué fue primero, la materia o el espíritu? La respuesta a esta pregunta nos sitúa en uno de los dos grandes campos del pensamiento filosófico a que se reducen todas las doctrinas: Materialismo o Idealismo. Veamos los escenarios:


1.- La religión, cualquiera que sea, plantea la idea de un Dios creador de todas las cosas; de ser esto cierto, primero fue el espíritu (el verbo, la idea, la energía, el pensamiento) y luego la materia, creada por el primero.

 

Si lo aceptamos, tenemos que imaginar que hace miles de millones de años vagaba por la nada un espíritu al que “se le ocurrió” que debía existir la materia y la creó tan solo con pensarlo (de la manera en que lo narra la Biblia o de la que más nos guste); en consecuencia, la materia sería proyección de la energía (el espíritu).

 

Esto es el Idealismo y en este campo caen todas las religiones, sin importar la variante de que se trate.


2.- La materia nunca fue creada, no se puede crear ni destruir, sólo transformar, tal como plantea precisamente una de las leyes de Lavoisier: “Nada se crea, nada se destruye, sólo se transforma”; por lo tanto, la energía existe porque existe la materia, no al revés. Si hay luz, es porque existe un sol o un simple foco que la proyecta; si pensamos, es porque tenemos cerebro, no porque tengamos un espíritu encajado dentro de nuestro cuerpo; si podemos ver televisión es gracias a los equipos transmisores que están radiando ondas electromagnéticas por medio de antenas o, dicho de otra manera: la energía (el pensamiento, la idea) existe como proyección de la materia y no al revés. Éste es el Materialismo.


Imaginemos el punto 1: Una energía que salió de la nada permanece estática, no va a ningún lado porque no hay “lado”, de qué, si no hay materia, no existe, lo único que existe es esa energía y de repente ésta crea la materia en todas sus infinitas formas, crea la luz, crea a los seres vivos y, en consecuencia, la energía ya no es lo único que existe, ya hay un universo, que abarca todas las cosas que tal energía acaba de crear ¿Cómo? Imposible saberlo, pero el idealismo así plantea la creación de la materia, dependiendo de la filosofía o religión de que se trate. En religiones como la católica “se conoce” la representación del hijo de Dios, Jesucristo, pero nadie puede decir cómo es el padre, Dios, porque no hay manera de saberlo; así que cuando se ven representaciones de la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son ideadas por quien las elaboró, porque nadie puede saber cómo son el Padre y el Espíritu Santo y resumiendo lo expuesto debemos concluir que el Padre es sólo energía pura.


Ahora imaginemos el punto 2: Hace millones, de millones de años era lo mismo que ahora: el universo, galaxias creciendo, desarrollándose, transformándose; sistemas solares por cientos de miles que contienen planetas y estrellas parecidas o no a la nuestra, el sol. Energía en forma de luz, y de sonido que se propaga gracias precisamente a esa materia, porque de otra manera no podría darse. Y así seguirá por millones de millones de años. ¿Hasta cuando? De manera infinita: nunca fue creado, porque sería absurdo pensar en que de la nada apareciera, y nunca desaparecerá, porque la constitución de la materia hasta la ínfima partícula constituyente de un átomo no puede desaparecer así nada más.


Basta reflexionarlo: ¿Qué es más fácil de creer?: ¿Todo fue creado de la nada o el universo siempre ha existido? ¿El punto 1, o el 2?


Un  análisis detallado de todas las doctrinas filosóficas, decíamos, conduce finalmente a cualquiera de los dos campos trazados en los párrafos anteriores; claro que no es el objetivo de este Personajes hacer tal análisis porque ni siquiera cuenta con el espacio necesario, pero para el efecto de explicar con una simple reflexión filosófica la Propuesta de Ausencia de Límites de Hawking (que él explica con planteamientos de Física y Matemáticas) es suficiente.


Sirva esta pequeña reflexión como homenaje al gran físico que se debate entre la vida y la muerte, tras casi medio siglo de parálisis corporal, pero con una inteligencia fuera de serie.

 

 

 

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