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Alfonso Diez

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El Poder Tras el Trono


La Verdadera Fortuna de Porfirio Díaz


Segunda parte

 

 

En el Personajes anterior “retomamos” el tema de la verdadera fortuna de Porfirio Díaz —planteado desde hace años por el autor de estas líneas— en vista de que estos días previos a los festejos del Bicentenario —100 años de la Revolución y 200 de la Independencia— son el momento propicio para develar misterios y derribar tabúes.


Las preguntas hechas en diversas ocasiones en este espacio son como puntas de la madeja que hemos ido desenredando: ¿Quiénes financiaron la Revolución Mexicana? ¿A cuál de las facciones revolucionarias apoyaba Porfirio Díaz? ¿Metió las manos? Tras su muerte, ¿Qué sucedió con su fortuna? Y ¿Quiénes integran ese poder tras el trono que persiste a la fecha?


Casi al término de su mandato como presidente de México, en 1884, funda el general Manuel González el Banco Nacional de México, con fuertes intereses financieros tanto de su parte como de Porfirio Díaz en la institución. González quería el control y fundó el banco antes de dejar el poder.


Se ha hablado de rompimiento entre Díaz y González al asumir el primero el poder por segunda vez e incluso se le atribuyen al presidente González algunos atentados en contra de Porfirio Díaz para que éste no llegara a la presidencia.


El hecho es, sin embargo, que cuando Porfirio Díaz se encontraba ya en el exilio, en París, uno de los hijos de Manuel González, Fernando González de Arteaga, era asesor y compañero constante del presidente depuesto. El expresidente González había fallecido el 8 de mayo de 1893 —siendo gobernador de Guanajuato— y su cadáver fue conducido el 11 del mismo mes y año a la Rotonda de los Hombres Ilustres del panteón de Dolores. Fernando mismo ocupó importantes puestos durante el gobierno de Díaz.
Así que, con ruptura o sin ella, con atentados o no la liga Díaz-González persistió.


Como director del Banco Nacional de México fue nombrado Manuel González de Arteaga y tenía comunicación constante con su hermano Fernando, mantenían informado al exiliado Díaz, el poder financiero nunca se perdió.


Por otra parte, hay que tomar en cuenta que Díaz no fue “echado” de la presidencia, renunció a ésta legalmente.

 

 

Las cartas de Porfirio Díaz

 

Ejemplo de la relación con el expresidente, y aunque parezca increíble, es la correspondencia del gobierno de Madero con Díaz, que fue copiosa.


José González Salas, secretario de Guerra y Marina, manda a Díaz su “patente de retiro” por instrucciones del presidente Madero, el 10 de enero de 1912, otorgándole una pensión anual.


Ernesto Madero, secretario de Hacienda y Crédito Público, le escribe a París el 19 de abril de 1912 agradeciéndole que haya cedido su pensión a favor del Colegio Militar y de la Escuela de Aspirantes.


En otra carta, del 10 de agosto de 1912, Ángel García Peña, sucesor como secretario de Guerra y Marina de González Salas, pero todavía con Madero como presidente, le agradece a don Porfirio las fotos que mandó para los documentos de retiro y pensión.


Hay más correspondencia. Tras el asesinato de Madero y Pino Suárez, el intercambio epistolar continúa con el gobierno de Victoriano Huerta.


El 20 de mayo de 1914, Aureliano Blanquet, nuevo secretario de Guerra y Marina le avisa al General de División Porfirio Díaz que el Senado ratificó el día anterior su nombramiento —de Díaz— como General de Cuerpo de Ejército, conferido por el Presidente Interino de la República.


Porfirio Díaz mantuvo comunicación personal con los que detentaban el poder, tras su renuncia, hasta que las circunstancias lo permitieron.


Hay que recordar que aunque los “Tratados de Teoloyucan” se firmaron el 13 de agosto de 1914 y con ello la rendición total del gobierno de Victoriano Huerta —éste ya había huido—, Venustiano Carranza seguía en movimiento continuo y eso dificultaba el vínculo con Díaz ya que, de todas maneras, la lucha de facciones persistía; además, el 2 de agosto de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, Díaz estaba en Biarritz y regresó a París en mayo de 1915 pero al poco tiempo murió, el 2 de julio del mismo año.

 

 

Quién manda en el banco

 

Agustín Legorreta López Guerrero estudió en la Ecole de Haudes Commerciales de París, e ingresó al Banco Nacional de México el 6 de diciembre de 1931, al Departamento de Organización. Fue nombrado subdirector en agosto de 1943, director general en 1952 y presidente del Consejo de Administración el 18 de marzo de 1970.


Manejaba cuantiosas inversiones —entre otras la Fábrica de Papel San Rafael, entre cuyos accionistas estuvo Porfirio Díaz— y heredó el cargo a su hijo, Agustín Legorreta Chauvet. Este último nació en 1935, pocos años después de llegar su padre a México, y estudió también en París, en la Ecole des Roches, después estuvo en el Banque de Paris et des Pays Bas; fue nombrado director general del Banco Nacional de México en 1971, posteriormente de la Asociación de Banqueros de México.


En otras palabras, el banco que fundaron Porfirio Díaz y Manuel González, que durante años manejaron estos directamente, quedó en manos del mismo grupo, de sus sucesores; lo siguieron manejando hasta antes de la nacionalización realizada por el presidente López Portillo y con él algunas de las cuantiosas inversiones que dejó Porfirio Díaz.


Ésta es una buena pista para seguir el rastro del resto de la fortuna en el extranjero.


La nacionalización de la banca tuvo repercusiones más profundas de lo que se piensa.


El dinero no conoce fronteras.


En México, los grupos de poder financiero buscaron una unión más sólida, tocados como fueron por el mismo golpe.


No olvidemos que en el pasado Venustiano Carranza incautó los bancos y Álvaro Obregón los devolvió pagando intereses muy fuertes.


“El Caudillo” no pudo conservar el poder financiero y a lo más que se llegó fue a crear el Banco de México, durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, para controlar la banca, pero sucedía lo contrario.


La reversa a la nacionalización de JLP comenzó con el presidente Salinas de Gortari, con la venta de las empresas en poder de la banca nacionalizada, luego con la venta de los bancos nacionalizados y el remate de casi todas las empresas en poder del gobierno.


Como si fuera una espiral dialéctica.


Podríamos decir que de la historia aprendemos cuál será nuestro futuro, pero tras el derrumbe del mundo socialista la pregunta que queda es si hay una tercera vía.


Carranza incautó los bancos, Obregón los devolvió; López Portillo expropió la banca, Salinas de Gortari dio marcha atrás y remató al mejor postor… (continuará).

 

 

 

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