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La Quintacolumna

de Mario Alberto Mejía

quintacolumna2005@gmail.com


 

 

 

 

Beto Ventosa y el Riesgo de Vivir en un Trapecio

 

 

 

Ayer empezó a circular una versión: “Beto Ventosa está en una cárcel de San Diego, California”.
El rumor me estremeció.
Pensé en el Beto que se comía el mundo y al que conocí en distintos momentos: en TLCable de Puebla, en el periódico Cambio, en el Palacio de Charlie Hall, en su casa de La Vista, etcétera.
Luego me dieron más detalles relacionados con su detención, detalles, por cierto, que no borran la imagen del amigo al que conocí en 1998, fecha en la que trabajé con él por primera vez.
Hay que decirlo: su personalidad apabullante le generó muchos problemas y le ganó enemigos formidables.
No podía ser de otra manera.
Hoy, algunos de esos enemigos seguramente debe de estar celebrando la detención de Beto en algún lugar del mundo.
Es la ley de la vida, pero me resisto a creer que a alguien le dé gusto la tragedia del otro.
No es de amigos ni de enemigos.
Y es que nadie quisiera estar en el lugar de ese otro cuando la vida ofrece su otro rostro: el de la desgracia.
Beto está en los separos de una cárcel por una deuda de juego con un casino estadunidense.
Fue el riesgo que eligió: vivir con la adrenalina a fondo en espera de la suerte o de su antagonista.
Así vivió su carrera como dueño de medios de comunicación, equipos de futbol y empresario taurino.
Y así seguramente estará hoy frente a la ruleta de la vida.
Ojalá le sea leve este periodo de incertidumbre.
Y desde aquí: un abrazo.
Por cierto: fue gracias a Beto Ventosa en TLCable de Puebla cuando tuve la oportunidad de trabajar de nuevo con Alejandro Mondragón.
(La primera vez fue en las oficinas del entrañable El Universal de Puebla).
Más adelante, y a iniciativa del propio Beto, Alejandro y yo compartimos los micrófonos en un noticiero matutino.
Ahí aprendí los ritmos de la radio y la fuerza y el impacto que puede tener una frase demoledora.
Ayer me enteré también del fallecimiento de la señora madre de Alejandro.
Y yo que vengo de donde él está sé cómo se debe de estar sintiendo.
Por eso, también desde aquí, le mando a Mondragón un abrazo entrañable.

 

 

 

Contra los Murciélagos, las Cucarachas y los Ratones. De Ricardo Velázquez se pueden decir muchas cosas: que es un abogado estudioso y excepcional, que es un amigo de a de veras, que es un lector atento y disciplinado.
Metido en una memoria prodigiosa, el abogado Velázquez no se amilana ante nadie.
Así lo demostró a lo largo del año 8 meses que duró el caso Marín-Cacho en la Suprema Corte de Justicia, donde alternó con ministros y abogados de primerísimo nivel.
Y vaya que esa experiencia le sirvió.
Y muchísimo.
En otras palabras: le dio una rara aura y un discurso apabullante: mesurado e inteligente.
Queda claro que Ricardo será en los próximos días magistrado del Tribunal Superior de Justicia, espacio al que tanta falta le hacen el debate y la modernidad.
Y es que, hay que decirlo, si hay una institución añeja en la Puebla levítica ése es precisamente el Tribunal.
Estoy seguro de que a la llegada de Ricardo, los murciélagos y las telarañas se mudarán de edificio.
En su lugar llegará la Ilustración, al más puro estilo de la cultura francesa.
Ojalá sea por el bien de la Justicia en Puebla. 

 

 

 

La Guerra de Troya en el PRI municipal. En el Olimpo, Eris, La Diosa de la Discordia de la Mitología Griega, fue la única ausente en aquel festín organizado por Zeus.
Llena de ira por el veto, lanzó una manzana que decía “para la más bella…”.
Todas las Diosas se atribuyeron el regalo, lo que generó un gran debate que Zeus tenía que dirimir.
La historia todos la conocemos: Helena de Troya, hija de Píndaro, es raptada por Paris, afrenta que no fue perdonada por Menelao, desatándose la guerra de Troya. Ajax, Aquiles, Patroclo, Ulises y grandes héroes de los aqueos, espartanos y cretenses murieron en esa gran disputa.
En el PRI municipal de Puebla, la Eris o Diosa de la Discordia habita en la persona de Socorro Figueroa Andrade, secretaria general, quien ha mandado infinidad de manzanas envenenadas al Presidente del Comité Municipal del PRI, el polémico Carlos Meza Viveros.
Su objetivo primigenio fue que una vez inscrito Meza como aspirante a diputado federal del Distrito XII, Figueroa asumiría el cargo de Presidenta porque así lo mandan los estatutos.
Nunca previó que Carlos Meza se había auto descalificado para la contienda dos meses antes.
Y lo cumplió.
Su manzana envenenada, pues, resultó inocua.
Con gran frustración, y muy mal asesorada por su pareja sentimental (¿y a él quién lo asesora?), invitó a más de doscientas militantes del PRI a una comilona en donde ofreció lo de siempre: carnitas, chicharrones, guacamole, frijoles y mixtotes.
(No podían faltar las Mirindas y las Freskas. El JB, el Don Pedro, El Bacardí y el Jimador sirvieron como bebidas espirituosas).
Las manzanas fueron cayendo una a una: “Meza es un desgraciado. Ojalá se vaya de diputado y pierda la elección para que se vaya a su Notaría y a disfrutar de sus coches último modelo, para que todos los priístas le digan que eso sí es una mentada de madre”.
De todas las invitadas, llegó el diez por ciento.
Y la comida tuvo que guardarse en grandes refrigeradores para otro evento masivo.
Lo peor de esto para la Eris Priísta fue que no faltaron las mujeres que salieran en defensa del presidente del Comité, quienes le reviraron así: “Ojala el PRI tuviera más militantes como Carlos Meza: autocríticos y defensores del gobernador y de nuestro Partido”.
Otra terció: “No se vale que siendo la Secretaria del Comité, y debiendo apoyar al Partido y al Presidente, te expreses así de él”.
Figueroa enrojeció, echó chispas y estuvo de explotar, pero se calmó.
Nunca contó con que las que asistieron a su gran mansión se dieron cuenta de que habían sido entrampadas, y que el acto no era un acto de unidad de género, ni de cohesión, ni de trabajo partidista, sino un acto en el que Socorro Figueroa pretendía desencadenar la Guerra de Troya en el Comité Municipal del PRI.

 

 

 

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