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En esto creo

 

José Carlos Bernal “Cheche”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No me considero un periodista muy destacado ni mucho menos; cumplía con mi chamba.
Si tuviera que hablar de un maestro, sin duda sería de Fernando Crisanto. No sé si le moleste que lo diga, porque no soy un gran ejemplo de alumno, pero no ubico a nadie más. Fernando me enseñó mucho, me decía: “mira, aquí está este grupo… y por acá tal cosa”, me corregía y decía por donde buscar. Además tengo una relación personal entrañable con él, es mi amigo sobre todas las cosas.


La mejor época de Cambio fue la previa a la que yo estuve, con Mario Alberto Mejía, Sergio Mastretta, Carlo Pini, Fernando Crisanto; la nuestra fue buena; la de hoy —entiendo que mucha gente podrá cuestionarla o no— pero, hace su esfuerzo, periodísticamente busca información y hace su chamba pero, insisto, entre el 90 y el 94 Cambio tuvo una etapa muy, muy sabrosa.


Llegué a Cambio en 1995, Fernando Crisanto me invitó a trabajar en un triple proyecto: el Cambio, Telecable y, lo que en ese entonces era Sí FM —hoy Exa—. Llegué junto con otro excelente amigo: Alejandro Mondragón. En Cambio empecé cubriendo al PAN, al PRI, al Ayuntamiento —intercalado con Oscar Victoria, que en paz descanse—. Estuve cinco años.


Quien no conoce a fondo lo que va a publicar, no es un buen periodista: hay que saber buscar la información, confirmarla, ser leal con tus fuentes; ser ético en términos de no distorsionar la realidad que estás planteando —así seas un reportero de sociales, cultura o deportes—. Un buen periodista debe ser crítico, agudo y sobre todo, ser un buen investigador.


Encuentro que Cambio es un periódico distinto, con una línea diferente de cuando yo trabajé en él. De un cierto tiempo para acá ha adoptado una línea de mucha confrontación con el gobierno —en la época anterior había una relación distinta— pero finalmente, el periódico hizo una apuesta, quienes estaban al frente decidieron optar por este camino, que es muy respetable. No digo que sea mejor ni peor.


Arturo Rueda es un tipo brillante, lo he leído, he platicado y llevo una buena relación con él, pero me parece que su formación como periodista todavía está en proceso. Está como director de un periódico, cuando su paso por la talacha del oficio periodístico no fue, en términos de tiempo o de experiencia, lo que se le podría pedir a cualquier director de un medio. Entiendo que el periódico ha tenido que ajustarse a diferentes circunstancias en la dirección, al cambio de dueños, la colaboración de nuevos personajes…

 

La cualidad más importante de un periodista es la de ser comprometido con lo que observó —sin importar si su percepción es distinta a la del de junto, a la de enfrente, a la del otro periódico— y no distorsionar a partir de compromisos económicos, políticos, etcétera.


Resulta que el loquito que nadie pelaba y que andaba solo repartiendo sus calcomanías acabó ganando las elecciones municipales. Nadie creía que Gabriel Hinojosa pudiera ganar pero, mis jefes en Cambio tuvieron la visión: “hay que seguirlo, hay que ver dónde anda”. A partir de que cubrí su campaña, me hice muy amigo de Gabriel y de muchos panistas. Me gustó mucho haber cubierto las elecciones del 95.


El deporte es apasionante, tiene su valor periodístico pero, nunca tendrá el peso específico que tiene la información política. Antes de entrar a Cambio cubrí deportes, durante varios años, en El Universal.
El periodismo local está en un bachesín: hay mucha oferta; la gente no compra medios impresos, llega poca publicidad, el medio no puede ofrecer a un reportero, a un fotógrafo, un editor, un salario digno, ni pedirle exclusividad, o que no chayotee, el reportero tiene que trabajar en dos o tres medios para completar su ingreso: tiene que andar corriendo, contando sus notas; llega, las escribe, se tiene que ir corriendo para pasar en la radio, todo eso limita la calidad de la información.


A Cambio, como a cualquier medio le pediría fundamentos, mucha más investigación, para sostener lo que de repente se publica. A veces en los medios, en general, se recurre a la publicación de ciertas afirmaciones, que no siempre tienen todo el soporte.


El Congreso del Estado fue una fuente muy complicada pero, me enseñó mucho. Exige mucha disciplina, mucha chamba, horas de espera, subir y bajar, no solamente aguantar la sesión —que puede dilatar cuatro, cinco, siete… diez horas, como algunas nos llegó a tocar— sino buscar la información: quién tiene los datos, cómo resumir en dos cuartillas una sesión de horas y horas…


Dos buenos ejemplos de periodista son Raymundo Rivapalacio y Miguel Ángel Granados Chapa. Miguel Ángel ha sabido estar siempre ahí, como una figura casi mítica, incuestionable, profesional, congruente, ética —a lo mejor sin llegar a ser un santo como Julio Scherer— y se ha ganado el respeto de la gente. Lo admiro bastante, y como columnista está bien informado y es contundente. Rivapalacio también es de lo mejor que hay en México.


En un momento determinado fue valioso el hecho de que Cambio decidiera confrontar al poder político en Puebla, representado por el gobernador del Estado. También me parece que pudo haber algunos excesos pero, de entrada sí hay valentía, por no decir, osadía. Entiendo que el reto de Cambio es seguir siendo una opción en este mundo de periódicos y publicaciones, que cada día son más.

 

En Cambio aprendí a redactar, a buscar información —que a veces era compleja— Cambio me dio la posibilidad de cubrir muchos acontecimientos, de haber conocido a mucha gente.


Al periodismo poblano le hace falta capacitación; de repente —no en todos los casos— el periodismo lo ejercen jóvenes que están estudiando, o que recién terminaron una carrera, en el mejor de los casos, muchas veces, lo ejerce gente que no tiene una formación periodística, una mínima capacidad de redacción, de ortografía. 

 

 

Texto: Elisa Vega Jiménez
Fotos: Tere Murillo / Ulises Ruiz

 

 

 

 

 

 



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