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En esto creo

 

Edmundo Velázquez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi familia en Puebla es Cambio. Yo soy de la Sierra Norte —del Huachipower—

 

De Cambio, reconocería… que seguimos ahí, a pesar de todo lo que hemos dicho, y publicado. La supervivencia que ha tenido el periódico ha sido un logro; haber dicho todo lo que dijimos —van a decir muchos: “ay, lo dijeron porque no tenían convenio, porque les faltaba su chayo” o lo que quieras, pero lo dijimos a diferencia de muchos—.

 

No tener miedo es el primer requisito para ser reportero de policiaca: publicar lo que tú consideras que debe publicarse, tampoco creerte Superman, porque ni eres policía judicial, ni investigador privado, ni madrina de la Procu; debes ubicarte como el reportero que eres, saber elegir fuentes serias, no correr por todo y definir si quieres hacer periodismo de seguridad pública o nota roja —a mí no me gusta el periodismo “Robola, violola y matola”, como del Alarma, no lo considero periodismo—.

 

Mi familia, en Puebla, es Cambio. Yo soy de la Sierra Norte —del huachipower— y conocí Puebla porque mi mamá empezó con sus problemas de cáncer —estaba en la prepa y acompañaba a mi papá muy seguido—, después se hizo más constante porque mi mamá necesitaba más cuidados, a veces era: hacer la tarea en el hospital, cuidarla, sacar mis cartoncitos para dormirme con ella en San José.

 

En e-consulta me dejaron la fuente policiaca, y no pude hacerla, fue cuando renuncié, pensé que no servía como reportero. Retomé la fuente en Cambio, tras presenciar un asalto en Cartier, días antes del último Informe de Melquiades Morales. Llegaron dos tipos con marros a romper vitrinas, a soltar balazos —todo mundo se tiró al suelo— (…) llegó un momento en el que sentí la adrenalina encima y salí corriendo, llegué a la puerta “soy prensa déjeme salir”, me metí a Cartier a escuchar la declaración ante el MP de la señorita. La asaltada estaba privada, el piso lleno de vidrios, y yo, colado como si nada, tomando nota. En ese momento me di cuenta que servía para esto.

 

Quería ser diseñador gráfico pero, soy daltónico deuteronope, o sea, confundo colores de la gama del rojo al verde; café con verde, rojo con rosa, morado con azul, y tuve que desistir. Pero toda esa afición por el diseño gráfico tenía que ver con el periodismo. Cuando era niño mi papá compraba El Universal, y yo veía las tiras cómicas, lo que más me gustaba era el Gato Culto de Paco Ignacio Taibo.

 

¡Qué pena admitirlo! pero, fue por Javier Alatorre que empecé a encontrar al periodismo interesante. Después entré a los medios y entendí que TV Azteca no era lo mejor, ni que Alatorre era la gran cosa.

 

Mi primera orden de información fue hacer una crónica de cómo iba la construcción del Complejo Cultural Siglo XXI —la última obra de Melquiades—: tenía que colarme y describir cuán retrasada iba. Ulises y yo nos colamos, se me ocurrió decir que veníamos del Gobierno del estado, que estábamos haciendo un documental fotográfico, nos dejaron pasar, nos explicaron todo: “sí, estamos muy apurados, vamos muy atrasados”… y les gustó tanto mi trabajo, que en mi primer día —yo estaba a prueba— me dijeron “quedas contratado”.

 

Mi máximo sería meterme de lleno a una agencia —si se diera la oportunidad—, si no, no me frustraría porque también me interesa la docencia; ahorita doy clases las horas que puedo, dicen por ahí que la academia es un buen refugio para los reporteros frustrados, eso me gustaría, empezar a foguear chavos.

 

Muchos dicen ¡es increíble que Selene y tú, vivan, trabajen y escriban juntos!, pero es que somos como hermanos. Al principio la columna (Dios en el poder) la escribían Héctor Hugo y Selene pero, no sé por qué Héctor la abandonó y Selene salió chillando: “no la quiero escribir sola”, y dijeron: “que la escriba Mundo contigo”.

 

Rodolfo me enseñó a escribir mi nombre correctamente. Era sentarnos: “a ver Edmundo qué trataste de decir aquí…” es lo que más le agradezco, que se haya fijado en alguien que no tenía nada de respaldo, sin experiencia, fue el primer loco que nos dio trabajo a Selene y a mí.

 

Ya no puedes revirar, no puedes frenar de repente un vehículo que va a alta velocidad, porque chocas; así sucedió con El Heraldo: terminó siendo un periódico gobiernista, después de haber sido uno de los más críticos, junto con Cambio, La Jornada y e-consulta.

 

Empecé dividiendo las columnas de Rodolfo Ruiz por temas y sub temas y, a mí me encantó porque empecé a ver de qué se trataba. Cuando Selene se dio cuenta que yo ya estaba en e-consulta, me dijo “yo quiero trabajar ahí; pero quiero ser reportera, no hacer lo que tú”, le dije que hablara con Rodolfo y entró, de modo que ella empezó a reportear seis o cuatro meses antes que yo. Cuando vi lo que ella estaba haciendo dije: yo también quiero hacerlo.

 

Un 8 de septiembre de 2001 —el día de mi cumpleaños— mi mamá me dijo: “Voy a rendirme” y lo más curioso es que me regaló —no sé cómo lo consiguió— un libro de pinturas de Dalí, porque sabía que me gustaba mucho. Fue muy fuerte, pero también despertó mi cariño por Puebla. Casi a la par de que falleció mi mamá conocí a Selene.

 

No hay redacción, en todo Puebla, que se lleve tan bien como la de Cambio: nos divertimos, nos burlamos, todos conocemos nuestros defectos, podemos mentarnos la madre pero, después nos volvemos a arreglar: hemos tenido broncas con Rueda, él con nosotros pero, al final somos una familia. Mucha gente no se ha dado cuenta —Efraín, por ejemplo, o Yonadab—.

 

Hasta hace como un año o dos ya no tenía ambiciones, quería ser reportero y ya lo era, que me leyeran, y ya sucedía, entonces, me puse las pilas y me di cuenta que lo que quería era una corresponsalía y, conseguí la de AP. Ha sido un año difícil pero, logré que se fijaran en una de mis historias para un reportaje que se publicó en 60 medios de EU, donde AP tiene presencia, y ahí aparece mi nombre.

 

Mucha gente tiene todavía la curiosidad, y le ha preguntado a otros: “oye, ¿Mundo es gay?”, “pues pregúntale tú” —contestan— y eso es lo más cagado, porque nunca llegan y me lo preguntan.

 

No hay mejor paga que ver que lo que escribes, y eso influye un poco; Cambio publicó que (Guillermo) Pacheco Pulido ya estaba muy madurito y, como al mes se estaba jubilando. No es que diga “yo lo tumbé…” pero, sé que mi periódico influyó para que no siguiera como un patriarca, para siempre en el poder.

 

Desafortunadamente nunca sabemos cuándo podríamos ser parte de la sección policiaca, esas historias que publicamos nos pueden a alcanzar, quizá un accidente automovilístico donde sin quererlo me convierta en el villano de la historia, son tragedias que te tocan y terminas siendo un asesino, quieras o no.

 

A Zeus Munive, Mario Alberto y Rueda les tengo que agradecer, por lo menos, los mejores cuatro años de mi vida. Todos a su modo han sido mis maestros: Zeus sabe cómo inyectarte la pasión para hacer el trabajo; a Mario Alberto le tienes que copiar el estilo para todo, tiene un estilo tan curioso de redactar, de ser, y de llevar a cabo sus relaciones públicas, que terminan convenciendo a mucha gente; Rueda, es una persona sumamente inteligente, maquiavélico hasta cierto punto, que sabe y si no va aprendiéndolo, él me lo ha dicho: “hemos crecido juntos en esta redacción”. Ha sido curioso, porque también me han aceptado tal como soy, no me dijeron “ah, tú, putito, sáquese”, ha habido apertura y respeto.

 

Después de la muerte de mi mamá entendí que la vida no te está esperando, al contrario, sigue corriendo y tienes que hacer las cosas, moverte.

 

Cuando le dije a mi papá que iba a estudiar comunicación me dijo: “No, no vas a encontrar trabajo, tú se ingeniero”, yo le dije, “vas a ver cómo sí encuentro trabajo”, entonces, entre la depresión por lo de mi mamá y el buscar trabajo, me empecé a activar y a hacer el servicio social antes de que me tocara, así fue como entré e-consulta.

 

Llegará el momento en que en los medios, se vea con naturalidad la diversidad sexual, de hecho se ve; tengo compañeras lesbianas, compañeros homosexuales, en varios medios, que abiertamente sus otros compañeros lo saben.

 

 

Texto: Elisa Vega Jiménez
Fotos: Tere Murillo / Ulises Ruiz

 

 

 

 

 

 



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