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Alfonso Diez

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El Santo Grial: afirman que ya lo encontraron

 

 

Alfredo Barbagallo, un investigador italiano que lleva años obsesionado en develar el misterio del Santo Grial, acaba de publicar un estudio de 500 páginas en el que intenta demostrar que el cáliz que se encuentra resguardado en la catedral de Valencia es el que tuvo en sus manos Jesucristo durante la Última Cena.


La noticia no es nueva, la ciudad es promovida por sus autoridades como “La Ciudad del Santo Grial” y sobre la posibilidad de que la vasija que se encuentra en tal catedral sea efectivamente la que dicen, ya un mexicano, Salvador Antuñano Alea, que da clases de Ética y de Escritura Sagrada en el Centro Universitario Francisco de Vitoria, de Madrid, publicó un libro titulado “El Misterio del Santo Grial. Tradición y Leyenda del Santo Cáliz”, en 1999, en el que afirma lo mismo que Barbagallo, pero diez años antes, aunque en un volumen la mitad de grueso del actual. La diferencia estriba en las aportaciones documentales que recién hizo el italiano.


La existencia o no del Santo Grial y su posible paradero ha sido explorado tanto por historiadores de la religión como por novelistas. Ha dado pie a diversas leyendas que lo ubican en España, en Francia, en Roma y en Inglaterra; el mítico Rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda se habrían impuesto la obligación de encontrar la copa que ellos consideraban sagrada.


Pero, ¿hubo efectivamente un Cáliz Sagrado o Santo Grial?


Hay quienes dicen que sí y también quienes lo niegan; de la misma manera que varias religiones comparten la idea de un solo Dios, con diferentes nombres, pero otras rendían tributo a diversos seres divinos: el Dios Sol, la Diosa Luna, el Dios del Agua, el del Trueno, la de la Guerra, cuando en realidad lo que hacían era darle la categoría divina a cualquier fuerza de la naturaleza que no se podían explicar. La ignorancia, el miedo a lo sobrenatural, determinó el surgimiento de los dioses y en consecuencia de las religiones.


Hay también Iglesias que comparten la figura de Jesucristo como punto central de sus rituales y otras que no lo aceptan, es el caso de los judíos que solamente le dan valor al Antiguo Testamento y niegan como divino o sagrado el Nuevo, negando en consecuencia la existencia de un Jesucristo hijo de Dios.


Cada cabeza es un mundo y es el caso tratándose de dios, la religión y Jesucristo. El que niega la existencia de dios, menos acepta que haya tenido un hijo en la Tierra y mucho menos que exista un Santo Grial.


Lo anterior no es nuevo, no estamos descubriendo el hilo negro, pero nos sirve de contexto para responder a la pregunta sobre la existencia o no del Cáliz Sagrado.


El tema se ha hecho popular gracias a la literatura, a la ópera y al cine. Un ejemplo es Parsifal, de Wagner, ópera basada en Percival, personaje creado por el francés Chrétien de Troyes en su relato Le Conte du Graal, de finales del siglo XII; después el inglés Robert de Boron retoma la idea en su poema Joseph d’Arimathie y Estoire del San Graal, en el que por primera vez une las palabras Santo y Grial y de ahí se desprenden todos los relatos posteriores.


Boron dice, en su novela del siglo XIV, que Jesús resucitó, se le apareció a José de Arimatea y le entregó el Grial, que éste llevó a Bretaña; dice también que en esa copa recogió la sangre del resucitado.


Del lado contrario, Michael Baigent publicó una extensa investigación a la que tituló El Enigma Sagrado (The Holy Blood and The Holy Grial) (La Santa Sangre y el Santo Grial) en la que sostiene que las palabras Santo Grial no se refieren a una copa, sino que provienen de Sangre Real y se refieren a María Magdalena, que habría sido la esposa de Jesús y madre de su hija. Lo mismo afirma Dan Brown en su novela El Código da Vinci.


Malcolm Goodwin, por su parte, dice que desde la época de las invasiones de tribus orientales a Occidente, en Europa, el Grial se identificó “con lo femenino y la tierra” y que, por lo tanto, el Grial es en la memoria colectiva el seno materno, lo que se corresponde con lo que afirman Baigent y Brown.


Volviendo a la parte que defiende la existencia del Cáliz Sagrado, el monje John Seen escribió la Crónica o Antigüedades de la Iglesia de Glastonbury, en donde refiere que tanto el Grial como la tumba de José de Arimatea estuvieron ahí.


El cine se ha ocupado mucho del tema, las más conocidas son películas como Excálibur, Indiana Jones y la Última Cruzada (con Harrison Ford y Sean Connery); El Código da Vinci (con Tom Hanks), basada en la novela mencionada antes; La Pasión de Cristo (de Mel Gibson), Rey de Reyes y Los Caballeros del Rey Arturo.


El cáliz que ahora afirma Barbagallo haber descubierto que es el auténtico, el de la catedral de Valencia, es un vaso elaborado con un material llamado calcedonia que mide 7 centímetros de altura por 9.5 de diámetro y está sostenido por una base con asas que se añadió mucho después de su supuesto hallazgo. Tal vez para darle validez al mismo, aunque sin reconocerlo oficialmente, los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI visitaron Valencia y lo utilizaron para celebrar misa.


Otros, que dicen son los auténticos, son El Vaso de Nanteos (mencionado antes, de Glastonbury); El Cáliz de Antioquía, que está en el Museo Metropolitano de Nueva York; el Cáliz de Ardaq (en Dublín), El Caldero de Gundestrup (en Dinamarca), La Copa de Hawstone Park (en Inglaterra), la Copa de Hierro y la Santa Catina de Génova.


Así que, decíamos, la leyenda del Santo Grial comenzó con la aparición del libro de Chrétien de Troyes, de finales del siglo XII, antes de tal texto nadie había hecho referencia al mismo. Todos los análisis e investigaciones, incluida la de Barbagallo, parten de ese relato y de esa época, por lo que sus resultados no se pueden aceptar como prueba de que el cáliz multimencionado ya existía desde el comienzo de la era cristiana, se basan en testimonios y referencias de religiosos que se apoyan en terceras personas y en el “se dice que..”.


Si se es creyente, se acepta la idea de Dios y su hijo Jesucristo y que éste tuvo un cáliz en la mesa de la Última Cena, pero eso no significa que tal recipiente hubiera sobrevivido dos mil años y esté ahora en la catedral de Valencia. En el otro lado de la balanza, como dijimos antes, el no creyente, si no acepta la existencia divina, menos aceptará la de un cáliz sagrado.


La leyenda es bonita, no cabe duda. En la película Excálibur, los Caballeros de la Mesa Redonda recorren caminos inciertos buscando el famoso cáliz; en el Código da Vinci, un grupo de conocedores del caso se dedica a defender a los descendientes de María Magdalena y Jesucristo y su San-gre-real; en Indiana Jones y la Última Cruzada, Henry Jones, padre de Indiana, dedica su vida a buscar el Santo Grial y al final lo localiza.


Son relatos muy bellos llevados al cine, pero son novela, fantasía, que nació a finales del siglo XII y a muchos, como Barbagallo, les gustaría que lo que escribió Chrétien tuviera una base histórica y han tratado de descifrarla, pero no se pueden construir cimientos a una edificación fantástica que nunca los tuvo.


El Santo Grial seguirá, como dicen algunos investigadores, en la memoria colectiva, en la literatura y en el cine, pero no en la historia, ni con los datos recién aportados.

 

 

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