En esto creo
Blanca Teresa Lezama López
Policía municipal, campeona nacional de tiro policial, 26 años

Antes de ser policía fui cocinera del Toks: entré a esto, primero, porque necesitaba trabajo y porque se presentó antes la oportunidad de ser policía que otra cosa; ya después me fue gustando. Desgraciadamente afuera no están muy bien los trabajos.
La primera vez que tuve un arma en mis manos sentí miedo. Después, obviamente te capacitan, te dicen cómo utilizarla y se quita ese tabú. Muchos dicen que con que se te caiga o que si no la tomas bien se va a disparar, pero no es así.
Me preocupé porque la oportunidad se iba de mis manos: llegando a Sonora para las competencias me dio deshidratación extrema, y las competencias eran al otro día, pero gracias a Dios llegué al primer lugar, pese que la gente de allá es muy grande e impone. Desde ahí, fui primer lugar en Guanajuato, primer lugar en Querétaro y primer lugar en Cuernavaca.
El policía no es como lo pintan. Desgraciadamente por unos pagamos todos, yo veo que la mayoría somos honestos y cuando hay alguna situación de peligro, ahí estamos. A veces las noticias nos hacen daño, inventan cosas y la verdad no es así. Más bien siento que el policía hace mucho por tan poco.
Me gustaría llegar a ser Secretaria de Seguridad Pública. Espero llegar.
Empezó la competencia y yo preguntándole a mi compañero “oye ¿cómo se agarra (el revólver)?, ¿cómo se dispara?” Me aventaron como al borras en mi primera competencia. Fue en un congreso de tiro policial donde Puebla fue anfitrión. Dieron temas, y al final hubo una competencia, pero yo pensé que sólo iban a pasar los hombres y no, también las mujeres.
A mi novio le gusta mi trabajo; se siente protegido (risas). Él no es policía, dentro del trabajo no me gusta (una relación).
He tenido la fortuna de que cada vez que llego a un auxilio las cosas se calman, por ejemplo, cuando hay riñas entre mujeres “¡a ver!, ¿qué pasa señoras?, ya estamos grandes”. Trato de generar una comunicación con la gente, en primera instancia, si no funciona entonces pasamos al controlamiento.
Ser policía significa para mí lo máximo, porque no cualquiera se arriesga.
Domino mucho el arma corta, pistolas de .9 mm y revólver. Manejo poco las armas largas por problema de visión; no son mi fuerte. Las sé manejar, sé nomenclaturas, armarlas y desarmarlas.
No hay muchas mujeres policías por miedo a que van a usar un arma de fuego, de que a los delincuentes no les importa si eres mujer, tú eres policía y eres el objetivo a eliminar por parte de ellos. Pero hay muchas mujeres con carácter, yo digo que esto va poco a poco. Al rato vamos a ser más mujeres que hombres.
Si algún día me llegara a tocar caer, sería porque a lo mejor salvé otra vida. No temo por mi vida, pero sí me da miedo perder a mi familia, pero siento que tengo que seguir adelante.
Desde que inicié siempre he dicho: no quiero ser una policía más, y pienso que lo estoy logrando. Mi objetivo es ser más que un instructor evaluador.
Gracias a Dios nunca he vivido la experiencia desafortunada de herir a alguien. Cuando está en peligro eminente tu vida y la de terceras personas, entonces ya no piensas, actúas y lo tienes que hacer, es tu trabajo, pero siempre y cuando haya un peligro inminente, extremo.
Me gustan las labores de la casa, bastante. Cuando tengo los fines de semana libres lavo la estufa, la ropa, barro, plancho y me gusta cocinar.
A veces la gente no se la cree. Me ha tocado llegar y que se me queden mirando, “¿Usted es policía?”, “sí, dígame”. Mejor se ponen a platicar conmigo de su vida personal y se olvidan de lo que les ha pasado.
En una competencia de tiro, lo primordial es pegarle al centro del cuerpo: del inicio del cuello hasta estómago —lo que es el plexo solar—. Si pegas en los brazos, las manos o las piernas, ya no vale.
Mi papá es policía de seguridad privada, anteriormente fue policía estatal pero ya no funge.
Actualmente no participo en operativos, me dedico a capacitar policías en el en Consejo Estatal de Seguridad Pública, estoy comisionada.
Muchos compañeros que ya tienen 15 o 20 años de experiencia, me ven con cara de “¡¿y ésta qué me va a enseñar?!”, pero no, uno llega con positividad. Les habla con respeto, “échame la mano, yo te voy a ayudar…”, siempre he sido muy constructiva, si me critican no lo tomo a mal, al contrario, y a ellos trato de criticarlos pero para su bienestar, y no he tenido problemas.
Siempre que salgo de casa me encomiendo a Dios y le pido regresar, porque en este trabajo no se sabe.
El primer requisito para que una mujer sea policía es que le guste este trabajo, eso es esencial. Y sí, se necesita carácter, porque a veces es difícil estar lidiando, principalmente con algunos hombres que no te quieran dar tu lugar y se ponen al tú por tú, pero por eso nos entrenan, para que controlemos la situación.
No hay ninguna diferencia entre las capacidades y desempeño de un policía hombre y una mujer: ambos tenemos brazos, manos, pies... Como mujer no tengo privilegios, siempre me han gustado parejas las cosas, es lo más justo.
Como policía debes estar consciente de que debes hacer mucho ejercicio; eso primordial, leer, practicar, capacitarse constantemente; como en todas las profesiones, hay que actualizarse.
Cuando se enteró mi familia yo ya era policía. No dijeron nada: me dieron el apoyo suficiente. Con apoyo puedes lograr todos tus objetivos.
Ser justo es responder a lo que la ciudadanía necesita; esa quiere ver sinceridad, honestidad, lealtad, si no hay eso no hay justicia.
Lo que más me gusta es andar en constante movimiento, en operatividad. Apenas, tengo cuatro años como ciclopolicía.
Con todos mis compañeros me llevo bien, nos damos ánimos entre mujeres y los hombres, a veces ellos nos dicen: “ay, debiluchas”, pero todo es de relajo, siempre está el apoyo de nuestros compañeros hacia nosotras, nunca nos han discriminado.
Cuando ingresé a la Policía tuve un recibimiento normal; y como en cualquier empleo, tienes que ambientarte a tu sistema de trabajo.
Texto: Elisa Vega Jiménez
Fotos: Tere Murillo / Ulises Ruiz
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