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En esto creo

 

Duilio Davino

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Tratar de que el Puebla se salve es la única meta que tengo ahora”.

 

Sabía que quería ser futbolista desde que tengo uso de razón. Mi papá fue futbolista y en la familia siempre se respiró en el ambiente el deseo de poder llegar a jugar también.

 

Tienes que aprender a vivir con las derrotas, porque son parte del fútbol. Duelen, y bastante, pero no te puedes caer por perder. Afortunadamente el fútbol da revanchas cada semana.

 

Cuando la vida apenas comienza para unos, para el futbolista ya está acabando, ésta es una carrera muy corta, te retiras muy joven, entonces tienes que plantearte qué vas a hacer.

 

Para mí el Puebla es el equipo que me dio la oportunidad de regresar a México, y que defiendo a muerte en cada partido.

 

Yo llegué a primera división, trabajando muy fuerte, yendo paso a paso, buscando una oportunidad, y cuando me llegó traté de aprovecharla al máximo. No es cuestión de suerte; es muy difícil de conseguir. Muy pocos jugadores pueden jugar en primera división; habrá como 320 en México —¡de cuántos millones que desean jugar!—.

 

Sentí muchos nervios cuando jugué mi primer partido en primera división pero, también una gran satisfacción por haber conseguido un objetivo que tenía trazado desde muy chico.

 

No tengo ídolos en el ámbito futbolístico. Cuando empecé admiraba mucho a Claudio Suárez, que jugaba en mi posición y, después pude jugar con él y me enseñó mucho dentro de la cancha. Claudio ha sido el mejor defensa central que ha tenido México, junto con Rafa Márquez.

 

En cuanto a libros me gusta mucho el estilo de Sidney Sheldon, he leído varias novelas de él, y si no voy leyendo algún libro que esté de moda. ¿De latinos?, Gabriel García Márquez, lo he leído un poquito pero no tanto como a Sheldon.

En fútbol el precio del éxito es alto. Por ejemplo, no puedes estudiar; no se pueden llevar las dos carreras a menos que hagas algo diferente en internet o algo raro. Obviamente, te pierdes muchos eventos sociales; de familia, de amigos, o experiencias que viven personas normales, porque estás entrenando, porque viajas.

 

¿Cómo me preparo para entrar a un partido? Trato de no pensar en él, de relajarme y, una vez que llegamos al vestidor, de concentrarme y recordar qué tengo que hacer dentro de la cancha, a quién tengo que marcar, cuál es mi prioridad en el partido.

 

Cuando tengo tiempo libre lo dedico completamente a pasarla bien con la familia. No tengo hijos, bueno, estoy en espera.

 

Tuve la suerte de que, como mí papá fue futbolista, no me sucedió lo que le sucede a la mayoría de los niños, eso de primero estudia y luego juega. Siempre tuve la posibilidad de jugar. Desde los seis años estoy entrenando todos los días, mis papás me llevaban a las prácticas, desde ese entonces ellos ya se hacían a la idea de que sería futbolista.

 

¿Defectos?, tengo muchos, pero trato de corregirlos o de vivir con ellos. No podría enumerarlos porque son demasiados.

 

Me gustaría que la gente me recordara como una buena persona, nada más.  

 

En Puebla me han recibido muy bien. Ya conocía a algunos de mis compañeros y eso me ha abierto un poquito la bienvenida. No me puedo quejar, me ha ido de maravilla y estoy muy a gusto en el grupo.

 

No cambiaría ninguna decisión que haya tomado, me quedo con la vida que tengo y que he llevado.

 

¿Maestros?, mi papá, sin duda fue muy importante para que yo pudiera estar aquí.

 

Los seguidores se acostumbran a que, al fin y al cabo esto es un trabajo y, el futbolista va cambiando de equipo. La vida del futbolista es así.

 

Mis padres me enseñaron lo a que toda la gente le enseñan: primero que hay que ser buena persona, y hay que seguir las leyes de la vida.

 

 

Texto: Elisa Vega Jiménez
Fotos: Tere Murillo / Ulises Ruiz

 

 

 

 

 

 



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