Derrota calderonista
Las más recientes encuestas muestran que el próximo domingo no habrá un claro ganador de las elecciones federales intermedias, que – sin embargo – sí dejarán como damnificados al PAN de Felipe Calderón Hinojosa y al PRD de Jesús Ortega Martínez, quienes verán reducidas tanto su número de curules en la Cámara de Diputados como sus respectivos márgenes de maniobra política.
Hasta ahora, el calderonismo ha sido negativo para el PAN, que ha perdido casi todas las elecciones locales efectuadas después de la contienda presidencial del 2006. Este panorama se repetirá el siguiente domingo, debido a que – a menos que algo extraordinario pase – el blanquiazul dejará de ser la primera minoría en la Cámara de Diputados y se convertirá en la segunda, además de que perderá un importante número de escaños.
Aparte de contar con menos legisladores que hace 3, 6 o 9 años, el PANgobierno se verá en un predicamento a la hora de negociar con las demás fuerzas, principalmente con el PRI, al que durante toda la campaña denostó e insultó, pese a que en el primer trienio calderónico el tricolor se caracterizó por su obediencia y sumisión ciegas a las decisiones de la federación.
Pese a haber jugado el papel de “patiño” del PAN durante los primeros tres años de Calderón Hinojosa, el PRI y algunos de sus gobernadores fueron duramente atacados por el blanquiazul durante la campaña. En consecuencia, es de esperarse que reduzca su colaboracionismo o que exija más prebendas para sus grupos.
Otro de los grandes perdedores de la elección federal próxima será el PRD, que de ser la segunda fuerza política nacional se convertirá en la tercera, si es que el PVEM o PANAL no le quitan ese cargo. El perredismo perderá muchas diputaciones que había ganado en el 2006 gracias a que Jesús Ortega Martínez sea apoderó del perredismo entregando el partido al gobierno federal.
Mientras el secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont halaga al PRD por su “colaboracionismo”, la intención del voto a favor de los chuchos y compañía se desploma, debido a que sacaron del partido a quien les dio votos en el 2006: a Andrés Manuel López Obrador y a su grupo.
Y aunque el priísmo quiera asumirse como el gran ganador de la contienda, debido a que regresará a ser la primera minoría en San Lázaro, después de haber sido la tercera durante este trienio, lo cierto es que todas las encuestas indicaban en enero o febrero que el PRI ganaría la mayoría calificada y tendría 251 diputados o más, pero durante la campaña su intención de voto se redujo y ahora no podrá mandar de manera unilateral en la Cámara Baja, lo que le impedirá tener a sus pies al calderonismo, como esperaba.
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