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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com


 

 


Lecciones de la elección

 


La pasada elección federal dejó varias lecciones que los partidos, los órganos electorales y, en especial, los distintos gobiernos de todos los niveles deberían tomar en cuenta, para leer adecuadamente lo que millones de mexicanos decidieron en las urnas y una de ellas – la más importante – es que hoy más que nunca la ciudadanía está harta, cansada y desilusionada de todo lo relacionado con la vida pública del país.


Y no me refiero solamente a los partidos políticos o a los supuestos representantes populares, sino a todo lo que tiene ver con los diferentes gobiernos, a las instituciones electorales (IFE, TRIFE e instancias locales) que en algún momento reciente de la historia nacional tuvieron una gran credibilidad y hoy carecen de ella, porque algunos de los individuos que los conforman se han dejado cooptar y corromper por los poderes fácticos.


El daño que personajes como Luis Carlos Ugalde, Maricarmen Alanís y Leonardo Valdés han hecho a la democracia mexicana es profundo, debido a que se han prestado a las maniobras sucias con que el PANgobierno pretende mantenerse en el poder premiando a sus aliados y castigando a sus detractores.


El gran abstencionismo del domingo es atribuible no solamente al descrédito que arrastran desde hace años todos los partidos y el sistema político mexicano, sino – también – a las decisiones parciales y tendenciosas que el IFE y TRIFE han tomado en beneficio del PAN y de muchos poderes fácticos, como las televisoras, la alta jerarquía católica y la cúpula empresarial mexicana.


Otra lección de esta elección es que desde el punto de vista electoral el PAN ha sido el principal damnificado del calderonismo, que en los dos primeros años de su gestión tomó a su partido como moneda de cambio en sus negociaciones políticas con el PRI y PRD. En esta campaña, el panismo basó su proselitismo en las supuestas acciones de Calderón Hinojosa y su escasa votación es una clara señal de que la gente no está conforme con los resultados de su gestión.


Aunque lleva menos de 9 años en la Presidencia de la República, el PAN arrastra un gran desprestigio, desgaste y desconfianza ciudadanas y esto le ha permitido al PRI recuperar muchos espacios y tener a muchos gobernadores convertidos en virreyes, que no le hacen caso y que en sus estados hacen lo que les da la gana – también – en términos electorales.


Además, Calderón Hinojosa y el PAN han debilitado y corrompido tanto al PRD, que en esta elección el partido del sol azteca fue incapaz de quitarle votos al PRI y, al final de cuentas, esto perjudicó al panismo, que en el 2006 supuestamente ganó gracias a que el sufragio antiPAN se dividió entre priístas y perredistas y hoy – en una contienda frente a frente – fue derrotado por el tricolor.

 


PRI, victoria pírrica


Es lógico que los resultados del domingo pasado sean utilizados por los gobiernos priístas, para decir que están legitimados ante los ciudadanos y también es normal que los dirigentes nacionales y estatales del tricolor se digan triunfadores y presuman ser “grandes operadores políticos”. Lo que no dicen es que en febrero pasado las encuestas daban al PRI más del 42 por ciento de la intención de voto y que ya en la contienda obtuvo mucho menos que eso.


Lo que los priístas no dicen es que apenas en febrero pasado todo apuntaba a que, por primera vez desde 1997, ganarían la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y que no ocurrió así, porque el hecho de que la gente desconfíe de los panistas no significa – ni con mucho- que sí les crea a los priístas.


Más claro: el PRI solamente recuperó la posición que tenía antes del 2006, es decir; la de ser la primera minoría en la cámara de legisladores. Pero no pudo obtener la mayoría calificada, pese a que en algún momento de la elección tuvo la posibilidad real de ganarla y, con esto, quitarle a Calderón Hinojosa el control real del gobierno federal.


Y todavía más claro: los triunfos del PRI no se deben a que sus gobernadores o diputados hayan trabajado bien o a que sus candidatos hayan convencido a la gente, sino a que el PAN se ha desplomado por sus malos gobiernos y a que el PRD chuchizado solamente genera desconfianza en los electores, que ven cómo Jesús Ortega y compañía promueven el divisionismo interno y las negociaciones a oscuras en lo externo.

 


La izquierda, dividida y minimizada electoralmente


Junto al PAN, el gran perdedor en los comicios del domingo fue el PRD, que en el 2006 se erigió como la segunda fuerza política nacional y hoy volvió a su histórico tercer lugar. Este es el saldo que Jesús Ortega Martínez y compañía le entregan a la militancia perredista, que apenas hace tres años estuvo a punto de ver cómo un gobierno de izquierda alcanza la Presidencia de la República.


Como se apuntó párrafos arriba, la actitud divisoria, corrupta y colaboracionista de los “chuchos” expulsó de facto a su principal imán electoral, Andrés Manuel López Obrador, quien viéndose minimizado y acotado por una corriente perredista proclive al PANgobierno, decidió apoyar al PT y Convergencia, lo que hizo creer a estas dos fuerzas, pero también generó la atomización del voto de izquierda.


En conjunto, la izquierda fue capaz de obtener una votación importante, pero dichos votos se dividieron entre dos fuerzas y esto impidió aprovechar que cada vez más millones de mexicanos están desilusionados del PRIAN y buscan una opción diferente al neoliberalismo económico apoyado por los prianistas.


Otra lección importante para la izquierda es que, si realmente quiere competir en el 2012, no se puede permitir el lujo de dejar a los chuchos el control del PRD, porque esta corriente solamente se interesa en plurinominales y en prerrogativas, pero no quiere disputar realmente el pode y a esto se deba que promueva las divisiones y exclusiones internas.

 

 

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