El fraude de la refinería calderonista
Con el asunto de la supuesta refinería y cuando ya cumplió la mitad de su sexenio, el presidente Felipe Calderón Hinojosa está cerca de ligar otro fracaso y de sumar una nueva promesa fallida más, en su larguísima lista de incumplimientos a los mexicanos, que comenzó desde que en campaña prometió ser el “presidente del empleo”.
Han pasado más de 9 meses desde que Felipe Calderón Hinojosa hizo el magno anunció de que su gobierno invertiría 12 mil millones de pesos, para construir una nueva refinería, no solamente para hacer más competitivo a PEMEX, sino para generar empleos reactivando la obra pública y creando plazas directas en la zona donde ubicaría dicha instalación petrolera.
Fue el miércoles 8 de octubre del 2008 cuando el calderonismo anunció el levantamiento de la presunta refinería y asentó que PEMEX no ha construido una instalación de este tipo en los más recientes 30 años. Dentro de poco, podremos agregar un año más a la cuenta de este rezago.
Uno de los objetivos principales de esta refinería era afrontar la crisis, que en un principio el titular de la SHCP Agustín Carstens minimizó diciendo que para México sería un “catarrito”, aunque conforme avanzaron los meses del 2008 al gobierno federal no le quedó de otra más que reconocer que el decrecimiento económico sería devastador, como lo es actualmente y se demuestra con el hecho de que en el primer semestre del año el PIB nacional cayó 9 por ciento.
Después de una competencia simulada, en la que supuestamente los gobernadores de los estados podrían disputarse la sede de la supuesta megaobra calderonista, fue el pasado 14 de abril cuando Felipe Calderón Hinojosa informó que la supuesta nueva refinería de PEMEX se construiría en Tula Hidalgo, aunque condicionó los recursos diciendo que en 3 meses tendrían que liberarse los terrenos para la refinería.
Desde un principio se sabía que el objetivo calderonista era que la edificación se hiciera en Guanajuato, para “honrar” al estado más panista del país y afianzar las relaciones de complicidad y corrupción que el PANgobierno mantiene con el sindicato de PEMEX, cuyo titular, Carlos Romero Deschamps, tiene su coto de poder en la sección gremial de Salamanca.
El país necesita que todos los niveles de gobierno, en especial el federal, que es el que maneja más recursos, realicen ambiciosos programas de obra pública, para enfrentar la crisis con la generación de empleos directos, la creación de infraestructura y la reactivación del mercado interno. En consecuencia, la desidia, incompetencia y simulación con que Calderón Hinojosa ha dilatado el inicio del levantamiento de la nueva refinería son imperdonables.
El fracaso se cierne sobre la megaobra calderonista
Con cerca de un año de retraso y más dudas que certezas sobre su construcción, la supuesta nueva refinería hiede a fracaso, porque engloba los vicios del calderonismo en el gobierno: simulación, grandes anuncios que al final no se traducen en nada, favoritismo para enviar la instalación a Guanajuato, en lugar de colocarla en el mejor sitio desde el punto de vista técnico y una grave ineficiencia administrativa en la concreción de un proyecto.
Es claro que lo mejor para el país era ubicar la refinería en Tabasco o Veracruz, ya que ahí se ahorraba costos y se contaba con ventajas competitivas. Pero si Calderón Hinojosa quería aprovechar el proyecto, para pagar un favor a Romero Deschamps y al resto del corrupto sistema corporativista priísta, debería haber ordenado directamente y desde un inicio su instalación en Guanajuato, para evitar retrasos y simulaciones.
En contraste, la megaobra arrastra meses y meses de retraso, la inversión de 12 mil millones de pesos se esfuma y el país sigue sumido en la peor crisis sociopolítico-económica de su historia reciente, sin que el gobierno federal (y tampoco los estatales o municipales) tomen medidas reales de apoyo a los ciudadanos.
El problema no es que fracasen el PANgobierrno y Calderón Hinojosa, sino que se llevan entre las patas a todo el país. Y desde luego que los priístas, en especial sus gobernadores y cúpulas, están más que felices, porque parece evidente su regreso al poder presidencial y sus feudos estatales permanecen intocados, pese a que su “bonanza política” se deba a la pobreza y sufrimiento de millones de mexicanos que tienen canceladas sus posibilidades de desarrollo y vida digna.
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