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Por las entrañas del poder
Jesús Ramos

 

 


 

 

 

                                                                                             

 

Zavala, la legitimidad del poder la da las mayorías


El terreno que pisa Javier López Zavala rumbo a Casa Puebla es firme y seguro; los sectores sociales, políticos, empresariales y religiosos han aceptado y se rinden sin aspavientos ni sobresaltos a su candidatura como un acto de legitimidad racional, no de imposición transexenal.


La actitud homogénea de la denominada “cargada” y su labor de consenso parecen haber cumplido con el tiempo antes de pisarle los talones a diciembre, fecha prevista por el primer círculo zavalista: Darío Carmona, Javier García Ramírez y Alejandro Armenta, para conectar los criterios mayoritarios de aceptación en sentido positivo o favorable al actual secretario de Desarrollo Social.


Si bien en espacios críticos de lectura se sigue mencionando la extensión de dominio marinista, con su potencial unción de candidato del PRI, también es cierto que la sátira solo atañe a un segmento minoritario de la sociedad que en número de electores ni siquiera llega a una décima de punto porcentual.


Fuera de ese endeble espectro analítico, López Zavala es percibido y avalado por los sectores que influyen de manera directa en la sociedad: sindicatos, empresarios, alcaldes, diputados del PRI, religiosos y por la población como el candidato natural de Estado, dijera él, como El candidato del pueblo.
Incluso los mismos medios de comunicación oficialistas y progresistas, donde ejerce un control político mayoritario, dan por hecho que López Zavala será el próximo candidato del PRI y el futuro gobernador de Pueblo; mensaje que divulgan, según el caso, a quemarropa o con matices discretos a su audiencia a través de los canales electrónicos y de lectura.


 El principal argumento que esgrimían sus oponentes para descalificar su nominación se focalizaba en las encuestas, ¡no repunta! –pusieron el dedo en la llaga por meses. Pero los años de trabajo, esfuerzo y tejido político cumplieron con su cometido y hoy fertilizan otros horizontes; ahora puntea en prestigiadas encuestas nacionales como Consulta Mitofsky, María de las Heras y Parametría, además del Ciso Buap. Sus contras, si no lo saben si lo intuyen, lo huelen, de ahí la resistencia a validar las encuestas como herramienta definitoria en la postulación del abanderado del PRI.


Resulta natural que Jesús Morales y Alberto Amador no figuren con gracia ni arrojo en la virtuosa danza de los números; fueron, ellos, artífices de su propio destino; carecieron del trabajo político necesario, previo y suficiente en el interior del estado; el tiempo los estranguló con sus corbatas de seda al sembrarse en los respaldos de los sillones con una secretaria de piernas largas y breve cintura como asistente. Gozaron del placer más de la cuenta. Se durmieron en sus laureles.


No son las encuestas, ni el proceso interno del PRI, ni los tiempos los factores que legitiman el poder de López Zavala. Decía Thomas Hobbes en su obra Leviatán que: La legitimidad de la sociedad política es el consentimiento. El sociólogo alemán Max Weber complementó la idea: La legitimidad es entendida como la justificación de estar investido con los poderes de mando. Ahora bien, quien piense que la candidatura y el poder de Zavala lo legitiman sus oponentes está equivocado o es poco afecto a la filosofía política; lo legitiman aquellos que creen que él será el candidato natural del PRI al gobierno…y parece que son muchos o por lo menos la gran mayoría.


Las diversas esferas sociales, incluyendo la mediática, ejercen deliberadamente un Consentimiento Activo favorable al llamado Candidato del Pueblo; con sus acciones influyen en la gente para que piense en su entronización como un sentido elemental de justicia y legitimidad: ¡El candidato será Zavala! –Sostienen en corto y en público-, y es que dicen los sociólogos que en el comportamiento humano, las masas siguen al que creen es el elegido para ejercer la autoridad. Y el elegido, lo deduce el colectivo, es Zavala; por si fuera poco, sus adversarios lo señalan como el puntero.

 

Autoría intelectual


****Con su discurso: “Los priistas privilegian la unidad”, Jesús Morales da alas a la imaginación para pensar que ya tiró el arpa y el jorongo y le apuesta a la simulación, lo cual no es mal visto, aunque si criticable por la espuma que hasta hace pocos días le salía por la boca. ***La postura beligerante y desesperada de Alberto Amador describe y ubica, por si sola, su sitio en las encuestas. ***Si los panistas fueran congruentes con su idiosincrasia ideológica, apostarían por su felino paisano El tigre Aguilar Coronado para presidir el CEN del PAN, pero como cambiaron su discurso de la real democracia por el de leales adeptos de la cultura de La línea política y el dedazo, ahora apuestan a Cesar Nava aunque su raíces estén en Tangamandapio, tierra natal de Jaimito El cartero. ***No transcurrieron ni 24 horas después de que Tonton Bailleres aseguró que no habría desbandada de diputados del PRI en el Congreso y ya dijo que quiere ser candidato a presidente municipal, pero no aclaró si ¿por Puebla o por Walt Disney? ***Si López Zavala y Mario Montero hubiesen pactado la candidatura a gobernador y a presidente municipal de Puebla no tendrían razón de ser las proclamas de Javier García Ramírez, Antonio López Malo, Pericles Olivares y Arturo Hernández Davy; éstos últimos zavalistas de hueso colorado.    

 

 

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