Inicio >> En esto creo

 

 

En esto creo

 

Luis Garibi Harper

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estoy empezando a considerar cerrar mi ciclo en el IFE. Ingresé en junio de 1993, tras inscribirme en una convocatoria nacional para vocales ejecutivos distritales. Tenía la idea de estar un tiempo corto, de vivir la experiencia y luego retomar mi camino en los negocios pero, se presentó la oportunidad de concursar para ir ascendiendo, y me apasioné.


Es difícil para el instituto enraizar valores democráticos cuando la gente tiene el estómago vacío. Llegas a comunidades donde te reciben muy bien, pero cuando les hablas de los valores y de la cultura política democrática, te dicen que primero necesitan que se les solucione el hambre, el desempleo, la falta de servicios. Y es desesperante, porque tienen razón.


Los políticos que recurren a la guerra sucia para obtener votos, menosprecian el nivel de reflexión del mexicano, y eso me da mucho coraje, porque piensan que va a basar su decisión en descalificaciones, en lugar de analizar propuestas concretas. Afortunadamente ya se le han dado más atribuciones al instituto y hemos visto sanciones a campañas negras.


El poblano es muy participativo políticamente hablando, y más apasionado incluso que el duranguense o el chiapaneco; el duranguense es un poco más relajado, más apartado de las pasiones políticas; mientras que el chiapaneco, es muy interesado en la vida política, muy participativo, pero es más tranquilo, más reflexivo.


Me desconoces si me ves en un estadio: soy de los que grita y suelta toda la tensión ahí. El futbol es mi gran pasión, lo jugué de joven y ahora lo vivo a través de mi hijo de once años, que es muy buen jugador. ¿Mis equipos?, el Cruz Azul, el Real Madrid, el Milán y el Barça. Hay una parte de mi clóset llena de pants y playeras de esos equipos.


Como consejero local, cada vez me es más fácil ser imparcial, especialmente ahora que todos han abandonado las ideologías. Antes la contienda entre los partidos políticos era una confrontación de cómo sus ideologías podían hacer de México un país mejor, hoy se vuelven electoreros y responden a intereses de grupos.


Soy súper distraído y eso en ocasiones me causa problemas: a veces voy tan absorto que paso junto a mis amigos en un restaurante y no veo, y a los dos o tres días me dicen: “¿Cuál es tu problema, por qué ya no me quieres saludar?”.


Me siento muy afortunado, porque en etapas críticas de mi vida, se me han abierto puertas insospechadas y he podido seguir adelante e irme superando. La suerte la genera uno, con actitudes positivas.


Algún día producir y tener un programa de radio, es uno de los sueños que me gustaría realizar concluyendo mi ciclo en el IFE —a través de los medios de comunicación se puede servir mucho a la sociedad—; otro es escribir en un libro mis experiencias de joven; retomar la pintura. En la política no seguiría.


Mi gran temor es llegar al final del camino y que no me gusten mis propias cuentas. Soy muy autocrítico, y autoanalítico, entonces, nunca me siento satisfecho, y siempre busco ser mejor, porque siempre hay retos nuevos que tomar.


Soy hijo de la mala vida: me encanta tener trabajos que me encadenen. A lo mejor mi familia está un poco arrepentida de haberme apoyado para entrar al IFE, en el sentido de que es muy absorbente, pero yo no lo he resentido porque la hotelería, a lo que antes me dedicaba, era igual de absorbente.


Ofrecimientos como “si ayudas a mi partido te va a llegar una Suburban del año a tu casa”, a lo mejor se dieron en otro tiempo. Hoy, afortunadamente no tengo ese tipo de tentaciones, más bien recibo presiones y es donde debo mantener la ecuanimidad. Pero una fórmula muy sencilla de hacerlo y es apegándose a derecho, y aplicar la misma norma para todos.


Soy muy perfeccionista con mi trabajo. A veces, a lo mejor exagero y exijo demasiado. Pero en mi vida personal soy algo desordenado: no administro bien mis tiempos y siempre digo que voy a dedicar algún tiempo a mi persona, que me hace falta, pero lo voy posponiendo.


Hoy uno de los retos del IFE es recobrar la confianza y la credibilidad de los ciudadanos, sin embargo no es fácil, precisamente por las actitudes de los partidos y de sus candidatos. Muchas veces se responsabiliza al IFE por la falta de cultura política democrática, de que los valores democráticos no se practiquen, de que no haya respeto ni tolerancia, y eso no sólo es responsabilidad del instituto.


Siempre tengo presente la figura de mi padre, él fue un reconocido abogado y académico de Guadalajara, precisamente por su rectitud, su honradez, su honestidad —tan difícil en la carrera de abogado—, por el respeto a los demás, su tolerancia y disciplina de trabajo.


Una de mis grandes aficiones es la música. Me encanta desde el blues, B.B. King, Eric Clapton, hasta Metallica —para recordar viejos tiempos—. O a veces me pongo nostálgico con Joan Manuel Serrat, y muy alegre con unos grupos cubanos, todo depende de mi estado de ánimo.


Fui un joven revolucionario —de la generación del 68—, y mis héroes fueron el Ché Guevara, Salvador Allende… Me tocó ser parte de una generación que leía mucho, que le gustaba conocer ideologías, mentalidades de otros países, y que se interesaba en la vida pública del país. Ahora desgraciadamente veo en los jóvenes mucha apatía.


A través de las religiones se entiende mucho a las sociedades: la diferencia entre la forma de ser de un japonés, un alemán, un inglés, un mexicano… por eso me gusta leer mucho sobre ese tema.


Desde joven, siempre he buscado retos, cuando ingresé a la hotelería anduve de cochambrero, de lavaplatos, de ayudante de cocina, de cocinero, de mesero, de todo, porque tomé un curso de entrenamiento gerencial. Fue una experiencia muy enriquecedora, como lo ha sido ahora el instituto.


Participación ciudadana no es nada más acudir a votar, sino exigir rendición de cuentas a los legisladores, que acaben por aprobar en la legislatura lo que es importante. Si no, vamos a retroceder en la democracia, y una democracia cuando retrocede es peor, porque regresa a unos grados de totalitarismo y autoritarismo mayores a los que se vivieron antes.


La mayor parte de mi desarrollo profesional fue en la hotelería, donde estuve poco más de 12 años en diferentes cargos directivos, y en algún momento llegué a ser microempresario en Guadalajara, de donde soy originario.


Me encanta la poesía, admiro a Jaime Sabines, a Pablo Neruda, pero no siento que tenga aptitudes como para escribirla.


En mis hijos promuevo mucho la lectura, la reflexión, el análisis, el no aceptar las cosas nada más porque así deben de ser, sino a buscarle el sentido a la vida y a las cosas.


No estoy plenamente satisfecho con lo que le estoy dando a mi familia, y ese es uno de los motivos para considerar cerrar mi ciclo en el IFE. He procurado, porque desafortunadamente tampoco puedo desatender mis responsabilidades en el IFE, darles a mis hijos y mi esposa calidad de tiempo, convivir mucho con ellos cuando estoy con ellos, enterarme de lo que están viviendo, es la única manera.

 

 

Texto: Elisa Vega
Fotos: Tere Murillo / Ulises Ruiz

 

 

 

 

 

 



     PUBLICIDAD