Micalco no es Malo; Sólo es Tonto
El dirigente del PAN en la entidad poblana, Rafael Micalco, es mi candidato para convertirse en Mi Personaje Inolvidable.
De entrada: ahora entiendo por qué nadie da un peso por él.
Me explico.
Salvo Eduardo Rivera Pérez –quien tiene el triste mérito de ser su padrino político-, Micalco es despreciado, y con justa razón, por los senadores Humberto Aguilar Coronado, Ángel Alonso Díaz Caneja y Jorge Ocejo Moreno, además de Ana Teresa Aranda, hoy en el desempleo absoluto.
Y vaya que tienen sus razones.
A Micalco lo han acusado de ser un pobre diablo, el abre puertas del PAN, el Don Nadie, el Don Pendejo, el lame-pies de Rafa (Moreno Valle), el bueno-para-nada, el chofer de Lalo (Rivera) y mil barbaridades más.
El quintacolumnista sólo se ha sentado una vez con él.
Y con eso bastó para confirmar la especie.
Recuerdo la historia.
Su jefa de prensa me llamó un día para decirme de parte de su jefe que éste tenía sumo interés en que yo lo entrevistara para la serie que estaba haciendo sobre los aspirantes a Casa Puebla.
-¿Oí bien? –le dije.
-Sí. Mi jefe está muy interesado –me respondió inocentemente.
Accedí a verlo por puro morbo.
Me parecía increíble que un tipo tan gris y sin ninguna señal de inteligencia quisiera aparecer en una serie que para mí era de vital importancia para la vida política del estado.
La cita se hizo.
Llegué al Camino Real un viernes por la mañana.
En una mesa semiescondida me encontré con el personaje inolvidable.
Al principio lo confundí con el chofer de Lalo Rivera, pero la jefa de prensa me hizo ver que estaba ante su Alteza Serenísima.
Pasaron tres minutos y descubrí que estaba ante un auténtico animal político, pero no en la definición aristotélica.
Reproduzco algunos fragmentos de aquel diálogo:
-Cho gusto.
-Qué tal.
-Hace frío, ¿verdá?
-Un poquito.
-Mmm. Qué bien.
-Sí, ¿no?
-P’s sí.
-Un poquito.
-P’s sí. P’s sí. Un poquito.
La entrevista fue un asco, tanto que me dio flojera armarla.
Y eso que Kika Chávez ya la había trascrito.
La jefa de prensa me habló para ver cuándo la iba a publicar.
“En estos días”, le dije.
Mentí.
Pasaron dos o tres semanas más para que se me quitara la hueva eterna que me había producido la conversación y la transcripción de la misma.
Y es que no había por dónde amarrarla.
Micalco hablaba, pues, como pensaba.
Es decir: sin pizca de inteligencia.
Por fin, cuando la publiqué, me sentí liberado.
Pero me hice una promesa: jamás vuelvo a entrevistar a nadie que me produzca esa clase de hueva.
Es mortal.
Ahora, con el tiempo, entiendo a sus críticos al interior del PAN.
Y creo que se quedaron cortos.
No me queda más que reproducir en este espacio lo que publiqué el domingo pasado en Milenio Puebla:
A una semana de los comicios más desganados de la historia reciente de México, los pronósticos en Puebla andan de cabeza.
Alejandro Armenta Mier, dirigente estatal del PRI, le ha dado a las campañas un ingrediente curioso. Y es que su operación política está basada en la audacia, una vez que hasta anteayer pronosticaba un triunfo arrasador de su partido.
Las armas de Armenta son visibles, pues cuenta con un discurso convincente y agresivo, dotado, sin duda, de pasión.
Lo acompañan las certezas en materia de movilización –en la cual es experto-. Y a ello le apuesta su capital entero.
No podía ser de otra manera: Armenta sabe que una derrota para el PRI sería una derrota para él. Aunque también sabe que un triunfo sublimaría su situación política y lo metería a la sucesión del 2010.
En ese sentido: los comicios poblanos tienen un ingrediente extra que los hacen apetecibles, pese a que los discursos de los candidatos le rindan homenaje todos los días al lugar común.
En contraste, Rafael Micalco, dirigente estatal del PAN, ha venido a confirmar, por si hubiera dudas, que la mediocridad es su signo y su emblema.
Metido en una caparazón de tortuga marina, Micalco se ha vuelto el rey del aquí-no-pasa-nada. Un caso: en el tema judicial de Óscar Anguiano, candidato panista en el distrito V, con cabecera en San Martín Texmelucan, el dirigente se ha dedicado a batear de foul todas las bolas que le llegan. Y ya engallado, termina por enojarse con los reporteros y hasta a vetar a quien le colma la paciencia.
Dueño de una pésima gramática mental, Micalco escupe palabras en lugar de decirlas y sigue ganándose el encono de los diversos grupos panistas por su falta de sensibilidad política.
Entre Armenta y Micalco hay un mar de diferencias. Armenta tiene ante sí un futuro promisorio. A Micalco le espera el cajoncito ratonero de la historia. Y más: Armenta es para sus candidatos un apoyo brutal. Micalco es para los suyos una carga pesada. Un debate entre ambos sería interesante, aunque de antemano sabríamos quién sería el perdedor.
La duda mata: ¿cómo le ha hecho Micalco para sobrevivir al interior del PAN sin la mínima inteligencia posible? Su respuesta serviría como lección de vida.
Hasta aquí la columna de Milenio.
Si el PAN no gana los distritos que tendría que ganar no será culpa de los candidatos.
Sino del chofer de Lalo.
Y con ésta serán dos las derrotas al hilo por obra y gracia de nuestro personaje.
¿Con él llegará el PAN al 2010?
¿Con él espera ganar el PAN Casa Puebla?
Con razón Germán Martínez, dirigente estatal de Acción Nacional, opinó lo que opinó.
De pena ajena.
> Columnas anteriores
|