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John D. narra su infierno con el cura pederasta
Cuenta sobre la estancia de Nicolás Aguilar en ese país
Selene Ríos Andraca / Ciudad de México / Enviada

 

Comenta someramente cómo conoció al cura pederasta, cómo abusó de la confianza de su familia, cómo entró a su hogar y cómo consiguió que sus padres lo dejaran visitar al párroco todas las tardes con el pretexto de enseñarle inglés

 

Los santos y Cristos colocados en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe forman parte de su infierno personal desde aquella lejana tarde en que, por primera vez, Nicolás Aguilar Rivera abusó sexualmente de él en el dormitorio de la parroquia. Tenía nueve años en ese entonces, y era uno más de los monaguillos de la capilla.


Han pasado ya 22 años desde aquellos dolorosos episodios en su vida, y hoy finalmente, John Doe —nombre utilizado para proteger la identidad de la víctima— ha tomado la decisión de narrar el abuso sexual que sufrió a manos del cura poblano, cuando éste fue trasladado a Los Ángeles, California a finales de la década de los ochenta.


Es la primera víctima estadounidense en hablar sobre Nicolás Aguilar y su afición sexual por los infantes, y con la presentación de una denuncia en la Corte Superior de California para acusar al párroco y a su gran protector, Norberto Rivera Carrera, John Doe recuerda con dificultad y con dolor aquella etapa en la que fungía como monaguillo del sacerdote pederasta más buscado por la Procuraduría General de Justicia de Puebla.


En breve entrevista, la víctima de Nicolás Aguilar comenta someramente cómo conoció al cura pederasta, cómo abusó de la confianza de su familia, cómo entró a su hogar y cómo consiguió que sus padres lo dejaran visitar al párroco todas las tardes con el pretexto de enseñarle inglés.


A escasos meses de haber llegado a Estados Unidos recomendado por el hoy cardenal Norberto Rivera, Nicolás Aguilar fue cambiado de parroquia tres veces antes de conocer a John Doe, y las razones del traslado fueron similares a las suscitadas en Cuacnopalan, Palmar de Bravo: su cercanía con infantes y el contacto sexual con ellos.


Antes de conocer a Aguilar Rivera, John Doe tenía la intención de convertirse en sacerdote y decidió comenzar como monaguillo en la iglesia de su condado para lograr su cometido. Tras el huracán que provocó el párroco poblano, Doe se rebeló en la escuela, abandonó su sueño y cayó en la drogadicción.
Cada tarde, de los escasos meses en los que Nicolás Aguilar ofició misas en Estados Unidos, Jonh Doe y un grupo de infantes recibían clases de español de parte del poblano, y horas más tarde comenzaban las clases especiales de inglés.


Sólo algunos niños de la escuela parroquial fueron los elegidos para formar parte del pétit comité de Aguilar Rivera que fue creado con el objetivo de que le enseñaran su lengua madre y se adaptara más pronto al nuevo país y a su nueva vida, alejada de los escándalos de Cuacnopalan.


Escasas semanas después, el párroco poblano ya era parte de la familia del entonces infante y visitaba su hogar todos los días para entablar una relación más estrecha con los padres.


La confianza de los padres permitió a Aguilar Rivera el acceso al dormitorio del pequeño, así como el permiso para que varias tardes a la semana acudiera a la parroquia a visitar al sacerdote.


John Doe nunca se quejó con sus padres sobre las acciones de Nicolás Aguilar. Nunca tuvo el valor para acusar al sacerdote, es más, reconoce que nunca entendió qué estaba sucediendo hasta que abandonó la adolescencia.


“Yo quiero ser el ejemplo para que todas las víctimas de Nicolás Aguilar, de aquella época hablen, denuncien, y nos ayuden a buscar justicia. Yo lo único que pido es que las autoridades eclesiásticas reconozcan que se equivocaron en contratar a Nicolás como sacerdote y como maestro de español.”

 

 

Nueva denuncia en California

 

Veintidós años después de haber sido atacado sexualmente en reiteradas ocasiones por Nicolás Aguilar Rivera, un ciudadano norteamericano decidió presentar una denuncia en contra del cura pederasta poblano y de su gran protector el cardenal Norberto Rivera Carrera, ante la Suprema Corte de California, con el objetivo de que las autoridades norteamericanas juzguen el papel del primado en la protección de Aguilar Rivera, acusado de violar al menos 90 menores tanto en México como en Estados Unidos.


Ayer al medio día, Jonh Doe de 33 años, acompañado de su abogado Tony De Marco presentaron en Los Ángeles, California, una nueva denuncia contra el cura pederasta, su protector, así como contra las diócesis de Tehuacán, encabezada por Rodrigo Aguilar, y de Los Ángeles, California, además de incluir al Departamento de Educación de aquella ciudad.


La denuncia que recae en el primado de México y en la diócesis de California son por los delitos de: negligencia, supervisión negligente /fallo para alertar, contratación negligente y retención, violación al sistema contable fiduciario y abuso sexual.


Los implicados en la querella deberán responder en los próximos 30 días para que el tribunal estadounidense turne el caso a algún juzgado y comience nuevamente el juicio contra los jerarcas católicos.


Jonh Doe fue abusado sexualmente en repetidas ocasiones por Nicolás Aguilar, cuando éste fungía como párroco en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, y a consecuencia del ataque, el ciudadano norteamericano hizo a un lado sus aspiraciones de convertirse en sacerdote y tuvo una fuerte adicción a las drogas.


“El demandante fue uno de los niños abusados sexualmente por Nicolás Aguilar mientras estuvo en Los Ángeles. El demandante tendría entre nueve y 10 años de edad cuando fue atacado. El sacerdote logró el acercamiento con el entonces infante por la relación familiar con los jerarcas de la parroquia, así utilizó su posición de confianza, reverencia para acceder al demandante y abusar de él. Por las creencias religiosas del demandante, en el sentido de que los curas son representantes de Dios en la tierra, y su corta edad, no entendió lo que le sucedió, y aunque planeaba ser sacerdote, después de lo ocurrido, tuvo problemas en la escuela y cayó en las drogas.”


La denuncia narra el traslado de Nicolás Aguilar a California, donde fue acogido por el entonces obispo Roger Mahony, el mismo que lo alentó para que abandonara Estados Unidos antes de que el departamento policiaco llegara a detenerlo.


“En enero de 1988, varios padres de familia e infantes se quejaron del abuso de Nicolás Aguilar. El 8 de enero de ese año, los padres reportaron la conducta del padre con el maestro principal de la escuela parroquial, en lugar de reportar al sacerdote inmediatamente con la Policía, lo hicieron con la Arquidiócesis. La mañana del 9 de enero, el obispo Thomas Curry se encontró personalmente con el padre Aguilar en su cuarto, ahí le informó sobre las quejas en su contra y lo alentó a abandonar Los Ángeles. El padre Aguilar le informó a Curry que abandonaría la ciudad y que se regresaría a México ese mismo día. Al final de ese día, el padre Aguilar había abandonado Estados Unidos y ya se encontraba en México. Dos días después de su partida, el obispo contactó a las autoridades estadounidenses.”


Cuando el Departamento de Policía de Los Ángeles comenzó la investigación en contra del padre Aguilar, los encargados de las iglesias donde había estado obstruyeron la investigación, al negarse a proporcionar a las autoridades los nombres de los monaguillos atacados sexualmente. Sin el apoyo de la Iglesia, el Departamento de Policía logró contactar a 26 víctimas, explica la denuncia.


De acuerdo al documento entregado ayer en la Corte, los jerarcas católicos consintieron los delitos de Aguilar: “Cuando el padre Aguilar ya había huido a México, las autoridades eclesiástica mexicanas fueron informadas de los cargos en contra del sacerdote. Las autoridades de México no hicieron ningún esfuerzo para disciplinar, investigar o cesar a Nicolás Aguilar, en vez de ello, fue colocado en una iglesia en el Estado de México, donde nuevamente tuvo contacto con menores mexicanos. Actualmente, Nicolás Aguilar continúa oficiando en México, y las autoridades eclesiásticas mexicanas no han tomado ninguna medida para cesarlo del sacerdocio.”

 

 

 

 



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