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Alfonso Diez

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Tres días de viaje para ver a Caruso


* Una prolongada travesía para presenciar el espectáculo del tenor en México

 

 

La noticia era para él como una bomba: Enrico Caruso, el gran tenor, vendría a México a cantar representando varias óperas el siguiente 29 de septiembre, en ese mismo año de 1919; faltaban dos meses y Carlos Diez Bello vivía en un pequeño pueblo veracruzano llamado Tlapacoyan, que aunque estaba a 300 kilómetros de la Ciudad de México, donde se efectuarían las representaciones, la falta de caminos y transportes rápidos lo ponían en el dilema de emplear tres días para llegar a la capital del país a ver el espectáculo de su cantante favorito, o perderse una oportunidad que tal vez nunca más se le presentaría. La decisión estaba tomada, prepararía todo para irse a ver al cantante.


Su esposa era Virginia Cano Libreros. El 28 de julio de 1919 acababa de nacer su segundo hijo, Alfonso; el primero, Carlos tenía dos años de edad y por la forma en que se presentaban las cosas parecía que el nuevo vástago traía un regalo inesperado, pero deseado.


Carlos Diez Bello era el quinto de siete hijos del matrimonio formado por Juan Bautista Diez Martínez Gil y Herlinda Bello Mangas; tenía 33 años de edad y aunque su mamá había fallecido dos años antes, había dejado la hacienda de El Jobo bien encaminada para que sus hijos pudieran vivir holgadamente el resto de sus días.


En Tlapacoyan, Carlos Diez Bello tenía una extensa familia: hermanos, tíos, primos y sobrinos. Su papá nació en un pueblito español llamado Barcenillas del Ribero, ubicado en la Merindad de Montija, Provincia de Burgos, Castilla la vieja, en 1839 y salió a “hacer la América” alrededor de los 15 años de edad para no volver.

 

Se embarcó en el puerto de Bilbao o en el de Santander y su primer destino fue Cuba, donde estuvo cinco años y aprendió el cultivo del tabaco que luego pondría en práctica en la hacienda de El Jobo, que compró y que había pertenecido al primer presidente de México, Guadalupe Victoria. Llegó a México por el puerto de Veracruz y se quedó a vivir en Teziutlán, Puebla, donde era dueño de una casa que abarcaba toda una manzana, en el número 3 de la 9a calle de la Avenida Central Hidalgo; de ahí se trasladaba a caballo a Tlapacoyan y a El Jobo.


Así que la vida de Carlos, en ese momento estaba centrada en atender a su esposa y a sus dos hijos, en las labores propias de El Jobo y en su trabajo como Ingeniero Topógrafo, que le permitía recorrer otros ranchos para tomar las medidas correspondientes con su teodolito, con las que elaboraba los planos que le encargaban.


Le gustaba mucho cantar, tenía una colección de discos, y cuadernos, libros y postales con las letras de sus canciones favoritas. Julio Rolón, su amigo y colaborador en tareas del rancho, era también un tenor que había tomado clases de canto en la Scala, de Milán, becado por el presidente Porfirio Díaz y le daba clases a su vez al ingeniero.


Una semana antes del 29 de septiembre, Carlos montó su caballo muy temprano, acompañado por un amigo de apellido Llaguno y emprendió camino rumbo a Teziutlán. Cabalgó treinta kilómetros de brechas, que ahora se recorren por carretera en poco más de media hora y llegó al anochecer. Se hospedó en el Hotel Central, porque ya la casa familiar de esa población no le pertenecía.


Compró dos boletos, para él y su amigo, en la estación de trenes y al siguiente día, también muy temprano, abordaron el Ferrocarril Pullman a Puebla. El tren ofrecía un servicio de primera que con el tiempo fue desapareciendo; era la época en que lo atendían empleados negros uniformados con saco blanco y la gorra correspondiente, pantalón oscuro. Por la noche, ya en Puebla, se hospedaron en el Hotel Mag Loire. Al siguiente día, el tercero de su viaje, tomó otro tren para la capital de la República, porque no había otra manera de viajar, tenía forzosamente que transbordar.


Ya en el Distrito federal se hospedaron en uno de los hoteles del centro de la ciudad y a la mañana siguiente, después de un buen desayuno, se fueron a conseguir boletos para ver al tenor. Costó 30 pesos cada uno, con asientos en luneta.


Caruso estuvo un mes en México, con temporadas en el Teatro Iris y en la Plaza de Toros El Toreo. Llegó sin su esposa, Dorothy Park Benjamin, con la que se había casado un año antes. Su primer representación fue en el Teatro Iris, tal como se había anunciado, el 29 de septiembre de 1919, con la ópera Elíxir de amor, de Gaetano Donizetti, haciendo el papel de Nemorino. Lo acompañaban Adda Navarrete, como Adina; David Silva, padre del famoso actor de cine mexicano, como Belcore; y Ramón Blanchart, como Dulcamara. El director era Gennaro Papi.


El 2 de octubre cantó de nuevo en el Iris, la ópera Baile de Máscaras, de Giuseppe Verdi, que volvería a cantar en la plaza de toros. La soprano que lo acompañaba era Gabriella Besanzoni. Luego intervino en Carmen, de Bizet, en la misma plaza.


Durante su estancia en México, Caruso recibió varios agasajos, uno de ellos en Xochimilco, donde le dieron a tomar pulque, en un restaurante que se llamaba Xochimilco Inn.


Las siguientes intervenciones del famoso tenor, en el Iris y/o en El Toreo, incluyeron las óperas Sansón y Dalila, Martha;  Pagliacci, acompañado por la soprano María Teresa Santillán; Aída, en la que cantó junto a la soprano María Luisa Escobar, el 26 de octubre; y finalmente, Manon Lescaut, de Puccini, el 30 de octubre de 1919.


El tenor regresó a Estados Unidos, donde llevaba 15 años cantando en el Metropolitan Opera House de Nueva York y lo hizo dos más, para establecer una marca insuperable de 17 años en tal escenario. Dos años después de su presentación en México volvió a su tierra, Italia, enfermo, y murió el 2 de agosto de 1921, a los 48 años de edad, de pleuresía complicada con una peritonitis ocasionada por un absceso que reventó. Fue sepultado en Nápoles. Mario Lanza interpretó el papel del cantante en la película El Gran Caruso, con Ann Blyth como su esposa, en 1951.


Carlos Diez regresó a Tlapacoyan tras haber permanecido varios días en la Ciudad de México, que le permitieron ver y escuchar a Caruso representando el papel del tenor principal en diferentes óperas. Empleó otros tres días en el viaje de vuelta. Tuvo cinco hijos más. Alejandro, el tercero de ellos, nació exactamente el mismo día que Caruso cantó por última vez en México, el 30 de octubre, pero de 1921, casi dos meses después de la muerte del tenor.


El hijo mayor de Carlos, Carlos Diez Cano, fue presidente de Tlapacoyan, de 1961 a 1964; su hermano, Fernando Diez Bello y su sobrino, Raúl Cabañas Diez, también fueron presidentes municipales de la ciudad.
Otros “Personajes” que tocan el tema son “Tlapacoyan, El Jobo y Guadalupe Victoria”, del pasado 26 de enero de 2009; éste es el enlace para la página en internet:


www.laquintacolumna.com.mx/2009/enero/columnistas/colu_personajes_260109.html


y el del 12 de diciembre de 2007, “¿Quién era realmente la esposa del primer presidente de México?”:


www.laquintacolumna.com.mx/2007/diciembre/columnistas/colu_personajes_121207.html


La casa donde estaba el último hogar del que hizo el viaje de tres días para ver a Caruso quedaba en el número 203 de la calle de Ferrer y ahora es la sede del Museo de Tlapacoyan. Para festejar el primer aniversario de la fundación del museo, se llevarán al cabo diversos eventos, entre otros un homenaje a Guadalupe Victoria, durante la semana del lunes 23 al domingo 29 de marzo de 2009 y éste último día, el que escribe dará una plática en el lugar.


Carlos Diez Bello murió el 12 de marzo de 1943, hace 66 años, a los 57 de edad y poco menos de tres antes de que naciera su primer nieto, el autor de estas líneas.

 

 

 

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