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Alfonso Diez

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El regreso de McCarthy

 

 

La crisis financiera por la que atraviesa el mundo traza senderos peligrosos en Estados Unidos. Surgen acusaciones sin verdadero sustento que podrían desembocar en una persecución macarthista, como la que sufrieron en la década de los 50s.


El Partido Republicano, aprovecha electoralmente las medidas que ha tenido que tomar el presidente Barack Obama para salir del atolladero y lo “acusa” de ir hacia el socialismo. Algunos grupos republicanos han llegado al grado de aparecer en los lugares donde se presenta Obama con carteles en los que se lee: USSA (Unión Socialista Soviética de América), aprovechando el nombre que tenía Rusia por sus siglas en inglés: USSR (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) para señalar a su presidente.


Efectivamente, lo hemos dicho en un anterior Personajes: “La compra de corporaciones en Estados Unidos, por parte del gobierno, para salvarlas de la quiebra y evitar un despido masivo de empleados podría significar que éstas pasaran al control del Estado y eso se llama nacionalización; es decir, lo que el socialismo propone: acabar con las empresas en manos privadas para llevarlas a manos del pueblo, vía el Estado.
¿Es el mundo al revés? ¿O es, simplemente, el devenir histórico? ¿Qué sigue?


Todas las sociedades, lo mismo que los seres humanos, a medida que se desarrollan, que crecen, van también muriendo. El ser nace y al mismo tiempo comienza a transitar hacia su muerte. Lleva en su interior la contradicción que lo llevará a ésta, para dar paso a una nueva vida. Como la semilla se convierte en árbol y éste en fruto del que sale otra vez la semilla que volverá a convertirse en árbol…


Parece como si Marx se levantara de su tumba para decirnos: se los dije, las contradicciones que señala el Materialismo Dialéctico (que aplicado a la historia se convierte en Materialismo Histórico) siguen su curso: Tesis, Antítesis y Síntesis… Por los siglos de los siglos”.


La historia nos ha enseñado que todos los imperios finalmente caen y la pregunta en el aire podría ser: ¿Llegó el fin del imperialismo americano? ¿Es el principio del fin del capitalismo?


La quiebra de grandes empresas al norte del Río Bravo causaría un efecto en cadena que traería como consecuencia despidos masivos, del orden de decenas de millones de empleados, y las medidas para intentar la recuperación, de no ser las correctas, podrían hundir más la economía de ese país y las de muchos otros. Sería el caos.


Pero la solución, en este momento, no es tan sencilla. Basta un ejemplo: Los altos mandos de General Motors dicen que necesitan más de 60 mil millones de dólares para no ir a la quiebra y el gobierno de Obama parece estar dispuesto a apoyarlos con la mitad de esa suma. Si la cantidad no es suficiente para evitar el hundimiento de la empresa ¿Qué caso tiene invertir una suma tan grande de dinero, si va a caer en un pozo sin fondo?


Y la situación es similar en muchas otras corporaciones. Las causas de esta crisis las hemos analizado antes, no es el caso ahora, pero sí ocuparnos de los efectos.


No es solamente la quiebra masiva de empresas grandes y pequeñas, esto lleva aparejado el sufrimiento para miles de familias que dejarán de tener ingresos para sobrevivir y la desintegración moral, en consecuencia, de las mismas, de la sociedad.


Hay otro peligro. Tras la Segunda Guerra Mundial, de la mano de la Guerra Fría llegó a Estados Unidos el temor paranoide al comunismo y aprovechando esa circunstancia el senador Joseph McCarthy desató una feroz persecución contra todo lo que oliera a “izquierda”, a formas liberales de pensar, a humanismo.

 

Destrozó reputaciones y propició el autoexilio de personajes de diversos ámbitos, como Charles Chaplin y Dalton Trumbo.


Lo que hace ahora el Partido Republicano tiene los mismos tintes. A las acusaciones contra el gobierno que recién comienza de Obama, los divide una línea muy fina para seguir contra todo lo que los ultraconservadores han querido eliminar a lo largo de los últimos años: Los negros, los latinos

(indocumentados o no), los extranjeros, los judíos, los homosexuales, los actores y las actrices progresistas, los escritores y periodistas con tendencias similares a las anteriores… Y la lista crecería adecuada a las más bajas pasiones de los acusadores.


Aunque estamos en la primer década del siglo XXI, debemos recordar que son inherentes al ser humano los instintos de amor y de muerte, y cualquier pequeña chispa puede encender la mecha de la ira, de la obcecación y de las falsas acusaciones con conocimiento pleno de causa con el objetivo de “acabar con el enemigo”, aunque éste sólo exista en la imaginación de quienes lo señalan.


McCarthy y sus seguidores comenzaron en realidad a derrumbarse cuando la crisis de conciencia empezó a disminuir, cuando la paranoia masiva se fue estrechando y surgieron poco a poco las voces de los que nunca lo apoyaron y se le opusieron temerariamente. Howard Hughes, por dar un ejemplo, era un hombre poderoso y se le enfrentó con inteligencia durante sus comparecencias ante el senado; despedazó las acusaciones en su contra y lo puso en ridículo.


Esa es la esperanza. Afortunadamente, no todos están cortados por la misma tijera. Queda mucha gente buena, noble, inteligente en este mundo, pero ahora lo importante es dar la voz de alerta, para que esa “paranoia masiva” no nos agarre desprevenidos.


Ojalá quede claro que los que ponen etiquetas, los que lanzan calificativos, los que insultan al gobernante con el objetivo de ganar votos lo único que están haciendo es escupir para arriba, porque se les revertirá, les caerá en la cara tarde o temprano. Y esto aplica para cualquier país, incluido México.


Finalmente, las masas manipuladas, los engañados con falsas promesas levantan la cabeza porque, como decía Lincoln: “Se puede engañar a una persona muchas veces, se puede engañar a muchas personas una vez; pero nadie puede engañar a todos, todas las veces”.

 

 

 

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