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Alfonso Diez

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Negocios peligrosos de Vicente y Alejandro Fernández

 

 

 

Es difícil en estos momentos de crisis económica mundial que un inversionista se arriesgue a colocar su capital en un país “de riesgo”, como los especialistas le llaman a aquellos con problemas de narcotráfico, de seguridad, y/o de bajos dividendos.


El mexicano que tiene excedentes para hacer nuevas inversiones sigue buscando en su tierra las áreas en las que puede asociarse o comenzar negocios. Algunos prefieren irse a Estados Unidos o a Canadá, otros a Europa, Asia o Australia. Los que voltean la mirada a Sudamérica generalmente invierten en Brasil, Chile o Argentina, pero nadie, por razones obvias, mueve su capital a la región en que se cultiva la coca, como Bolivia y Colombia. En este último hay otro impedimento para colocar nuevos capitales, a los ojos de los inversionistas: las FARC, la guerrilla que ha secuestrado a personajes, políticos, policías y empresarios para pedir dinero a cambio de su liberación.


¿Quién podría voltear la vista hacia Colombia para invertir? La respuesta es evidente: Aquél que quisiera formar una empresa pantalla para ocultar la droga y traerla a México o llevarla a los otros países a los que se exporta, como Estados Unidos y Europa. Hubo en México hace años un personaje que era primo del Presidente de la República y tenía una enlatadora de productos agrícolas, como chícharos, en los que era fácil ocultar coca, pero el negocio lo tenía en Guatemala, así que ese simple hecho lo señaló ante las autoridades como sospechoso y rastrear y localizar la droga escondida fue la tarea que emprendió la procuraduría.


Lo anterior viene al caso porque los cantantes Vicente y Alejandro Fernández fueron a visitar al presidente de Colombia, Álvaro Uribe, a solicitarle su apoyo para invertir allá. Durante el breve tiempo que estuvieron con él cantaron a dúo “Perdón” y luego Vicente entonó algunas partes de su nuevo éxito “Estos celos” para deleitar a la esposa del mandatario, a los hijos y a los allegados que se habían acercado al palacio presidencial; saludaron a la multitud que se había congregado afuera del lugar y se marcharon.


Si se tratara de Carlos Slim, o de Servitje, de Azcárraga, o de algún otro de los empresarios mexicanos que manejan grandes cantidades de dinero, se podría entender con trabajo que algún sobrante de capital lo quieran invertir en aquél país, ¿pero Vicente y Alejandro?


Suena, por lo menos, raro y el hecho invita a reflexionar: ¿Tienen tanto dinero? ¿Por qué no lo invierten en México? ¿Cuánto tienen invertido en nuestro país? ¿En qué áreas? ¿Cuánto han juntado entre los dos? ¿Mil millones? ¿Cinco mil? ¿De dólares o de pesos?


Es sabido que por lo menos Vicente prefiere vivir en Estados Unidos desde que le secuestraron a su hijo del mismo nombre, al que rescató tras el pago de una fuerte suma de dinero y se lo regresaron con menos dedos en una mano; pero, si no lo quiere hacer en México, ¿Le parece mejor invertir en Colombia que en el país donde vive, Estados Unidos?


Y aquí surge otro punto importante: Los “cárteles”, como les llaman ahora de manera errónea a los grupos dedicados al narcotráfico, buscan servirse de grupos musicales y cantantes famosos para utilizarlos como mensajeros de la droga, ocultando entre sus instrumentos los envíos que hacen a Estados Unidos y si alguno se niega lo ejecutan. La liga con cantantes es vieja y ha cobrado vidas como la de Víctor Iturbe “El Pirulí” y otros.


Pero la persecución que los militares y la AFI han emprendido contra esos diversos “cárteles” ha sido tan profunda que muchos han comenzado a emigrar a Guatemala, a Brasil y a Argentina. El problema para ellos es qué hacer para sacar la coca de Colombia ahora que el presidente Uribe ha emprendido una batalla feroz contra los grupos de narcotraficantes y contra la guerrilla de las FARC. Cada vez les cuesta más trabajo sobornar policías y para que el negocio produzca necesita ser hecho a gran escala.


Una figura famosa al frente de una empresa ¿enlatadora de chícharos? o algo parecido, puede resultar atractiva para la mente del que planea operaciones futuras y ya no sabe cómo salir del atolladero. Sería fácil lograrlo: acercarse a un cantante exitoso y decirle: “Mira, somos un grupo de empresarios que quiere invertir en Colombia y hemos pensado en ti porque te tenemos confianza, queremos que seas la cabeza de una nueva inversión en ese país, queremos llevarles riqueza, sacarlos de la pobreza en que los han hundido tantos problemas por los que han atravesado y, si tu aceptas, te vamos a dar muy buenos dividendos…” Si entre el grupo hay algún empresario conocido (narco desconocido para el cantante, pero tal vez inclusive su amigo), es seguro que logran su objetivo.


Tal vez ese cantante ha logrado reunir un capital que a su vez podría sumar al del “grupo de amigos” que lo invitan a la aventura en Colombia. No recuerdan el caso del primo del que fue presidente de México y en consecuencia no les pasa por la cabeza que en lugar de que el gobierno de Colombia vea con agrado que ese famoso invierta en su país, lo señale como sospechoso: “Qué raro que venga a invertir aquí, hay que vigilarlo y hay que mantener vigilancia permanente sobre las empresas que quiere crear”.


Todo lo anterior, desde luego, es una simple elucubración que parte del hecho cierto de la visita de los cantantes al presidente colombiano con el objetivo señalado. Vicente y Alejandro son figuras queridas tanto en México como en Colombia. Allá les gusta mucho la música mexicana. Ojalá los Fernández lo piensen dos veces, antes de embarcarse en una inversión que, si no los señala, no deja de ser muy riesgosa. Ojalá este posible esquema esté equivocado y todo sea una simple cadena de coincidencias.

 

 

 

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