En esto creo
Alejandro Armenta Mier
Líder estatal del PRI

La meta, a 121 días de las elecciones, es ganar. En mi mente no hay otro objetivo que lograr —coordinando y sumando el esfuerzo de la militancia— para que el PRI obtenga un buen resultado.
Perdí el piso el primer año que estuve como presidente municipal en Acatzingo pero el arquitecto Jaime Aguilar me ubicó varias veces. Tengo un grato recuerdo de él: me ayudó mucho en mi formación durante esa etapa, también Mario Marín.
Que el PRI no le pertenece a sus dirigentes. El PRI es más que un líder; el PRI tiene su esencia en la militancia: en quienes cuidan las casillas, quienes promueven el voto, en los directores de sectores y organizaciones. Esa es la principal enseñanza que he recibido a lo largo de 19 años.
La política es un instrumento de transformación; la ruta de navegación para lograr los proyectos más evolucionados de la humanidad.
Admiro a Luis Donaldo Colosio porque crecí con él. Lo conocí como candidato, cuando yo era presidente municipal de Acatzingo, y creía en sus tesis: en el PRI de la exigencia, no de la complacencia, el PRI que entiende que este país no nos ha sido heredado por nuestros padres sino más bien nos ha sido prestado por nuestros hijos, el PRI autocrítico, el PRI abierto que tiene que esforzarse para ganar. También me tocó crecer con don Manuel Bartlett, con Melquiades Morales y con Mario Marín, que para mí fue un referente y desde luego al inicio de mi carrera política tuve mucha vinculación con Germán Sierra, que es de la región de Acatzingo.
Buscar el poder para sentirse más, sólo refleja la miseria humana. No debe ser una aspiración personal para definirte como persona, además, si no se usa para lograr objetivos hacia el desarrollo, no tiene ningún sentido.
De mi padre aprendí la serenidad —esa aspiración de llevar la fiesta en paz, de no meterme en problemas—, a tener una actitud y una conducta honesta. Mi padre ha sido trabajador de una papelería en Izúcar de Matamoros durante muchos años, él es de allá —mi madre fue de Acatzingo—. A mí me educó mi abuela materna porque mi madre murió cuando yo tenía nueve años, por lo tanto crecí con mi abuela en Acatzingo.
En la vida, si quieres triunfar, salir adelante y evolucionar necesitas sacrificar ciertas cosas, lamento mucho que hoy el sacrificio que doy son mis hijos: ellos son quienes más padecen mi lejanía, pero procuro darles tiempo de calidad y afortunadamente tengo una familia que me ayuda extraordinariamente a cuidarlos.
Nunca seré una persona satisfecha con lo que hace. Eso es lamentable pero, debo ser honesto, siempre me gusta hacer más, soy demasiado exigente con mi equipo y demasiado exigente conmigo mismo.
Manuel Bartett es el idealismo revolucionario, Melquiades Morales; consenso, Mario Marín; sacrifico y esfuerzo y Germán Sierra; cultura y profesionalización de la política.
Siempre he dicho que los cargos terminan y las amistades perduran: el cargo no te hace más, ni menos. Eso me ha ayudado a mantener amistades desde hace 18 ó 19 años, además procuro seguir siendo la misma persona independientemente de las responsabilidades que tenga.
Yo no quiero tener juniors en mi casa; me interesa más bien que mis hijos entiendan que todo tiene un costo e implica un sacrificio en la vida y que hoy ellos tienen la oportunidad de una estabilidad económica que yo no tuve. Tengo una nena de cinco y un niño de siete años.
Soy muy ácido en mis críticas para que las cosas caminen; soy intolerante a la burocracia, a la ineptitud, al desgano, al anquilosamiento; me molesta, me enfada cuando alguien dice que no se pueden hacer las cosas, cuando ponen pretextos.
Soy un hombre afortunado, en 19 años he recibido muchas oportunidades: fui director del DIF al lado de Margarita García de Marín, secretario de Desarrollo Social con el licenciado Marín, secretario general del PRI al lado de Mario Montero, subcoordinador de la campaña de Mario Marín con Javier López Zavala, hoy presidente del PRI. Fui presidente municipal a los 23 años, secretario general del PRI en Acatzingo a los 19, diputado a los 29 años. Tengo deudas muy grandes con el Partido y con la gente que me ha ayudado.
Mis equipos son: el Puebla y Pumas. Me gusta el deporte, practico fútbol, tenis de mesa, karate, juego villar, ajedrez, dominó y basquetbol.
Le temo a Dios, a la muerte, a la soledad… como cualquier persona.
No me tocó vivir mi etapa como joven; a los 20 años ya tenía responsabilidades importantes en el municipio de Acatzingo, y a los 23 ya gobernaba el municipio. No me pude graduar con mis compañeros en la universidad porque ese día estaba en la Secretaría de Gobernación negociando la solución de un conflicto, siendo parte de una administración municipal. Esto significa dedicación.
Puebla es un Estado con un potencial aún no aprovechado, principalmente en sus recursos humanos.
Me gusta la poesía, aunque la he abandonado últimamente. Sí escribo algunos versos pero más que nada me gusta leerla. Mi referente es Octavio Paz, también me gusta Manuel Acuña y el tratado literario de Simone de Beauvouir. Me gusta informarme, leer periódicos, revistas, meterme al internet, investigar…
Mario Marín me dio muchos consejos y me orientó para que no me dejara llevar por los aceleres de un chavo que gobierna un municipio. Lo conocí desde que fui coordinador del programa Solidaridad en Acatzingo y él era subsecretario de gobernación, cuando fui presidente municipal —tuve dos años de resistencia civil con el PAN, porque no concebía que un joven de 23 años pudiera gobernar un municipio—.
No es el liderazgo lo que conduce a la sociedad; la sociedad organizada produce liderazgos.
Toda mi vida he sido un puente, siempre he construido equipo, siempre he estado generando liderazgos. Me gusta ser parte de los proyectos que tienen visión de conjunto, que traen un método de trabajo basado en la disciplina, en la lealtad. Con Mario Marín participé desde su precampaña, porque él representa un proyecto, una generación que ha luchado, que sobresale y que busca superarse en las condiciones más adversas.
Texto: Elisa Vega Jiménez
Fotos: Tere Murillo / Ulises Ruiz
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