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Alfonso Diez

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La vacuna activa el Guillain Barré

 

 

Lo sorprendente ahora es que la historia de la que hablé en el anterior Personajes (30 de abril) y en el del 16 de marzo, está íntimamente ligada a la influenza A H1N1, conocida antes como porcina.


Efectivamente, en 1976 temían en los Estados Unidos un brote de gripe porcina y ordenaron la vacunación masiva, pero uno de los efectos secundarios resultó ser un brote de alrededor de 600 casos de personas con el Síndrome de Guillain Barré (SGB). A partir de ese suceso, diversos investigadores han seguido la pista a cada nueva aparición del síndrome y resulta que éste se da no sólo después de una cirugía, o a una embarazada después de dar a luz, o tras una fuerte infección que puede ser de gripe o gastrointestinal, sino también, en muchos casos, tras una vacuna contra la influenza, ya sea estacionaria o porcina, como en la vacunación de 1976, pero también ha resultado de la aplicación de vacunas contra la meningitis, la poliomielitis y el tifus. En un 30% de los casos se le ha asociado a un patógeno llamado Campylobacter jejuni.


El SGB se refiere a una enfermedad que paraliza las cuatro extremidades, debido a que los anticuerpos, que han reaccionado de manera masiva contra alguna infección aguda, terminan atacando al propio sistema nervioso periférico y en ocasiones al central, dejando al organismo sin defensas y en consecuencia expuesto a otros virus y bacterias. En el caso de las vacunas mencionadas, provocan esa misma reacción de los anticuerpos en el organismo de algunas personas y le causan, en consecuencia, el síndrome.


Se debe “encender” la señal de alerta, porque en cuatro o cinco meses contaremos con las nuevas vacunas contra la influenza y algunos especialistas han señalado que éstas no deben aplicarse a personas con alguna “falla” neurológica, como fue el caso que traté en los Personajes mencionados. El problema es cómo saber si la reacción de nuestro organismo a tales vacunas será dejándonos paralíticos, igual que en el caso tratado y de la misma manera que sucedió a 600 personas en 1976.


Las estadísticas refieren que el número de personas afectadas por este síndrome ha aumentado 30% en los últimos 3 años y que la cantidad de personas que logran recuperarse ha disminuido al 80%, de tal manera que se da un caso por cada 10 mil personas, cuando antes era uno por cada 100 mil. Un ejemplo: en la ciudad de Tlapacoyan, Veracruz, que cuenta con poco más de 33 mil habitantes (poco más de 55 mil en el municipio) ha habido 4 casos de SGB en los últimos meses.


En el Centro Médico Siglo XXI, al tiempo que era tratada la paciente a que me he referido (Elsa), había otros cuatro enfermos internados con el mismo síndrome y en el Hospital General de Zona del IMSS en Xalapa, el doctor Martínez, neurólogo a cargo de estos casos, afirma que, curiosamente, todos los casos de SGB que han llegado ahí, lo mismo que al hospital del IMSS en el puerto de Veracruz (alrededor de 8 entre los dos), proceden de Coatepec, igual que Elsa.


Elsa se vacunaba cada fin de año contra la influenza y en 2008 lo hizo el once de diciembre, en Coatepec, la enfermedad se le presentó el 9 de marzo siguiente y falleció el 25 de abril. Con todo y vacuna tuvo gripe dos semanas antes de que se presentara el síndrome y unos días antes del 9 de marzo la aquejó un fuerte dolor de cabeza. ¿Pudo ser la vacuna la causante del SGB que terminó con su vida?


El Guillain Barré fue descubierto en el siglo XIX, pero la poca difusión del mismo hace que surja la duda en los casos de otros enfermos que han quedado paralizados de las extremidades sin que la medicina pudiera dar alguna explicación. Seguramente no es el caso de Anna O (Bertha Pappenheim), tratada por el doctor Breuer y por Sigmund Freud y que se conoce como el primer caso del Psicoanálisis, porque aunque ella perdía el movimiento en las piernas, quedó demostrado que el origen era una histeria conversiva que Freud curó, pero otros casos históricos anteriores sí pudieran explicarse como producto del SGB.


David Sencer, el director del Centro para Control de las Enfermedades de Estados Unidos que dio la orden de aplicar las vacunas que tuvieron tan devastadores efectos secundarios en 1976, fue obligado a renunciar a su cargo, vive actualmente en Atlanta y tiene 84 años de edad. Entrevistado hace poco, declaró que consideraba que había tomado la decisión correcta: “si no hubiera ordenado la aplicación de las vacunas y alguien hubiera fallecido me habrían culpado a mí, así que considero que fue preferible que hubiera cientos de casos con el Síndrome Guillain Barré antes que se desarrollara una epidemia de influenza porcina”.


Ante este mismo dilema, las opciones son: exponerse a contraer una influenza que si se trata a tiempo se cura, o exponerse al efecto secundario de contraer una enfermedad que puede producir parálisis por meses, años, o toda la vida y tal vez la muerte.

 

 

Un caso aparte: Hasta dónde llega la cerrazón

 

Padre e hijo atendían la papelería, tienen 60 y 28 años de edad. Con mucha frecuencia repartían hojas y folletos con propaganda del PRD que casi siempre contenía insultos al presidente Calderón. Lo acusaban de haberse robado las elecciones, de pelele, de alcohólico, de ratero, de mediocre y de todo lo que se les ocurría. Según ellos era la consigna de su partido. Cuando comenzaron los avisos acerca de las prevenciones que había que tomar por la epidemia de influenza me llamó la atención que a pesar de que atienden a mucha gente no usaran cubrebocas y se lo dije al papá, él me contestó que todo lo de la influenza era una patraña inventada por Calderón y los grandes empresarios de la industria farmacéutica, en complicidad de los gobiernos de los Estados Unidos y Francia. Me entregó una hoja impresa con propaganda en ese sentido, elaborada por alguien del PRD, me aclaró, pero sin logotipo.


Es evidente que la acusación está hecha a base de especulaciones, pero sin pruebas y de la misma manera se puede elaborar cualquier otra infamia.


La esposa no estaba de acuerdo con ellos y permanecía en otro lugar (con cubrebocas). Cayeron los dos hace unos días en un cuadro que apuntaba a influenza A H1N1, pero no quisieron hospitalizarse, decían que la gripa se cura sola y que “no iban a caer en el juego de Calderón”. Hoy están en el hospital con la enfermedad comprobada y a un paso de la muerte.


El caso, desafortunadamente, es igual a muchos otros que se dejan llevar por la ceguera del respaldo y no admiten que las consignas que les dan pueden estar equivocadas. Ahora, si logran salvar su vida, probablemente recapaciten… ¿O no?

 

 

 

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