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Alfonso Diez

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El Complot

 

 

De acuerdo, fue complot. Supongamos, sólo para efecto de los correspondientes escenarios que se trazan en este Personajes que efectivamente hubo un complot. Andrés Manuel López Obrador ha empleado esa excusa, “fue un complot”, como única defensa a los señalamientos de que sabía de antemano (o encubrió cuando lo supo) que sus colaboradores más cercanos recibían dinero de un empresario, Carlos Ahumada, que se estaba haciendo millonario gracias a los contratos que conseguía del Gobierno del Distrito Federal por medio del soborno.


¿Y esa respuesta, “fue un complot”, es suficiente para proclamarse inocente?: NO. ¿El complot es malo o bueno? Depende.


Mucha gente asocia la palabra complot con algo malo, pero no siempre es así; cuando, por ejemplo, un grupo de personas se une y elabora planes para derrocar a un mal gobernante, lo que están haciendo es un complot y en ese caso tiene un objetivo positivo; es un complot que no sólo no es malo, sino necesario para el bien de los gobernados.


¿Qué sucedió en el caso del Peje?: Ahumada, el empresario mencionado, grabó en video a cada uno de los funcionarios perredistas del gobierno de López Obrador cada vez que les hacía entrega de cantidades millonarias de dinero en efectivo, y cuando encontró obstáculos para obtener contratos de ese mismo gobierno buscó el contacto con alguien poderoso que lo ayudara a desenmascararlos, a exhibirlos y ese alguien resultaron ser varias personas: el abogado Juan Collado, el excandidato a la presidencia Diego Fernández de Cevallos y el expresidente Carlos Salinas de Gortari.


Sin importar las razones que tuviera Ahumada para entregárselas, a ellos les cayeron las grabaciones en charola de plata. Era la oportunidad ideal para mostrar a la nación qué clase de personas estaba conduciendo el gobierno de la capital.


¿Hicieron bien o mal en entregar tales videos a una televisora para lograr su objetivo?: Sin importar “sus motivos”, cualquiera que las hubiera conseguido tenía la obligación de buscar que fueran transmitidas a todo el país, porque denunciaban un ilícito.


¿Y el Peje, es culpable o inocente? Aquí caben dos posibilidades:


1.- Que sabía lo que hacían sus colaboradores más cercanos, porque inclusive ha demostrado tener buenos informantes que le han permitido hacer denuncias acerca de acciones supuestamente ocultas de los gobernantes.


2.- Que todos los que son exhibidos en los videos llevaban al cabo sus acciones sin que se enterara su jefe, ninguno le dijo nada, no hubo algún informante que le dijera a AMLO lo que estaba sucediendo “en sus narices”; él los veía todos los días, tomaba acuerdos con ellos, les daba órdenes, pero fue tan inocente que nunca imaginó lo que hacían con Carlos Ahumada.


Si la respuesta es la número 1, el Peje es culpable y debió haber renunciado cuando salieron a la luz los actos de corrupción de sus colaboradores cercanos.


Si la respuesta es la 2, el Peje pecó de inocente, resultó ser un mal gobernante porque aquellos a los que seleccionó para que lo acompañaran a gobernar resultaron ser unos pillos y el único responsable de los actos de sus subordinados era él; hizo una pésima selección y en consecuencia debió haber asumido las consecuencias de sus actos y permitir que lo relevara una persona más capaz, con un equipo de colaboradores más eficientes y honestos; es decir, la sentencia en este caso es también: culpable.


Así que, sin importar si sabía o no lo que hacían Bejarano, Sosamontes, Ponce, Imaz y otros cuyos nombres no han sido revelados, Andrés Manuel es culpable, ya fuera como autor intelectual, como cómplice, como encubridor o como ingenuo gobernante que no sirve para una de sus responsabilidades, que es vigilar el desempeño de los que obedecen sus órdenes y debió renunciar.


Nadie le ha echado en cara todo esto y en consecuencia el tabasqueño sigue impune y cada vez que se toca el tema, como ahora con el nuevo libro de Ahumada, levanta el dedo acusador que dice: “Complot”, como única arma para defenderse de las acusaciones contra sus subalternos y contra él mismo, y repite el esquema porque no tiene argumentos para refutar debido a que toda la nación vio por televisión las pruebas.


Es como el criminal, que cuando lo señalan, se voltea contra los que lo hacen y los acusa de armar un complot en su contra.


El “Mesías tropical”, como le llama Krauze, perdió las elecciones en 2006 y busca de nuevo ganar el voto para ser presidente de México en 2012. Anda en campaña permanente por toda la república. Ahora aparece en carteles, espectaculares y anuncios televisivos y radiofónicos de los Partidos Convergencia y del Trabajo, en los que afirma que “su proyecto de nación sigue vivo”, con el objetivo evidente de llegar a las elecciones mencionadas más fortalecido que cualquier otro candidato. Así lo cree él. Piensa que seis años en campaña y muchos más anuncios que los demás solicitando el voto (de manera poco menos que encubierta), le permitirán ganar la presidencia.


Pero se equivoca. Tal vez no sepa que la sobreexposición es muy peligrosa porque por principio de cuentas la ley prohíbe a los candidatos hacer campaña con tanta anticipación como lo está haciendo AMLO y aunque él descaradamente niegue que ese sea su propósito, llegará el momento de poner las cartas sobre la mesa y sus opositores van a solicitar que sea descalificado como candidato por actuar contra las disposiciones legales, como siempre lo ha hecho, y si las autoridades respectivas aplican la ley, sin temor a reacciones populares manipuladas, lo van a dejar fuera de la competencia.


En el pasado, logró imponerse como candidato a dirigir el gobierno del DF a pesar de que la ley se lo impedía porque su residencia oficial era Villahermosa, como constaba en su credencial de elector. Santiago Creel, su opositor del PAN, declaró posteriormente: “Si yo hubiera llevado hasta las últimas consecuencias la aplicación de la ley, Andrés Manuel nunca hubiera sido candidato, pero lo dejé para que no dijeran que no le podía ganar en las urnas”. Qué iluso. Cometió un grave error y perdió en las urnas. Se le olvidó que en la guerra y en el amor todo se vale… hasta buscar la aplicación de la ley.


El Peje volvió a violar la ley con el terreno de El Encino, cercano a Santa Fe, que invadió para construir un camino de acceso al hospital ABC. Quedó demostrado que mandó cubrir de tierra la parte central del mismo para llevar periodistas que dieran testimonio de que no existía tal camino. Un juez le ordenó reintegrar a su dueño la propiedad y ante la negativa del excandidato ordenó que se le encarcelara. Se llevó al cabo el proceso respectivo, incluido el necesario ante el Congreso para desaforarlo y la sentencia fue de culpable; sin embargo, el presidente Fox cometió el mismo error de Creel y lo perdonó, “para que los mexicanos no pensaran que todo era un  plan para que no compitiera por la presidencia”.


Hace unos días, a pesar de la prohibición de realizar mítines ante el brote amenazador de influenza que ha causado ya más de 40 muertes y miles de infectados en todo el mundo, “el Mesías” hizo uno en Villahermosa y para hacerlo sentenció, con desdén: “Qué influenza, ni que ocho cuartos”. Todavía no se sabe si se le impondrá alguna sanción, pero resulta más que evidente que su personalidad lo impulsa a lograr lo que se propone a costa de lo que sea, aunque esto signifique pisotear la ley.


¿Logrará burlarla otra vez para las elecciones del 2012, con todo y que habrá hecho campaña ilegalmente durante seis años? Tal vez entonces su respuesta será señalar por enésima ocasión que hay un complot en su contra y la pregunta es, desde ahora: ¿Se saldrá una vez más con la suya?

 

 

 

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