En esto creo
Margarita Palomino Ovando
Magistrada de la tercera sala en materia civil del Tribunal Superior de Justicia de Puebla

El magistrado León Dumit es muy serio, muy austero, de pocas palabras pero, también tiene buenos proyectos —ojalá se pueda dar el tiempo para realizarlos—. Yo lo aprecio desde la universidad (somos contemporáneos).
La corrupción no es exclusiva de nuestra profesión. Hay médicos que maximizan un mal, arquitectos e ingenieros que te piden material de más y no lo aplican. Entonces, es un mal que tenemos que acabar los mismos ciudadanos, señalando los actos de corrupción y no prestándonos a pagar dinero.
No es utópico tratar de mejorar la administración de justicia, y la percepción que la sociedad tiene de cómo y quiénes trabajamos aquí. No todo es corrupción, no todo es el retorcer la ley. Se puede hacer justicia aplicando la ley, dar un buen servicio a la gente: una buena atención, una buena cara, y tratarla de manera sensible, porque todo el que llega hasta aquí trae un problema.
Admiro mucho de don Manuel Bartlett su personalidad, su fortaleza, su decisión para hacer las cosas y su congruencia.
Mucho del avance que hemos tenido en el Poder Judicial se debe a todos los proyectos y reformas que impulsó don Guillermo Pacheco Pulido, a su visión y sencillez. Él no hablaba de grandes cosas, ni le gustaba acaparar todo: nos daba oportunidad de que hiciéramos los proyectos y los pusiéramos en práctica.
Cada vez, aplicar lo mejor de mí, de mis conocimientos es el reto que me impuse desde el momento en que adquirí la gran responsabilidad de ser juez. Estudié una maestría y un doctorado, no para obtener un mejor sueldo, sino para realizar, cada vez, una actividad mejor y pugnar como pugnan a diario secretarios, jueces… por mejorar la administración de justicia.
De mis padres aprendí la honestidad, el trabajo, la disciplina y el orden. Mi padre fue un hombre muy recto, muy honesto; y mi mamá una mujer de mucho trabajo, de lucha, de empeño. Ella fue enfermera, hasta que la jubilaron con honores en el Centro Médico Nacional. Todo eso se te va quedando.
Resolver conforme a derecho no es siempre justo, pero somos tribunales que debemos apegarnos a la legalidad, y eso es algo que debemos tener muy claro.
Los logros satisfacen mucho, sobre todo, cuando más trabajo cuesta. Yo trato de transmitirle eso hoy a mis alumnos: que las oportunidades están ahí, pero hay que aprovecharlas, luchar por ellas, y vivir intensamente el momento de trabajo, de esfuerzo que se nos brinda.
La tenacidad es una de mis cualidades. Cuando inicio algo en lo que creo firmemente, no me detengo hasta concluirlo. No me gusta dejar los proyectos a la mitad.
Soy demasiado confiada con las personas a veces sin valorar mucho las cosas y por esa causa he recibido muchos reveses en la vida. Pero aún así sigo confiando.
La serenidad y la ecuanimidad son fundamentales en un juzgador. Si involucra sentimientos y preocupaciones corre el riesgo de dictar una resolución injusta. Pero cuando ya estudió analizó bien el asunto y tiene la serenidad para decir “sí, esto es así”, puede estampar su firma con la convicción de que lo hizo de la mejor manera posible. Quizá se equivoque porque no tiene todo el conocimiento, por una inadecuada percepción o porque hay otros criterios pero, no debe caber duda de que puso todo su empeño para tomar la decisión correcta.
Los retos que la vida te va poniendo te hacen fortalecerte, formar tu carácter y establecer metas, eso me impulsó a continuar, a superar la animadversión de mis compañeros de la carrera de derecho —por ser mujer—, y a ganarme su respeto y consideración.
No creo aquello de que entre las mujeres no puede haber amistad. Yo tengo excelentes amigas —no muchas— de mi misma profesión, algunas afines a mis actividades y otras diametralmente opuestas y de distintas edades. De todas ellas he aprendido muchas cosas maravillosas. Amigos también tengo pocos, pero igual son gente valiosa.
Teniendo dos hijos adolescentes me arriesgué a ingresar a un posgrado y logré las más altas calificaciones para demostrarle a mis hijos: “miren sí se puede, lo que yo les estoy pidiendo no es algo que no se puede hacer”.
La felicidad es una proyección interna que te hace ver las cosas de forma positiva, algo que emana de tu propio ser.
Ingresé al Poder Judicial como meritoria, estando en quinto año. Terminé mi carrera, me titulé y, los magistrados de esa época, que habían sido mis maestros, me dieron la gran oportunidad de ser secretaria de acuerdos. Claro, esto se debió mis antecedentes: desde el primer año busqué obtener la mayor cantidad de conocimientos, más que las mejores notas.
Belleza es cuando un conjunto de elementos se unen para dar un todo armónico; una melodía, un paisaje, una persona. Es sólo una percepción, y cada quien puede percibir algo distinto.
Un buen juzgador debe, además de tener un conocimiento profundo de las diversas materias del derecho, ser honesto, imparcial, manejar adecuadamente la discrecionalidad y tener muy firmes sus valores como ser humano.
Mis personajes históricos son Alejandro Magno, Julio César, Cicerón y particularmente me fascina Napoleón Bonaparte. No solamente fue conquistador, impulsó leyes, y además todavía tenemos allí el Código de Napoleón.
Me gustaba practicar aeróbics, lo he dejado últimamente y eso me ha representado unos kilitos de más.
Me he esforzado por nunca descuidar mi trabajo pero, siempre he dado prioridad a esos momentos en que los que mis hijos han necesitado que esté ahí. Su primer bailecito, su primera letra, la entrega de su diploma de maternal, de kínder, y hasta llegar verlos ser dos profesionales formados. En ocasiones me pregunto cómo le hice porque como muchas mujeres tuve que dividirme entre ser mamá, esposa, ama de casa, maestra, y avanzar en la carrera judicial.
Me apasiona leer sobre la historia de Roma, de Grecia… también me gustan algunos autores contemporáneos como Mario Benedetti —cuya muerte lamento mucho— y Octavio Paz, porque su obra refleja mucho a nuestra realidad mexicana.
El buen líder hace que las cosas funcionen y que las metas se cumplan. Y no a través de gritos, imposiciones, ni enojos, porque eso provoca que todo mundo se enoje, más bien buscando una armonía y una comunicación con su equipo. Yo exijo mucho pero también doy un trato humano.
Texto: Elisa Vega Jiménez
Fotos: Tere Murillo / Ulises Ruiz
|