De Cómo López Zavala Será el Único que Cumpla los Requisitos del Registro Priista
De algo se pude acusar a Javier López Zavala: de excederse en la operación política.
Cuando trabajó en la Subsecretaría B de Gobernación, al lado de Mario Marín Torres, llegó al exceso de irse a vivir un año a Nealtican en aras de solucionar el conflicto con los pobladores, quienes se negaban a que el gobierno del estado se trajera a Puebla el agua de la región.
López Zavala no sólo hizo su trabajo de conciliación: se hizo amigo, incluso, de un buen número de pobladores.
Así por el estilo se ha manejado en sus siguientes posiciones.
Lo mismo en Gobernación que en Desarrollo Social.
Amigo de los sacerdotes del estado, nuestro personaje habla con todos: con amigos y enemigos del gobierno, con el propio Rafael Moreno Valle Rosas y hasta con Enrique Doger Guerrero.
De hecho él, y no otro, ha sido puente entre Doger y el gobierno, lo que también podría ser considerado como un exceso democrático.
(López Zavala quiso empujar a su partido –y lo sigue haciendo- para que Doger se convierta en el candidato del PRI a la Presidencia Municipal. Ya se sabe: los enemigos de ambos lo ven como un exceso).
Metido en su traje de operador político, Zavala enfrentará ahora otra prueba de fuego al registrar sus aspiraciones ante la Comisión Estatal de Proceso Internos.
Y es que en su afán excesivo cuenta en este momento con el apoyo de 209 de los 217 comités municipales del PRI en el estado, incluyendo el de la capital.
Y más:
Con 8 de los 8 sectores y Movimiento Territorial.
Y más:
Con el 93 por ciento de los consejeros políticos estatales.
Y más:
Con el 90 por ciento de los afiliados al partidazo.
De todo se puede acusar a Zavala, menos de ser improvisado o descuidado.
Eso sí: no faltará quien lo acuse de pretender quedarse con todo el pastel de la sucesión.
Su problema en realidad es uno: de que se le pasó la mano en la operación política.
Con todos estos números a su favor, algo es claro: él será el único que cumpla los requisitos de la convocatoria durante el registro del domingo próximo.
Y es que ni los sectores, ni los comités municipales, ni los consejeros políticos, ni los afiliados, podrán repetir sus adhesiones.
Es decir: sólo se vale que apoyen a uno de los aspirantes.
No a dos.
Menos a tres.
En este sentido: si la mayor parte de las estructuras del partidazo apoyarán a Zavala nadie más cumplirá con lo que pide la convocatoria.
Ni Enrique Doger, ni Chucho Morales.
Esto provocará, faltaba más, que los susodichos se inconformen y acusen a Zavala de llevarse el pastel completo.
Lo mejor que podrían hacer es regañar a sus operadores por hacer mal su trabajo.
¿O cómo es posible que no hayan convencido a nadie de que son la mejor opción?
Ni PRI, ni PAN, y Menos José Juan (Un Politicastro que Fruta Vendía). El denominado “Niño Naranja”, José Juan Espinoza, no entiende bien en qué partido político milita.
Y es que hace dos días le dijo al periodista Ricardo Morales, durante el programa radiofónico de este, que Rafael Moreno Valle Rosas no será el candidato de Convergencia a la gubernatura del estado y que tampoco su partido se sumará a la alianza que se viene armando en torno del senador con licencia.
Además, dijo que su nuevo dirigente nacional, el ex senador Luis Walton, no se manifestaría a favor de la alianza para apoyar al virtual candidato panista, a quien acusó de pretender convertir en su rehén al mismísimo Convergencia.
Es obvio que Espinoza, dirigente estatal de este partido, no tiene la menor idea de cómo piensa Walton y que ignora hasta el discurso de este acerca de la citada alianza.
Veamos:
Durante su toma de posesión, a la que acudieron 623 delegados y 100 consejeros, Walton dijo que su partido está abierto a cualquier posibilidad de alianza con el PAN.
Según la reportera Ariadna García, de Reforma, el nuevo dirigente expresó: “Ya no queremos caciques ni virreyes, que lo mejor sea para la sociedad. Estamos abiertos a posibles alianzas con el PAN. (…) Impulsaremos la conformación de coaliciones electorales para frenar la regresión política que se vive en diferentes estados con gobiernos locales donde imperan los abusos, la falta de democracia y la nula transparencia”.
O una de dos:
O José Juan no fue a la Cuarta Asamblea Nacional o se quedó dormido en alguna de las sillas.
Y es que su discurso local –si así se le puede llamar a sus balbuceos- nada tiene que ver con el discurso nacional del nuevo dirigente.
Lo peor es que piensa que él puede convertirse en el candidato de Convergencia a Casa Puebla.
No se ría el lector.
Esta versión es real.
¿O cómo entendería usted el spot que envió al Instituto Electoral del Estado con el sonsonete de “Ni por el PRI, ni por el PAN, vota por José Juan”.
Queda clarísimo:
Fiel a su origen, el Niño Naranja quiere hacer negocio y vender caro su candidatura.
Por cierto: para que el lector ubique a nuestro personaje hay que decir que este muchacho se inició en la política moderna sacando fotocopias en la Secretaría de Finanzas, cuando su hoy odiado Rafael Moreno Valle Rosas le dio chamba de chalán.
Más delante, junto con Javier Jaramillo, tuvo un mejor empleo en un tema de Gestión y Enlace Institucional.
Eso sí: también bajo las órdenes de Moreno Valle.
Éste debería hacerle como Melquíades Morales cada vez que alguien le pega.
Y es que el senador del PRI se pregunta en esos momentos en voz alta: ¿qué favor le habré hecho a este muchacho?
Una más: cuando buscaba ser candidato a diputado federal, Espinoza se topó con que tenía un impedimento, pues la Contraloría había iniciado en su contra un procedimiento por una lap top que no regresó.
Tuvo que ir a llorarle al entonces contralor, don Héctor Jiménez y Meneses, para que no procediera la inhabilitación que lo dejaría fuera de la contienda.
Con estos bueyes hay que arar.
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