El otro delfín marinista
El proyecto transexenal de Mario Marín Torres comenzará a tomar forma antes de las elecciones de julio. De hecho, antes del 14 de febrero.
Lo hará a través de su otro delfín: Ricardo Velázquez Cruz.
El Tribunal Superior de Justicia será la primera aduana del dueño de las decisiones políticas del estado.
El doctor en derecho verá cristalizado su sueño de toda su vida.
Los plazos están por cumplirse. León Dumit cumplirá en esa fecha su segundo año como presidente del Tribunal y todo apunta a que no buscará la reelección.
Al menos, ese es el rumor que corre en los pasillos de todas las salas y los juzgados del Tribunal, que invariablemente incluyen el nombre del doctor en derecho como el más seguro sucesor.
Velázquez Cruz asumirá formalmente el cargo, pues en los hechos ya la hace de líder desde su encargo como supervisor de los juzgados.
Desde el 30 de julio de 2009, cuando tomó protesta como magistrado, se construyó su camino hacia la silla más importante del pleno del poder Judicial del Estado.
Quisquillosos como pocos, magistrados y jueces no ven con buenos ojos ese futuro.
De hecho, la mayoría de los 23 magistrados —de los 24 que integran el Tribunal— no están nada contentos con la especie.
Día a día aumenta su incertidumbre, preocupados por su futuro y por la caída de los cacicazgos que han venido construyendo desde hace muchos años.
Ya lo comenzaron a vivir desde julio del año pasado, cuando sus privilegios a la hora de la designación de jueces e integrantes del poder Judicial comenzaron a mermar.
Y es que Velázquez Cruz es un hueso duro de roer, que no está para cumplir los caprichos ni componendas de nadie, y sólo obedece los designios de su jefe.
Por eso el recelo para aceptar su unción.
Por eso en corto se han pronunciado porque León Dumit repita un año más en el cargo y se cumpla con la tradición política de que el gobernador entrante designe a su presidente.
Tras tomar protesta como gobernador, Mariano Piña Olaya designó a las dos semanas a Geudiel Nicandro Jiménez Cobarrubias como presidente del Tribunal, en 1998 Manuel Bartlett hizo lo propio con Fernando García Rosas y Melquiades Morales cumplió la tradición designando a Guillermo Pacheco Pulido.
Mario Marín rompió esa práctica permitiendo que Pacheco fuera reelecto en tres ocasiones, quizá obligado por las circunstancias a raíz del escándalo Cacho. El Maestro salió por la puerta principal vía la jubilación.
Por ello no dudan, ni un segundo, de que los cánones se vuelvan a romper y que antes de su salida nombrará al mandamás del poder Judicial y así iniciar su proyecto transexenal con su otro delfín.
Y es que aunque los magistrados no estén de acuerdo con Ricardo Velázquez, son parte de esa fauna política, que a la hora de las definiciones no hacen otra cosa que no sea seguir con la línea que se les dicta.
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