Gallo Zavalista vs Gallo Marinista
Cierren las puertas señores, porque dos gallos con padrinos diferentes velan armas para darse con todo en pos de la candidatura priísta a la alcaldía. El talentoso Jorge Estefan, con la bendición de Javier López Zavala y Alejandro Armenta, contra el segundo dedazo del gobernador Marín, Mario Montero. En medio de la quinteta y desatado como chivo en cristalería, el notario Carlos Meza que ayer arremetió contra todo y contra todos. Terceros interesados de la contienda, demandando la apertura del proceso, el antiEstefan Team: Víctor Giorgana y Pablo Fernández del Campo. Flotando sobre la contienda, casi como el espíritu santo, una convocatoria que debió ser emitida ayer y todavía no tiene fecha, ya que los candados incorporados a ella definirán la suerte del abanderado. Total, una revoltura que refleja un hecho natural: el niño Zavala, después de ser oficializado como candidato, se ha convertido en un adolescente rebelde que le juega las contras a su padre político. A cada capillita le llega su fiestecita, y el Día de la Independencia Zavalista ya llegó. Del trascendental nombramiento del candidato a presidente municipal dependerá el respeto que los actores políticos empiecen ya a tributarle al delfín, bajo pena de convertirse en un candidato que no controla nada de su campaña.
Mario Montero, se ha escrito ya, tiene dos ventajas: una gran delantera en las encuestas sobre el resto de los aspirantes, especialmente sobre Estefan al que apenas conocen 2 de cada 10 poblanos. El otro punto a favor, casi sobra escribirlo, es el favor del Dedo Supremo que lo ungió desde noviembre del año pasado. A su vez, tiene dos puntos en contra. Uno, que Javier López Zavala literalmente lo aborrece en lo personal, aunque su trato político es cordial. Dos, que sus características electorales son muy parecidas a las del candidato a la gubernatura: políticos tradicionales. Es decir, ambos se dirigen al mismo mercado electoral: el voto duro tricolor, los beneficiarios de los programas sociales del gobierno marinista y la prensa oficialista. No en balde, incluso, comparten publirrelacionistas que al mismo tiempo por gracia divina son monteristas y zavalistas.
Como ambos comparten características comunes y se dirigen al mismo mercado electoral, una amplia franja de votantes apartidistas o switchers queda desatendida y a merced de la seducción de la alianza morenovallista. Esa es la debilidad que el cuartel zavalista identificó y convirtieron en coartada para todos los días para tratar de dinamitar a Mario Montero. La pregunta no es si lo lograrán, sino hasta dónde están dispuestos a llegar para deshacerse de su molestia presencia.
La rebeldía adolescente de Zavala va increscendo: primero coqueteó con todos y cada uno de los aspirantes priísta, y a todos les prometió conformar la fórmula. Después, en plena negociación para evitar la ruptura con Enrique Doger, le ofreció al ex alcalde tal posición e incluso cabildeó su designación hasta que se topó con un portazo en la cara que le dio el gobernador Marín. Ahora su nueva y parece, definitiva carta, es Jorge Estefan Chidiac, al que cada día que pasa le encuentra nuevas virtudes.
Una de sus ventajas es que, literalmente por ser desconocido, se le puede construir una imagen que complemente a la de Javier López Zavala. Por si faltaren argumentos, le sobra dinero para enfrentar una campaña competitiva, tiene relaciones directas con la clase política y empresarial del país. Y un plus. Ofrece un producto del que carece el delfín: talento para debatir un programa de gobierno, tal y como se comprobó en la polémica sobre la derogación del impuesto a la tenencia vehicular.
Pero por más virtudes que se le encuentren a Jorge Estefan, lo cierto es que el gobernador Marín no le ve ninguna, mientras a Montero le ve todas. El Dios Mortal ya vetó a Doger y ahora se prepara a vetar también el ex presidente de la Comisión de Hacienda. Sólo que por primera vez encuentra un obstáculo: Zavala ya no parece dispuestos a tolerar más imposiciones y desde ya, quiere tomar decisiones sobre su propio futuro electoral. Al final, es su elección la que se encuentra en riesgo si el PRI equivoca al abanderado a la alcaldía. Es él quien perderá, y no Mario Marín.
Es natural que el delfín quiera acelerar su tránsito de adolescente a adulto para poder tomar sus propias decisiones. Por ejemplo, seguro querría poner a Carlos Meza de patitas en la calle luego de que éste dirigiera un fuego amigo inusitado sobre su campaña. Es hora de dar un escarmiento para evitar faltas de respeto y lealtad a la campaña. Pero no puede. Por ello algunos ex aspirantes ya corren el rumor de que Zavala “no tiene el control” de su propia campaña”. Un rumor nocivo que al paso de los meses puede erosionar la cohesión en el equipo de campaña.
Si me diera a apostar, yo diría que no hay forma de tumbar a Mario Montero, pues es un capricho del gobernador. Ni cien candidatos ni cien dirigentes podrán hacerle entrar en razón, porque ni siquiera la Triada Divina pudo convencerlo de darle la candidatura a Enrique Doger.
Por cierto, ¿y Doger? ¿Qué papel juega en esta trama? ¿Nos espera una sorpresa? Yo francamente lo dudo.
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