La estrategia panista: sangría de puntos o bombazo mediático
Los sondeos indican que el único camino para que Rafael Moreno Valle pueda entrar a Casa Puebla se encuentra en la ruptura del escenario inercial que muestran las encuestas. Una inercia que se encuentra fundada en por lo menos cinco variables: una altísima ponderación al PRI, un rechazó histórico a Acción Nacional, una calificación más que aprobatoria al gobernador Marín, un imperceptible anhelo de cambio en la sociedad poblana y un control absoluto de los medios locales de comunicación. Estos cinco factores combinados han provocado líneas paralelas de intención de voto: una brecha de 15 puntos de distancia a la hora de medir candidato con partido. Mientras Zavala ronda constantemente el 50 por ciento de intención de voto, Moreno Valle concita por ahí del 35 por ciento. Sumados ambos porcentajes, nos indican que en un hecho atípico, el electorado switcher parece no existir, pues a tres meses de los comicios apenas quedan 15 por ciento de potenciales indecisos. Así que la receta parece simple: el PRI debe mantener funcionando las cinco variables fundamentales y Moreno Valle destruirlas para ganar al 15 por ciento de indecisos y decepcionar a algunos tricolores para poder obtener una victoria mínima del 1 ó 2 por ciento de la votación.
Numerosos ejemplos prácticos muestran que las ventajas de 10 a 20 puntos pueden pulverizarse en una campaña electoral. La teoría muestra dos caminos para revertir. El primero es una sangría lenta pero segura a causa de errores continuos de gestión, lecturas erróneas de la realidad o pobres reflejos para responder a los ataques del enemigo. Algo así como le ocurrió a Andrés Manuel López Obrador o —a nivel local— a Antonio Sánchez Díaz de Rivera en el 2007. El tabasqueño arrancó con 12 puntos de ventaja sobre Felipe Calderón, pero errores de gestión —como no acudir al primer debate—, lecturas equivocadas de la realidad —su incapacidad para reconocer su descenso lento en las encuestas— y su falta de reflejos —respondió tarde a los spots que lo acusaban de ser un peligro para México—, lo hundieron.
A nivel local el caso más dramático es del Antonio Sánchez Díaz de Rivera. Inició la campaña con 20 puntos de ventaja y terminó perdiendo por 10 puntos. ¿Qué ocurrió? Una mezcla semejante a la de López Obrador: errores de gestión —pésimo modelo de comunicación aérea y enfrentamiento con poderes fácticos—, mala lectura de la realidad —su insistencia en atacar a Blanca Alcalá desde una postura misógina— y terrible capacidad de reacción —su partido nunca pudo activar el resentimiento latente por el escándalo Cacho y la investigación de la Suprema Corte de Justicia—.
El otro camino es detonar una bomba de mil kilotones en medio de la campaña electoral capaz de arrasar con todas las variables calculadas y modificar las preferencias ciudadanas recogidas hasta el momento por las encuestas. La colaboración de los medios de comunicación es absolutamente imprescindible en esta estrategia, pues a partir de hechos verdaderos o falsos se realiza una construcción eminentemente mediática que no guarda correlación con la realidad. Dada la magnitud de este tipo de campaña se encuentran pocos ejemplos, y tan sólo me vienen a la cabeza los casos de España en el 2004 y la elección local de Sonora del año pasado.
Hasta antes del 11-M, el Partido Popular llevaba una ventaja de cinco puntos en la encuestas, más que suficientes para adornar la salida de Manuel Aznar y la llegada de su delfín Mariano Rajoy. Lo curioso del caso es que no fue el ataque terrorista lo que modificó las preferencias electorales, sino el manejo mediático de él. Es decir, en las horas posteriores al bombazo en Atocha los medios de comunicación afines al PP se dedicaron a difundir la especie de que se trataba de un acto perpetrado por ETA, el grupo que Aznar siempre persiguió. El objetivo era apuntar la victoria de Rajoy. Pero los medios afines al Partido Socialista –en ese entonces el Grupo Prisa que edita El País- persiguieron la pista de que el ataque tenía raíces árabes, producto del resentimiento provocado por el apoyo de Aznar a la política bélica de Bush en Afganistán e Irak. Previó el domingo electoral se dio una impresionante batalla mediática que al final ganaron los medios socialistas, y gracias a eso Rodríguez Zapatero alcanzó la Presidencia del gobierno, pues los españoles entendieron el intento de manipulación mediática.
El caso de Sonora no requiere mucho detalle. El PRI se acercaba a revalidar la gubernatura del Estado con la imposición del delfín de Eduardo Bours cuando sobrevino el incendio de la guardería del IMSS en el que murieron varios niños inocentes. Y entonces se desató la construcción mediática, pues a pesar de que el IMSS es un organismo federal, los medios nacionales se lanzaron sobre personajes cercanos al gobernador Bours y altos funcionarios de su gobierno acusándolos de obtener la subrogación del servicio de guarderías. El bombazo no tuvo correlación con la realidad, pues el electorado hizo pagar al PRI por un error del IMSS. Incluso la primera conclusión de la Corte en su investigación fue señalar lo mismo a mandos estatales como a federales, incluido Eduardo Bours y Juan Molinar Horcasitas.
¿Cuál es el camino a seguir por Moreno Valle? Mañana lo detallamos.
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