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Humberto Aguilar Viveros

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Gloría Mejía

Fotos: Ulises Ruiz

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La figura de la diputación es de la gente, nosotros sólo la representamos. Es una responsabilidad que hay que cuidar. Quizás te la da la vida, pero también nos la dio la gente y a ella nos debemos. Los puestos de elección popular tienen un final determinado. El cargo se lo debe uno a la gente que fue la que nos hizo llegar hasta acá.

 

Mis compañeros de la Legislativa son todos hombres y mujeres muy valiosos. Son líderes sociales. Y si están aquí al igual que yo es por méritos propios. Me esfuerzo por entenderlos, pero me doy el tiempo suficiente para escucharlos. La prioridad es atender la inmediatez que tengan los diputados porque ellos necesitan saber que haya alguien que los entienda, cuando proponen sus leyes, decretos e iniciativas, porque van dirigidas a la sociedad. Por eso escucharlos me tiene que obligar o permitir estar al día y procurar la sensibilidad y que saquemos juntos las propuestas que presentan.

 

No me ha parecido justo que a los campesinos se les trate como de segunda o de tercera. Que alguien no se acerque a la gente de campo porque huele a sudor, o porque viene vestido de manera diferente y con huaraches o sombrero. Mi compromiso es con ellos, principalmente, porque yo también soy del campo.

 

La lealtad es la virtud más grande que puede tener un hombre. Es hablar con la verdad y poder decirle a las personas que creen en uno, lo que sentimos, buscamos o queremos lograr pero sin afectar a nadie. La lealtad es el tónico gratificante de un ser hacia un objetivo común o personal. La deslealtad es una villanía a uno mismo, la tolero porque no soy un ser intolerante. En la vida la prudencia es muy importante y hay que aprender a escuchar siempre.

 

Mi vida nunca ha sido de guaruras. El hecho de tener una persona que te cuide demuestra inseguridad. Al menos que su cargo se lo exija. Yo les decía que si no le hace daño a la gente y no afectas interese de terceros, no habrá quien te agreda. Si cumples y eres responsable, la gente te va a tratar bien. Si eres déspota prepotente o arrogante y cuando quieres incorporarte a tu mundo social, te van a ignorar. En esta vida somos de paso y tenemos que cumplir con las responsabilidades.

 

Las jornadas laborales largas no me asustan. Estoy acostumbrado a trabajar desde niño y levantarme a las cinco de la mañana y terminar muy noche el trabajo. Ahora que tengo un horario, que comparado con lo que hacía no me cuesta trabajo y menos incorporarme a cualquier actividad. Uno está acostumbrado a servir y no esperar a estar en el presídium, ni estar en primera fila, sino todo lo contrario. Lo importante que no sienta uno que es el centro de atención.

 

Los puestos en la administración pública, tiene su principio y su fin. Entiendo perfectamente que todo tiene su término. Después de esto tenemos que estar preparados para incorporarnos a la sociedad y que viene otro atrás. Por un error o desacierto le pueden dar las gracias a uno.

 

La gente que me conoce no me dice diputado o licenciado, me llama simplemente “Beto”. Y me siento muy a gusto de que me digan así. Los títulos son un esfuerzo personal, te dan presencia. Cuando las personas me dicen “Beto” o Humberto, me demuestran que yo he generado confianza.

 

Hasta la fecha sigo de vez en cuando trabajando en el campo y en mi fase final regresaré a dedicarme a esas labores. Yo vivo en Tepeaca hasta la fecha y en los últimos 30 años de mi vida viajo todos los días. No es pesado, es parte de una rutina de trabajo.

 

Desde niño aprendí las labores del campo. Esto me enseñó que la lucha cotidiana es producto de un esfuerzo permanente. Para poder no solamente aportar y coadyuvar a la familia, sin descuidar los estudios.

 

Mi padre a pesar de ser un hombre de campo se suscribió al periódico El Universal, y me obligaba a leer por las noches temas de carácter político. Aunque estuviéramos cansados, nos ponía a leerle. Lo hacía con la finalidad de que mejoráramos la lectura y él estaba tan bien enterado que cuando nos equivocábamos, inmediatamente nos corregía. Le agradezco mucho a mi padre que me haya enseñado varias disciplinas y que me obligó a interesarme en temas sociales y en temas políticos.

 

En 1964 tuve la oportunidad de conocer a Adolfo López Mateos porque llegó a Tepeaca a inaugurar el agua potable. En el 66 tuve la oportunidad de saludarlo en la ciudad de México. Ya interesado en ese tema, seguí de cerca la sucesión de Gustavo Díaz Ordaz.

 

Me incorporé a la CNC en mi adolescencia, me defino por las actividades sociales y mi simpatía política. En 1972 por primera vez tuve una experiencia de receptor en un proceso electoral, en la sección cuarta. Ingresé a la Escuela de Derecho justo cuando se dio la Reforma Universitaria en el gran movimiento social universitario. Me correspondió la primera generación de estudiar por semestres.

 

Lo mejor de mi vida es mi familia, tengo a mi esposa María Victoria con la que he compartido 26 años juntos. Tenemos tres hijos: Humberto, Cuauhtémoc y Miguel, el mayor es abogado, el segundo estudió en la UNAM, Ciencias Políticas, y el menor está actualmente en cuarto semestre, también en la UNAM.

 

Como jóvenes que son, mis hijos tienen inquietudes y sus errores como todos. Ellos irán corrigiendo, con sus tropiezos que muchos de nosotros los hemos padecido. Pero todas son experiencias que el día de mañana les van a permitir corregir el camino.

 

Un día con mi familia en casa es un día de trabajo, porque tenemos actividades comerciales y agradezco a mi esposa y mis hermanos que atiendan el comercio. Desayunamos juntos cuando se puede. Me voy a mis actividades políticas, y si no hay nada, entonces me dedico a las actividades del comercio. Los domingos salimos a comer en familia y por la noche platicamos sobre los temas de mis hijos.

 

No soy rencoroso. Esto me permite disculpar fácilmente a las personas. Con el tiempo se van aliviando muchas situaciones. Pero no tengo rencor por nadie.

 

Reconozco muy rápido mis errores y lo que más me molesta es cuando llego a cometerlos, pese a que los focos rojos avisan. Aunque en ocasiones uno comete fallas personales, lo importante es reconocerlo y aceptarlo, pero también corregir y aprender de ellos.

 

Yo creo que no tengo enemigos, quizás adversarios políticos. Pero siempre será en buena lid. Tengo más amigos. Jamás he tratado de ultimar a nadie, al contrario, trato de buscar consensos y acuerdos con las personas.

 

No me gusta soñar, me gusta hacerlos realidad. Ilusiones, tal vez. Me gustaría que la gente sufriera menos y que tuviera los elementos de equidad económica más justos. No es rollo, es consigna personal y trato de que los apoyos y beneficios le lleguen a la gente.

 

Reconozco el trabajo de Mario Marín porque nunca ha perdido sus raíces. Tiene un discurso de un hombre que ha vivido las necesidades de la gente y cuando eso pasa, le es muy fácil entender las necesidades de la gente. Cuando lo escucho retrata la identidad de los pueblos. Emiliano Zapata me dejó marcado por su trabajo y lucha social, aunque también me identifico con Lázaro Cárdenas.

 

“Por mi raza hablará el espíritu”, es una frase de Vasconcelos con la que me identifico y es celebérrima. La gente que tenemos una identidad con nuestro origen siempre sacaremos la identidad mexicana y el espíritu va siempre hacia adelante.

 

Les pido a mis hijos que sean auténticos y que siempre se conduzcan con la verdad. Que no se autoengañen. No quiero pecar de petulante, pero la honestidad debe ser un valor que debemos seguir adelante, así como el respeto a los demás. Que sepan distinguir de los amigos las virtudes y también los vicios.

 

Humberto Aguilar Viveros sigue siendo una persona dedicada al trabajo, que gusta del comercio. Pero no el de hacer negocio en la administración pública, aclaro. En los momentos que no me dedico a los temas políticos, ando haciendo mis actividades comerciales. Mi modo vivendi es el comercio, lo hago desde niño hasta la fecha.

 

En cinco años me veo como un ciudadano común de esta sociedad poblana. Si alguien piensa que Humberto Aguilar Viveros es valioso para su partido o para la sociedad, lo haré dignamente y donde me den la oportunidad. Y si no se dieran las cosas, lo único que me quedará es seguir dentro de mis actividades cotidianas dentro de la sociedad, pero siempre con lealtad al Partido Revolucionario Institucional.

 

 

 

 



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