Dios en el Poder

Selene Ríos Andraca

diosenelpoder@hotmail.com

Jueves 19 de Enero de 2012


Del saludo a la salvación









N

unca he comprendido la obstinación de los políticos por saludar a sus mandos superiores.


No puedo entender por qué corren tras el candidato, el futuro candidato, el posible candidato, el sonado candidato, el eventual tapado o bien al líder nacional, estatal, municipal o seccional.


¿Para qué?


¿Qué piensa obtener, por ejemplo, Javier López Zavala al saludar a Enrique Peña Nieto?


¿Qué cree lograr Erick Cotoñete al corretear a Andrés Manuel López Obrador?


¿Qué le hizo pensar a Mario Riestra que su vida cambiaría por estrechar la mano de Ernesto Cordero, aún con el camarazo en su frente?


No me imagino a Peña Nieto, sentado en su camioneta, girando instrucciones: “Que el candidato al Senado sea Zavala porque me rete saludó en el evento de la mañana”.


O al oriundo de Tepetitán, Tabasco: “Ej que eje bigotón que me jaludó debería jer el bueno pa´l Jenado”.


O qué tal a Ernesto Cordero: “No importa si me gana Josefina, al menos, bendito Dios, saludé a Mario Riestra en Cholula”.


WTF!!


Entiendo si la intención es darle un beso —tronadísimo— a López Obrador o peinar el copetito del exgobernador mexiquense —iú— o calcular la corta estatura de Cordero, o verificar el maquillaje de Vázquez Mota, pero correr para saludar y soltar el clásico: “Aquí estamos y te apoyamos desde Palmarito Tochiapan”, no lo logro masticar.

 

 


Ayer, en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI se llevó a cabo la Comisión Política Permanente para lanzar la convocatoria para la designación del candidato a jefe de Gobierno del Distrito Federal, dos priistas llamaron la atención de la mayoría.


Sí, uno fue Javier López Zavala.


Y la otra, Bla-blanquita Alcalá.


Follow me.

 

 


La sesión había iniciado en la sede nacional del tricolor, mientras Zavala embutido en su trajecito trataba de hilar alguna plática con quien se dejara.


—Yo ser el mejor candidato. El mejor posicionado. Yo merecer candidatura.


Más de tres le dieron la vuelta al priista que perdió la gubernatura en 2010.


Al fin, Zavala logró colarse en la primera fila del evento y estuvo cara a cara con Pedro Joaquín Coldwell:


—Yo ser el mejor candidato. El mejor posicionado. Yo merecer candidatura—, insistió aquel.
El líder nacional del partidazo sonrió y siguió caminando.


Al ver su fracaso corrió tras Miguel Ángel Osorio Chong:


—Yo ser el mejor candidato. El mejor posicionado. Yo merecer candidatura.


Sonrió nervioso y fingió que recibía una llamada.


Zavala se rindió cuando ni Beatriz Paredes le dedicó más de 15 segundos.

 

 


Blanca Alcalá era otra que peleaba contra la bufalada del tricolor. En vez de arreglar sus problemas con el Órgano de Fiscalización Superior y de encontrar una forma para solventar más de mil millones de pesos, la exalcaldesa optó por tratar de convencer a sus dirigentes sobre su candidatura al Senado y sobre la teoría que las irregularidades detectadas en su cuenta pública obedecen a una guerra en su contra.


—Pedro, mira, voy a solucionar mi problema, es un asunto político, una guerra en mi contra, pero soy la mejor carta para el Senado.


El mismo discurso lo repitió hasta la náusea.


La duda me mata ¿Blanca Alcalá cree que justificándose ante sus dirigentes, sus problemas se solucionarán?


¿Los mil millones se solventarán solitos?


¿Con tantos saludos los mil millones desaparecerán?


¿David Villanueva olvidará el pliego de observaciones por mil millones de pesos por las pláticas de Blanca?


Blanquita debe comprobar las observaciones a su cuenta pública 2010 y se anda paseando.


Diría mi mami: yo, en su lugar, estaría infartada.


Oh Lord.

 

 

 

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