Por las entrañas del poder

Jesús Ramos

Viernes 03 de Septiembre de 2010


Bromas, estupideces y chascarrillos de ingenuos








De la inconsistencia a la estupidez hay un paso, ejemplos, Guillermo Deloya, Valentín Menéses, Ardelio Vargas y la presunta reunión de la vampiresa Elba Esther Gordillo con Mario Marín y Rafael Moreno Valle; sin distingo, cualquiera de estos personajes y temas de la semana merecería tomarse a chascarrillo o a broma.


Pero, vamos por partes. ¿Qué calidad moral tendrá Guillermo Deloya para criticar en lo público la ropa sucia del PRI estatal teniendo todos los días y tan cerca al primer dirigente del partido? Peor aún, ¿de qué talla pueden ser sus pantaloncitos que no le ajustaron lo suficiente para criticar en su momento cuando su jefe puso y quitó dirigentes, y puso y quitó candidatos?


El recurso político, lo que Deloya tiene en la tarjeta de crédito partidista pues, no le alcanza para opinar, sugerir ni criticar los modos con que se ha conducido el PRI en los seis últimos años, menos aún para vomitar la antidemocracia con que se presume será elegido el nuevo dirigente.


Seamos honestos, Deloya representa en el PRI y en la clase política al vacío, la ausencia, a la nada. No representa más que así mismo. Y tal vez, en el sentido más estricto de la palabra, representaría al marinismo, del cual sigue siendo empleado en su calidad de secretario particular del gobernador en turno, pero nunca a un crítico o intelectual.


Dejemos a Deloya atrás para ocuparnos de un alto funcionario del estado. Digamos, de El vale. Y es que bien valdría la pena que Valentín Menéses en su calidad de Secretario de Gobernación, explicara por qué el gobierno estatal le toma el pelo a los poblanos, o cuando menos lo intenta. Si la línea de crédito con Bancomer por 2 mil 500 millones de pesos ya había sido utilizada, por qué mentir conjugando la deuda en tiempo futuro, siendo que fue cosa del pasado.


En este espacio, apenas el lunes, se externó la sospecha de que eso del crédito fuera una simple y mañosa cortina de humo aventada a la opinión pública para quitar atención al tema de las notarías, a las que políticos mañosos como Oscar Aguilar González y funcionarios públicos como el mismo Valentín Menéses, entre otros, amagan con sus fauces babeantes para tragárselas de un bocado.


Y qué decir de Ardelio Vargas, en esta semana de sandeces, cuando autopromocionándose –como sabe hacerlo- en los medios de comunicación para el cargo de secretario de seguridad pública se atreve a decir que la seguridad en México está de la chingada, como si no lo supiéramos, o como si quisiera mensajear a Moreno Valle dándole a entender que él es la solución, o como si no hubiese más tela de dónde cortar en Puebla para el cargo. No sé ustedes, pero Ardelio Vargas tiene más percha del Comanche, el picaresco patrullero aquel de los años 70 interpretado por el comediante Sergio Ramos que hacía reír a medio mundo diciendo cada tontería, que de secretario de seguridad pública para resolver lo que sorprendentemente él expresa está de la chingada.


Una copa más. Para concluir, diremos que carece de argumentos serios y sólidos establecer que Moreno Valle y Mario Marín necesitaron de la intermediación de Elba Esther Gordillo para que el segundo comenzara a entregarle el gobierno al primero, como si no estuviese obligado por la Constitución. O para que Marín pusiera condiciones para salvar el pellejo. O para que Marín, Elba Esther y Moreno Valla siguieran siendo amigos. O para que Doña Perpetua fuese garante de alguna prebenda o acuerdo. Por favor, quién confía en la palabra de Elba Esther, ¿usted amigo lector? ¿Qué interés tendría La maestra en seguir siendo amiga de Marín, sabedora que los dos son finísimas personas? No jodan.

 

 

 

 

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