Jesús Ramos
Lunes 06 de Septiembre de 2010
La decisión de impedir a toda costa que un marinista lidere el PRI estatal no se circunscribe a las fobias de un puñado de opuestos locales y nacionales al moribundo régimen, sino a razones que relacionan el pasado electoral del 4 de julio con el futuro presidencial del 2012.
Del pasado existe la sospecha, aunque Alejandro Armenta Mier y Paloma Guillén Vicente apenas lo digan en sus herméticos círculos de privacidad, que de la derrota gubernamental solo pudieron estar enterados con días o incluso semanas de antelación tres personas: Mario Marín, Valentín Menéses y Mario Montero Serrano.
Coincidentemente, los tres ligados a su pasado académico, a sus precarias condiciones de vida –dígase Marín y Menéses-, a la primera circunferencia de la burbuja marinista y al tejido práctico para conquistar el gobierno del estado desde el primer año de gobierno de Melquiades Morales. ¿Quién si no ellos, los de mayor confianza?
¿Qué quiere decir esto? Que Armenta, Paloma e incluso el mismo Javier López Zavala sospechan, sin decirlo, que si hubo un acuerdo de intereses en el trueque de poderes estatales quienes debieron estar involucrados en acción u omisión fueron Marín, Menéses y Montero, en ese orden, ¡nadie más! Y habría que recordar pues, sin ser este un elemento determinante, que los tres asumieron la derrota, incluyendo a este último, con sorpresiva naturalidad.
La sospecha, sostenida por la inoperancia del aparato electoral del día “D”, hace pensar a Armenta, Paloma y a un grueso número de políticos priistas, que en caso de que un marinista llegase a la dirigencia estatal del partido, nadie, ninguno, estaría ya no digamos seguro sino tranquilo en 2012 de que sus espacios no fuesen truequeados antes de la jornada.
Y en esas están los melquiadistas, beatricistas, blanquistas, dogeristas, diputados locales y federales e incluso un numeroso sector del marinismo dirigido por López Zavala. No se equivoque, la paranoia no es exclusiva de los opuestos, también engloba a los ganosos candidatos a senadores y diputados federales en 2012 y a los que quieren una interlocución política e institucional, no de trueque ni rabiosa, con el próximo sexenio.
La entrevista de Roberto Madrazo concedida a los medios locales en el cumpleaños de Enrique Doger fortalece de varias maneras la proposición de los contrasexenales: Ningún priista cercano a Marín debe presidir el partido. Es de suponerse que Madrazo pudo haber hablado más de la cuenta cuando dijo lo anterior, pero lo hizo de sobra cuando añadió: Con el nuevo gobierno estatal se requerirá una buena interlocución, cosa que no se lograría si el dirigente fuese cercano a Marín.
En las razones políticas de corto y mediano plazo, el priismo local no está preocupado por sumas y restas, multiplicaciones y divisiones de los diversos grupos políticos, argumentos tan recurrentes en los discursos de los que aspiran al liderazgo del partido y en la tinta de los analistas, sino en sancionar las posibles y sospechosas traiciones que derivaron en la pérdida de Casa Puebla. Ah, y en algo más...
…En convertirse no en un vulgar marchante de Moreno Valle, ni en un Judas Iscariote, sino en un constructor de complicidades políticas capaz de hacer alianzas soterradas que favorezcan a Enrique Peña Nieto, algo que no podría concretar un marinista, si Elba Esther Gordillo decidiera jugársela con Gelboy.
****
Ardelio Vargas urge de la secretaría de seguridad pública del estado no como un puesto netamente local, sino como una trinchera que le permita guerrear con su adversario José Luis Pliego Corona, actual legislador del Distrito Federal por el PRI y experto en contra insurgencia, contra inteligencia, contra espionaje y criptografía.
Y es que ambos examigos y expolicías, por obra y capricho del destino, hoy aspiran a lo mismo, a ocupar la secretaría de seguridad pública federal en el próximo sexenio, sólo que Ardelio con un presidente surgido del PAN y Pliego Corona con uno emanado del PRI, dígase Peña Nieto con quien tiene esperanzas al cargo partiendo de su madrina política, la senadora María de los Ángeles Moreno.
El cálculo de Ardelio Vargas tiene lógica, la secretaría de seguridad pública de Puebla junto con Rafael Moreno Valle le servirían de catapulta para saltar de nueva cuenta a las grandes policías federales, o cuando menos al liderazgo de la AFI y PFP de donde fue corrido por Genaro García Luna en 2007.
Autoría intelectual
****Tal vez a algunos moleste, pero Enrique Doger sigue siendo un personaje importante de la política poblana, de quien se dicen igual linduras que diabluras, a quien meten y sacan de los escándalos, al fin y al cabo hombre de polémica. **Doger, como ya lo develó Madrazo no va por la dirigencia, va por la coordinación de diputados locales.