Mudanzas

Alejandra Fonseca

alefonse@hotmail.com

Miercoles 22 de Febrero de 2011


Reverencia por la vida










Tengo vivos recuerdos de, cuando niña, en las tómbolas ganaba pollitos, tortugas y peces. Los amaba. Sobre todo a los pollitos porque los podía acurrucar entre mis manos  y tenerlos conmigo: les ponía su foco, su agua, su comida y su cama en una esquina de mi recámara para que vivieran conmigo. Y el sol brillaba más al escuchar su tierno piar tempranero que me revivía la ilusión de tener a alguien a mi cargo. Igual me pasaba con mis perros y gatos, pero hoy quiero hablar de mis pollos.


A los pollos que crecieron conmigo los sacaba al jardín de la casa para que buscaran gusanitos o lo que fuera. Los capoteaba para que no se atoraran en las plantas y cuando el frío del atardecer arreciaba, los regresaba a la recámara conmigo.


Así crecían y, día a día, los veía como cambiaban de plumaje, como crecía su pico, sus alas, sus patas y se volvían más robustos. Aún recuerdo con particular fascinación sus primeros cantos, desafinados y como si se ahogaran. Pero eran mi orgullo porque crecíamos juntos.


Lo más espantoso era, cuando un día, después de varios meses que estaban conmigo, llegaba de la escuela y al buscarlos en el jardín, ya no los encontraba. Pregunté y nadie decía nada. Y ese preciso día, habían preparado caldo de pollo y guiso de ídem. Yo no comía. Sabía que ese era mi pollo y no resistía ver las piernitas ahí flotando en el caldo, o sus alas, o su pechuga en el guiso. ¿Cómo comerme a mi gran compañero de vida? ¿Cómo disfrutar el sabor del que vi vivo, desde que casi salió del cascarón, hasta que fue grande, y ya no lo vi? ¡Imposible! Ese día no comía. Y muchos días después, tampoco. Pero eso no era lo grave. Lo trágico es que perdía a mi mejor amigo y compañero de tardes. El mismo que respondía a mi voz y en las mañanas me espiaba para hacer contacto ojo con ojo. Y luego en el jardín jugábamos a corretearnos.  Fueron pérdidas que me dejaron huellas.


Estos recuerdos estaban nublados en mi interior, o los consideraba mi parte dolorosa de crecer, por lo común que es comer animales, hasta que vi el video de Gary Yourofsky “¿Por qué soy vegano?” (http://www.youtube.com/watch?v=es6U00LMmC4&feature=player_embedded). Ahí comprendí que el amor que siempre he sentido hacia los animales, y la repulsa a comer los que han crecido conmigo, (para empezar) tiene un nombre: Veganismo.


Es difícil llegar al nivel de consciencia y convicción que tiene Gary Yourofsky, a sus acciones a favor y en defensa de los animales no humanos, a sus prácticas y forma de vida. Sobre todo su reverencia por la vida en cualquiera de sus manifestaciones. Y me gustaría. También sobresale la manera tan degradante que, en la actualidad, se trata a los animales en las granjas que se producen los alimentos que se comen.   


La primera fundación vegana formal en Estados Unidos de Norteamérica, es la de Elsie Shrigley y Donald Watson que, en 1944, por motivos éticos hacia los animales no humanos, fundamentó su filosofía. Ellos consideraban un horror su explotación ya que es similar al maltrato en la peor de las esclavitudes humanas. Al veganismo lo definieron como “una filosofía de vida que excluye todas las formas de explotación y crueldad hacia el reino animal e incluye una reverencia a la vida. En la práctica se aplica siguiendo una dieta vegetariana pura y anima el uso de alternativas para todas las materias derivadas parcial o totalmente de animales".

 

El veganismo es mucho más que una dieta, diferente a ser vegetariano. El primero es una alternativa ética con un gran respeto hacia toda manifestación de vida animal, como seres sintientes de este planeta, que luchan por una igualdad animal con mismos derechos animales. El veganismo tiene un interés particular por mantener un estado de salud óptimo físico, mental, emocional y espiritual. Su dieta consiste en vivir de productos del reino vegetal y excluir carne, pescado, aves y sus productos como huevos, miel, leche animal y sus derivados. También promueve el uso de productos alternativos para todos los artículos de uso cotidiano, que derivan de los animales de manera total o parcialmente.

 

Los vegetarianos tienen prácticas distintas: sin tener necesariamente una preocupación ética por defender los derechos animales, su preocupación es, básicamente, alimenticia y de salud, y su dieta incluye huevos, miel, leche animal y sus derivados.

 

Los veganos evitan la explotación cruel, injusta e innecesaria que daña y mata a los animales no humanos. Están a favor del respeto a la vida de todo ser sintiente. Un vegano no caza ni pesca, no aprueba el entrenamiento y confinamiento cruel y antinatural de los animales en los circos y zoológicos, o en cualquier otro tipo de espectáculo que los utilice como atracción. Buscan que los animales vivan de manera placentera en su hábitat natural.

 

Parece una utopía pero la lucha está punzante. Desde siempre ha habido personas “veganas”, aunque no se usaba el término. Veganos famosos son: Platón, Pitágoras, Leonardo Da Vinci, Voltaire, Albert Einstein, Franz Kafka, Gautama Buddha, León Tolstoi, Mary Shelley, Bill Clinton, Broke Shields, Kate Winslet, Naomi Campbell, Naomi Watts, Elle Macpherson, Demi Moore, Madonna, Alanis Morissette, Mike Tyson, Paul McCartney, Sting, Sinéad O’Connor, Ellen DeGeneres y Uma Thurman, entre muchos otros. (http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Veganos)

 

Esta filosofía puede expresarse, básicamente, en palabras de una gran amiga: “No como nada que tenga ojos”.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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