Opinión

Israel Pacheco

Miercoles 12 de Enero de 2011


HUELGAS DE CANANEA Y RÍO BLANCO









Es lamentable que pocos mexicanos recordemos que el pasado 7 de enero se cumplen 104 años de la huelga de río blanco, pero es más condenable que los propios trabajadores y los sindicatos no tengamos presente y no conmemoremos este importante movimiento obrero, gracias al cual, los trabajadores actualmente gozamos de derechos laborales que nos permiten un trato más humano.  Para no caer en el error, agradezco este espacio que me da la oportunidad de recordar la gesta heroica de los Mártires de Río Blanco y Cananea.

 

El olvido de estas dos huelgas ocurre porque en la instrucción académica que reciben nuestros niños y jóvenes, las escuelas mutilan y manipulan la historia de México. A nuestros estudiantes y al pueblo en general se les ocultan acontecimientos históricos vergonzosos que terminaron en asesinatos y masacres, los cuales, como en el caso que nos ocupa, se originaron por los abusos cometidos por empresarios extranjeros en contra de trabajadores mexicanos con la complacencia y contubernio del Gobierno Mexicano.

 

Para los trabajadores, recordar la gesta heroica de las huelgas de Río Blanco y Cananea significa fortalecer nuestra conciencia sindical, la unidad y la lucha. De ahí la importancia de que los Sindicatos retomemos y asumamos el papel que nos corresponde desempeñar.

 

 

Huelga de Cananea:


Fue una huelga laboral en el mineral de cobre en Sonora, contra la empresa "Cananea Consolidated Copper Company" (CCCC), propiedad de un coronel estadounidense llamado William C. Greene.


La rebelión de los 2000  trabajadores mineros mexicanos comenzó el 1º de junio de 1906, porque la compañía “CCCC” tenía trabajadores mexicanos y estadounidenses, y a los mexicanos les pagaba menos y les daba un trato inhumano en comparación con los norteamericanos.


Los trabajadores demandaban a la empresa que el 75 % del total de los trabajadores fueran mexicanos y el 25 % extranjeros, un trato y salario equitativo, jornadas de trabajo más justas y mejores condiciones de trabajo


El movimiento fue encabezado por los trabajadores Juan José Ríos, Manuel M. Diéguez Esteban Baca Calderón quienes al salir de las oficinas de negociación con la negativa de “Greene”, en ese momento llamaron a sus compañeros mineros al paro de actividades laborales y se declararon en Huelga, un acto nunca visto en la historia de México y que vendría a marcar un hito en la época Porfiriana Los huelguistas portaban como símbolos la bandera de México y un estandarte con un billete de cinco pesos, cantidad que demandaban como salario mínimo.  Una vez iniciado el movimiento de huelga los trabajadores se dirigieron a protestar cuando al pasar a un costado de la maderería de la compañía se empezaron a oír las descargas de fusiles, eran los trabajadores estadounidenses que tomaron armas y dispararon contra los huelguistas mexicanos, en este acto murieron dos de los huelguistas y varios más resultaron heridos. En respuesta a esta agresión los mineros mexicanos atacaron con lo que disponían en el momento y a pedradas mataron a varios mineros estadounidenses, lo que desató por completo la batalla entre mineros de las dos nacionalidades.  Los trabajadores estadounidenses persiguieron a los mexicanos a lo largo del pueblo  expulsándolos  hacía  la serranía  de  los  alrededores,  sin embargo, en su  camino los mexicanos lograron quemar cinco depósitos de madera, un depósito de semillas, otro de forrajes y el edificio de la maderería donde aquellos laboraban.  Inconforme por estos actos, “Greene” acudió al cónsul estadounidense, quien pidió apoyo al gobierno del vecino estado de Arizona, en respuesta a su petición el 2 de junio se envió a un grupo de “rangers” para controlar la situación, los cuales entraron armados a territorio mexicano para custodiar la tienda de raya y las instalaciones de la minera, perseguir y asesinar con el apoyo de la policía rural porfirista, a todo huelguista que opusiera resistencia.  Los mineros acudieron al gobernador de Sonora para exponer sus demandas, pero en el trayecto fueron agredidos por los “rangers” y se extendió el combate en el poblado.  El 3 de junio se declaró Ley marcial en Cananea y el movimiento quedó casi controlado, los líderes mineros como Baca Calderón y otros integrantes del Partido Liberal Mexicano fueron aprehendidos y enviados a la prisión política de San Juan de Ulúa, el saldo que arrojó está lucha fue de 23 muertos y 22 heridos, más de 50 personas detenidas y cientos que huyeron por temor.  El 6 de junio las actividades mineras regresaron a su normalidad, los trabajadores fueron reprimidos y sometidos, la incompetencia del entonces gobernador de Sonora Rafael Izábal se dejó ver, sin embargo el primer destello de luz de la Revolución Mexicana se había dado en un pequeño poblado al norte del Estado de Sonora.

 

 

Huelga de Rio Blanco

 

 

Durante la Dictadura Porfirista se prohibió a los trabajadores que formaran organizaciones o iniciaran cualquier manifestación para defender sus derechos laborales, castigándose con multas e inclusive prisión a quienes desobedecieran.


Pese a esta situación y a lo ocurrido en Cananea, 6 meses después, otra importante huelga estalló. En enero de 1907, en la región de Orizaba, en el Estado de Veracruz, trabajadores de las fábricas textiles de Río Blanco, se declararon en huelga por las malas condiciones de trabajo a que eran sometidos; entre las que se encontraban jornadas continuas de 14 horas, salarios sometidos a multas, y control sobre las actividades que realizaban los trabajadores.


En busca de una solución los obreros nombraron como árbitro de la problemática al Presidente Porfirio Díaz, quién favorece a los empresarios y ordena la reanudación de labores en las fábricas el 7 de enero de 1907, no sólo sin satisfacer las demandas de los trabajadores sino además con nuevas condiciones que atentaban contra la libertad y derechos de los inconformes.


Al no obtener una respuesta favorable, los obreros de Río Blanco no aceptaron la resolución del Presidente de la República, el conflicto creció y los trabajadores decidieron continuar la huelga. 


El día 7 de enero en Río Blanco cerca de dos mil trabajadores operarios agrupados en el Círculo de Obreros Libres se amotinaron frente a la fábrica, lanzado piedras e intentando quemarla, pero la policía montada lo impidió, entonces saquearon y quemaron la tienda de raya propiedad de Víctor Garcín, un empleado de la tienda de raya dio muerte a uno de los trabajadores huelguistas.

 

La reacción de los obreros fue atacar con piedras y amotinados incendiaron la tienda de raya, dando muerte a los dependientes. Por órdenes de Porfirio Díaz, el ejército al mando del general Rosalino Martínez disparó contra los trabajadores que huyeron a Nogales y a Santa Rosa. De regreso a Río Blanco los trabajadores amotinados fueron interceptados por más fuerzas federales que dispararon también contra mujeres y niños.  No existe un registro exacto, pero se estima que 800 obreros fueron asesinados. Durante dos noches algunos testigos vieron plataformas de ferrocarril con cadáveres amontonados que fueron arrojados al mar.

 

Las mujeres viudas e hijos huérfanos lastimosamente recorrían las calles buscando a sus muertos, mientras Porfirio Díaz y el General Rosalino Martínez eran agasajados por los dueños de las fábricas, honrando (según ellos) a Porfirio Díaz con el título de Héroe de Paz. 

 

El 9 de febrero sólo se presentaron a trabajar 5,512 de los 7,083 trabajadores de esa zona, la diferencia es de 1,571 trabajadores faltantes, de los cuales unos habían sido muertos, otros heridos o desplazados. Cerca de 223 trabajadores varones y 12 mujeres más fueron encarcelados.

 

Una vez sofocada la huelga por las balas asesinas fueron fusilados los dirigentes del movimiento.

 

A pesar de estos episodios trágicos, las movilizaciones por parte de los trabajadores continuaron presentándose; la defensa y la lucha por sus derechos laborales no dejó de darse por mucho tiempo en diferentes regiones del país.

 

Estos dos acontecimientos conmovieron al país entero e inspiraron los movimientos que culminaron con el inicio de la Revolución Mexicana en 1910.

Sin lugar a dudas los tiempos han cambiado, y con el transcurso de los años los trabajadores hemos logrado adquirir derechos, sin embargo, en la actualidad todavía existen patrones que violan las garantías individuales y los derechos colectivos de sus trabajadores, y es ahí, donde los sindicatos tenemos que asumir el compromiso y la responsabilidad adquirida con la clase trabajadora, y no es una tarea fácil, pues nuestros actuales gobernantes de formación tecnócrata tienen el poder de decretar leyes y designar a las autoridades laborales por medio de las cuales dictan fallos absolutamente ilegales, injustos y arbitrarios que atentan la razón, el derecho y la dignidad de los Sindicatos, de los dirigentes, de los trabajadores y nuestras familias.


El tiempo ha demostrado que la clase trabajadora fue traicionada por los actuales gobernantes, al mantener la misma actitud que sus antecesores y como ejemplo tenemos: la intención del gobierno federal con la nueva reforma procesal del trabajo vigente a partir del 1º de mayo de 1980, que representa un retroceso y una grave crisis en el derecho e impartición de justicia del trabajo. Gracias a los gobernantes neoliberales y corruptos, en México sigue habiendo poca gente rica y mucha gente pobre. Tenemos rezagos en agricultura, educación, productividad; no hay empleos y todo lo anterior genera pobreza, inseguridad e inestabilidad social.

 

Estamos a unos días de que en nuestro estado se renueven los tres poderes (el ejecutivo, el legislativo y el judicial), y los poblanos deseamos que la historia no se repita, por eso le pedimos a nuestros nuevos gobernantes realicen un trabajo honesto, eficiente y con un amplio sentido social, para poder superar las desigualdades en las relaciones humanas que todavía persisten.

 

 

Para conservar la gobernabilidad y la paz social en nuestro estado, las nuevas autoridades deben tener presente una de las frases célebres de Miguel de Cervantes Saavedra:

 

 

“La historia, es testigo de lo pasado, ejemplo del presente y advertencia de lo porvenir”.

 

 

Estoy plenamente convencido que: “El día en que los funcionarios de gobierno actúen realmente en beneficio de la clase trabajadora, merecerán la confianza del pueblo y propiciarán un cambio social sin necesidad de movimientos armados.”

 

 

 

 

 

 

 

 

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